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80 estudiantes de Contabilidad y Auditoría de convivencia para conocer a Cristo

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El pasado viernes 22 de junio se organizó con el curso de Contabilidad y Auditoría una convivencia en la que participaron 80 estudiantes de noveno y décimo ciclo. A través del departamento de misiones universitarias de la Universidad Técnica Particular de Loja, administrada por los misioneros identes, se pretende que esta actividad sea implementada en los otros veintiséis cursos que tiene la universidad, a fin de que conozcan más a Cristo y nuestro carisma.

La convivencia estuvo marcada con el signo de la gratitud y la alegría que se percibían en las charlas desarrolladas, en la convivencia, en los momentos de oración y reflexión.

Nuestra oración va unida a que por medio de estas actividades los participantes lleven impreso en su corazón que “alguien les habló de Cristo” y que todos estamos llamados a vivir la santidad en nuestra cotidianidad.

Luis Casasús, superior general de los misioneros visita todas las comunidades del Perú

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El superior general de los misioneros Identes, Luis Casasús Latorre, visitó Perú del 23 de abril al 15 de mayo del año 2018.

Apóstol infatigable, ha dedicado todo su tiempo a los Misoneros Identes que viven en suelo peruano y a cuantas personas se han acercado a él, animando a todos con su palabra y con su propia vida a vivir la santidad.

Del 23 al 30 de abril permaneció en Lima. El jueves 26 de abril, en el colegio nuestra Señora de la Luz, compartió momentos de diálogo cercano con los estudiantes, a quienes animó a vivir la santidad. Por la tarde, dio una conferencia sobre Educación en la Ponticia Universidad Católica del Perú, titulada “La Resolución de Conflictos en la Educación”.

Los días viernes 27 y sábado 28 de abril, se realizó un retiro Motus Christi en el que resaltó la alegría de la vocación y la oración apostólica. Luego en la celebración eucarística nos habló de la importancia de vivir la caridad, cuidando los detalles sencillos.

El domingo 29 de abril, nuestro venerable hermano impartió el Claustro por la festividad del Padre Celestial, animándonos a vivir como verdaderos hijos del Padre. Celebramos la Eucaristía, para luego continuar con un ateneo contando con la participación de la familia idente.

Del lunes 30 de abril al 02 de mayo, visitó Cuzco donde se reunió con un grupo de jóvenes y con la familia Idente, a quienes invitó a vivir con verdadera entrega la voluntad del Padre, siendo generosos con todos y en todo momento.

Del 2 al 7 de mayo visitó la comunidad de Abancay y la Ciudad del Niño Jesús, , que dirigen los Misioneros, compartiendo con los niños y los jóvenes gratos momentos de convivencia. Asimismo, impartió una conferencia a los estudiantes y al personal administrativo, de la Universidad Tecnológica de los Andes, dónde le  otorgaron el título de profesor honorario.

Del martes 8 al 14 de mayo, visitó la comunidad de Iquitos; compartiendo con misioneros y misioneras Identes las actividades cotidianas y actividades de la Parroquia Nuestra Señora del Amazonas. Impartió una charla a los jóvenes universitarios, se reunió con la familia idente, con los niños y jóvenes que asisten a la catequesis, animando a todos a vivir la santidad.

El día 15 de mayo, regresó a Nueva York, dejando en nosotros el signo de la alegría, el agradecimiento y el testimonio y ejemplo de su vida de apóstol.

 

 

Cree y Espera

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Por el P. Luis Casasús, Superior General de los Misioneros Identes
Comentario al Evangelio del 08-04- 2018 Segundo Domingo de Pascua (o de la Divina Misericordia) Nueva York. (Hechos de los Apóstoles 4:32-35; 1 Juan 5:1-6; San Juan 20:19-31)

Algunas personas no creen en lemas o slogans. Por supuesto, un lema tiene que ser útil como recordatorio personal y/o como un instrumento para transmitir un mensaje y relacionarse con las personas. Tal vez el gran matemático alemán Carl Friedrich Gauss no siempre utilizó correctamente su lema, Ut nihil amplius desiderandum relictum sit = Que no quede nada por hacer. Cuando le interrumpieron para resolver un problema y le dijeron que su esposa se estaba muriendo, él respondió: Díganle que espere hasta que yo haya terminado esto.

En otro contexto, algunas compañías y empresas son bien conocidas por sus lemas. Uno de los más exitosos: Just Do It! (¡Simplemente, hazlo!) (Nike). Y, por supuesto, las instituciones académicas y los países también tienen sus lemas oficiales.

En la vida espiritual y religiosa, un lema también es relevante. En la época de Jesús, no existía este concepto, pero Cristo mismo resumió muchas veces su propia misión, el objetivo de su venida al mundo en muy pocas palabras: Servir y no ser servido … Curar … Buscar y salvar a quienes están perdidos … Mostrarnos el amor del Padre…

Por alguna buena razón, nuestro Padre Fundador nos dio un lema de tres palabras, Cree y Espera, circundado por el anillo dorado de la Caridad. Eso es una clave para comprender el significado y el alcance de la Fe y la Esperanza. En el texto del Evangelio de este domingo, Jesús elogia a los que creen sin ver y, dicho sea de paso, el Papa Benedicto XVI dice en Spe Salvi que la Fe es la sustancia de la Esperanza. Tanto la Fe como la Esperanza pueden también verse como condiciones para que la caridad sea posible en nosotros, tras ser concedida como gracia de Dios.

Permítanme proponer una metáfora marina: la Fe es el timón y la Esperanza es la vela. Esto ilustra el hecho de que ambas son dinámicas e interactivas. Es difícil pensar en la Fe sin Esperanza y viceversa. Los dos dones son tan inseparables como la Cruz y el amor de Dios. Son más que rasgos de una personalidad, más bien esencialmente son regalos, frutos del Espíritu Santo (Gal 5: 22-23) que debemos aceptar y a los que hemos de responder.

¿En qué tenemos que creer? Todos conocemos la respuesta: no es creer en algo, sino en alguien, en la persona de Jesucristo. Pero estas no pueden ser solo palabras vacías, cuidadosamente elaboradas. Si dices que crees en Jesucristo, ¿no deberían tus acciones ser consecuencia de ello? ¿Cómo puedo decir que lo sigo si nunca hago un esfuerzo para imitarlo explícitamente en mis decisiones y comportamiento? San Pablo habla hoy sobre este punto con su estilo directo: La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.

En nuestro Examen Ascético y Místico, lo primero que declaramos es nuestra respuesta al don de la Fe (Recogimiento) y al don de la Esperanza (Quietud). Esto es así porque la fe y la esperanza son condiciones para que la caridad sea posible. Si explotamos nuestra metáfora marina anterior, debemos recordar que el amor del Espíritu Santo se concibe y representa como el viento en nuestras velas. ¿Tengo mi vela desplegada?

El primer (y permanente) indicador de mi recepción y respuesta, generalmente incompleta, al don de la fe es la naturaleza inútil, negativa u obsesiva de mis pensamientos. Tenemos que ser cuidadosos; incluso Gandhi, con su gran visión espiritual, dijo que un hombre no es más que el producto de sus pensamientos. Acaba transformándose en lo que piensa.

Por otro lado, desde la perspectiva positiva, la fe implica creer en lo que tenemos en las manos, creer que continuamente estamos recibiendo una misión. Esto explica por qué el Papa Francisco describió a la Iglesia como un hospital de campaña, en el que se atiende a los enfermos y heridos en el campo de batalla. Así, el Papa nos está empujando a orar y a servir, a mirar de frente la realidad del sufrimiento a nuestro alrededor. Poco a poco, se nos da el corazón y la mente de Cristo, para ser capaces de diagnosticar las preocupaciones y esperanzas que guarda el corazón de cada persona. Entonces, parece natural hacerse las cuatro preguntas siguientes:

¿Creo en esta misión?

¿Creo que esa curación es indispensable y urgente para todos y cada uno de mis semejantes?

¿Quiero sanar a mi enemigo herido?

¿Realmente estoy saltando al campo de batalla para buscar a las personas allá donde estén, conocer su dolor, su lucha, su sufrimiento y caminar con ellos?

Si de verdad queremos ayudar a sanar las heridas de los demás, debemos aceptar el hecho de que también nosotros estamos profundamente heridos. Este es uno de los frutos del Sacramento de la Reconciliación y de nuestra dirección espiritual en común. Y esta es la razón por la cual el comentario del Papa Francisco acerca de la Sagrada Eucaristía resulta muy cierto: la Sagrada Comunión no es un premio para los perfectos.

Hay una tendencia humana natural a sentirse indigno en presencia del Señor. Cuando San Pedro se encuentra con Jesús y se da cuenta de quién es, se arrodilla frente a Él y le dice: Apártate de mí, Señor, porque soy un hombre pecador. Pero en lugar de dejarlo, Jesús le invita a ser un apóstol.

Quizás, lo primero que tenemos que hacer es ver al hijo pródigo, a la oveja perdida, a las personas difíciles y a nuestros enemigos como seres heridos y enfermos. Principalmente, porque ni ellos ni nosotros estamos en nuestra casa. Esto me recuerda los hospitales que se construyeron para los peregrinos del Camino de Santiago (también en Tierra Santa y Roma). Eran necesarios no sólo porque el camino era duro y peligroso, sino porque muchas personas que hacían la peregrinación estaban ya enfermas cuando comenzaron. La enfermedad era parte de la vida, surgía de condiciones insalubres y una dieta deficiente. Pero la enfermedad interna y externa es, hoy y siempre, parte inevitable de nuestras vidas.

Como Pablo anima a los Corintios: Por tanto, mis amados hermanos, estén firmes, perseverantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.

En primer lugar, porque el Espíritu Santo hará su parte (lo que siempre se puede llamar un milagro). Si con fe nos rendimos a su poder, el Espíritu dará testimonio, como nos dice San Pablo hoy.

Todos recordamos la historia de la pobre viuda que entregó dos pequeñas monedas, todo lo que tenía. Posiblemente, el detalle más significativo es que la pobre viuda no fue consciente de nada, ni del hecho de que su gesto fuese alabado. Jesús no le dice nada. la gratuidad de su gesto se hace aún más evidente. Jesús señala a sus discípulos a esta mujer, que no sabe acerca de su grandeza. Les anima a vivir la abnegación de quienes no actúan para ser alabados por los hombres. Esta imagen quedó impresa en sus corazones y entraron más a fondo en el modo de ver de Jesús: Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre (Mt 13:43). En el cielo, puede haber ciertas sorpresas. Los lugares de honor más elevados pueden ser ocupados por almas sencillas, cuyo trabajo en este mundo apenas se ha notado.

En segundo lugar, porque todo pequeño esfuerzo, como rechazar un pensamiento negativo o una mirada lujuriosa, siempre tiene una respuesta divina: un nuevo y alentador signo de confianza, una nueva misión que llega poco después. Este fue el caso de los primeros discípulos, en tal medida que pudieron hacer lo que su Maestro no pudo hacer. Por ejemplo, Tomás viajó al Este para difundir el evangelio en Partia, Persia e India. Santiago predicó el evangelio en Iberia (la España de hoy) y ambos sufrieron martirio.

En otras palabras, la experiencia divina y humana es que quien hace bien y todo lo posible en lo poco que se le confía al principio, también hará bien y continuará esforzándose al límite, cuando se le dé mucho más (Lc 16:10).

Y en sentido contrario, también resulta cierto. El que es injusto en asuntos pequeños también será injusto en asuntos mayores. Por lo tanto, no se le puede entregar a esa persona más cosas, y Dios no va a confiar a ese tipo de personas ninguna otra misión.

Juan nos dice la razón por la cual escribió su evangelio: Para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que, al creer, tengan vida en su nombre. Juan escribió su evangelio a personas como tú y como yo, que nunca vieron a Jesús mismo. Los que recibieron el evangelio de Juan nunca tuvieron la oportunidad de ver sus milagros. Nunca llegaron a escuchar lo que Jesús dijo. Pero Juan escribió todo para que las personas supieran quién era Jesús, para que creyeran en Él y para que tuvieran vida en Él.

Hay dos tipos de escépticos: los que tienen preguntas honestas y quieren creer y aquellos que sólo quieren discutir. Tomás tenía una tendencia a dudar, pero quería creer. Esta es la verdadera apertura. Otras personas se esconden detrás de sus dudas. Toman la decisión de no creer y de imponerse constantemente a los demás, pero sienten la necesidad de seguir haciendo preguntas para que parezcan tener una mente abierta.

Santo Tomás de Aquino afirmó que para alguien que tiene fe, no es necesaria ninguna explicación, y para aquél que no tiene fe, no hay explicación posible.

La verdadera fe es más que una simple expectativa. Pero la expectativa y la fe comparten propiedades semejantes. Por ejemplo, ambas son contagiosas, realmente se transmiten:

Hay una historia, a menudo atribuida a Robert Louis Stevenson, de un barco atrapado en una terrible tormenta frente a una costa rocosa. Los vientos huracanados, la lluvia torrencial y las olas agitadas amenazaban con llevar al barco y sus pasajeros a la destrucción. En medio del terror, un viajero atrevido subió por la resbaladiza escalera de la bodega del barco a la cubierta, temeroso de lo que iba a ver. El barco era sacudido bruscamente; los crujidos perforaban el continuo rugido del mar embravecido. La luz de la luna bajo la fuerte lluvia no permitía ver mucho, pero el viajero se aferró rápidamente y miró a través de la cubierta hacia el timón de la nave. Allí vio al piloto en su puesto agarrando con fuerza el timón, y poco a poco conducir el barco por el mar. El piloto vio al aterrorizado pasajero y le sonrió. Impresionado, el pasajero regresó a la bodega y dio la noticia: He visto el rostro del piloto, y él me sonrió. Todo está bien.

Este día también se llama Domingo de la Divina Misericordia. Celebramos el poder de la misericordia divina y humana. Los seres humanos no se convierten simplemente por la predicación y las doctrinas, sino por la experiencia concreta de la misericordia y la compasión de Dios.

Esta Misericordia se mostró de forma espectacular cuando los discípulos estaban juntos, con las puertas cerradas, y sucedió algo extraordinario. El que abandonaron en la noche de su arresto, ahora estaba con ellos. ¿Imaginas la reprimenda que podrían haber recibido? En cambio, Jesús les dice: ¡Que la paz esté con ustedes!

Más tarde, Jesús no condenó a Tomás; por el contrario, habla de la creencia de Tomás y alaba a los que pueden creer sin ver. Como un maestro espiritual sabio y misericordioso, dio a Tomás lo que necesitaba en ese momento de su vida, aprovechando la oportunidad para enseñarnos a todos una verdad importante a través de las palabras de Tomás: Señor mío y Dios mío, … no sólo mi amado amigo y maestro Jesús. Usamos estas palabras en silencio en la consagración del pan y el vino, cuando creemos que se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo. No podemos ver a Jesús, pero creemos que Él está realmente allí.

Un último pensamiento. Cuando Jesús se apareció al grupo, Santo Tomás no estaba allí. Por lo tanto, no pudo disfrutar la presencia de Cristo. ¿Qué estaba haciendo Tomás cuando Jesús se apareció a la comunidad de discípulos? Nunca lo sabremos. Pero sabemos que lo que hizo fue alejarse del grupo. Se separó de la comunidad. Concluimos que, cuando estamos tristes o desencantados de nuestro prójimo, tal vez después de un escándalo o un malentendido, no debemos separarnos de la comunidad. La presencia de Cristo siempre es diferente dentro de nuestra comunidad cristiana. Y la primera lectura de hoy es un ejemplo brillante de ello.

Muchos sienten que Dios los ha abandonado en sus dificultades, sufrimientos, fracasos en el estudio o en el trabajo, enfermedades, conflictos familiares o en los desafíos de cuidar a los ancianos, padres con demencia y personas con severas limitaciones. Entonces, se preguntan, ¿dónde está la misericordia de Cristo? La causa principal del ateísmo en el mundo es la experiencia del sufrimiento y la falta de encuentro con la misericordia de Dios.

Pero la alegría de la Pascua no significa que no tengamos problemas, sufrimientos o desafíos en la vida diaria. Más bien, proviene del sentimiento de que Dios está con nosotros en nuestras dificultades: Estaré con ustedes hasta el final de los tiempos. Nuestra experiencia continua y variada de la acción del Espíritu Santo confirma que Jesús cumple su promesa.

Pero, además, Él nos ha hecho emisarios de Su perdón y paz: Como el Padre me envió, así les envío a ustedes.

Sin embargo, la mayor prueba de su misericordia es la Resurrección de Cristo, por la cual sabemos que su sufrimiento y el nuestro no terminarán en tragedia o en la falta de sentido.

Misa de la Vigilia Pascual de 2018 en Sarapi (Tailandia)

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Como cada vez que nos reunimos para celebrar la Santa Misa, recibimos gracia sobre gracia. El celebrante principal fue nuestro hermano Thinnakorn.

Esta vez con ocasión de la Vigilia Pascual, hubo dos bautizos de menores: Rafael  y Magdalena.

Aunque la asistencia no fue muy numerosa, la ceremonia  se desarrolló en un ambiente de recogimiento y cantos participativos.

Sigue creciendo la Familia Idente de Chiang Mai (Tailandia)

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Aplicar el Evangelio a la vida, orar y convivir son las claves de las reuniones mensuales de la familia idente de Chiang Mai, ciudad a 700 km. al norte de Bangkok, en la que las misioneras y misioneros identes tienen una misión.

El pasado domingo, 28 de enero, comenzó con la preparación conjunta de la comida, con los aportes que cada familia generosamente trajo para compartir. Tras ello inició la charla de formación, impartida por el sacerdote y misioneros idente Thinnakorn Latoo, que versó sobre el amor de Dios como la fuerza que permite a la familia vivir la unidad y la fidelidad hasta el final. El tema fue tan bonito que tras la exposición todos los asistentes prorrumpieron en un gran aplauso a nuestro hermano.

Mientras tanto, los profesores de la Juventud Idente desarrollaban actividades para los niños y adolescentes de dichas familias, en la explanada que está delante de la residencia.

Finalizada la formación comenzó la cena familiar, que fue amenizada con la proyección de fotos de las celebraciones de Navidad y Reyes y, cómo no, con el esperado karaoke que tanto gusta a los tailandeses. Allí siempre surgen cantantes espontáneos y se desvelan muchos talentos escondidos para regocijo de todos, creando un ambiente muy acogedor y entrañable.

 

Sonrisas que no tienen precio

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El 29 de octubre quince adolescentes provenientes del área marginal donde realizamos nuestro apostolado semanalmente, participaron en su excursión anual. En esta ocasión visitaron el Museo San Beda en Alabang, al norte de Manila.
Uno de nuestros antiguos voluntarios presentó las obras artísticas del museo, por ejemplo, unas máscaras moldeadas directamente desde el rostro de la persona. Esas máscaras pertenecen a personas que son muy conocidas en el país, tal es el caso de uno de los Presidentes de Filipinas, Ninoy Aquino (el primero de izquierda a derecha). Lo que hace interesante a estas máscaras es que fueron moldeadas directamente cuando estaban en el ataúd. Otras obras artísticas, pinturas realísticas fueron presentadas a las jóvenes.


Después de la comida las adolescentes asistieron a un concierto en el Centro Cultural de Filipinas cuyo tema fue “Campamento Natural”. Este evento también contó con la presencia de la Orquesta Filarmónica Filipina. Los organizadores del evento enfatizaron la importancia de valorar la naturaleza y vivir cada momento como único, lejos de la tecnología y los placeres del mundo. Era la primera vez que nuestras niñas visitaban a un museo y asistían a un concierto. Realmente lo disfrutaron. Sus sonrisas no tienen precio.

No estamos caminando solos

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“No estamos caminando solos”, con esta certeza en nuestro corazón regresamos los jóvenes voluntarios identes de una excursión que realizamos el pasado 29 de octubre a Regina Rosarii, un santuario Mariano ubicado en la ciudad de Rizal, muy característico porque tiene una gigantesca estatua de Nuestra Señora del Rosario y en cuyo interior hay una Iglesia y una Capilla de Adoración a la Eucaristía.

Todos disfrutamos grandemente de la paz de la naturaleza pero más que una excursión fue una peregrinación sobre todo porque tuvimos la oportunidad -como dice nuestro amado padre Fundador- de “hacer turismo en nuestra alma” y reconocer cuánto nos ama nuestro Padre Celeste a través de nuestra Madre María. Muy significativo es el hecho de que aquí en Filipinas le llamamos “Mama Mary”. Descubrimos que la presencia de María en nuestra vida es esencial. Es Ella quien camina con nosotros para conducirnos a Cristo. Es Ella quien nos acompaña en nuestro anhelo de santidad.

Al final de esta excursión una de las voluntarias comentó: “durante esta peregrinación comprendí que nuestra Madre nos cubre a todos con su maternidad divina todo el tiempo. Sentí la ternura de su amor y su esperanza en nosotros a pesar de haber ofendido varias veces a Cristo y a nuestro Padre Celestial. Fue muy especial porque entendí que Ella cuida de mis heridas que un día con la gracia de Dios desaparecerán”.

 

 

No sé quiénes son ustedes

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Por el P. Luis Casasús, Superior General de los Misioneros Identes
Comentario al Evangelio del 12-11-2017, XXXII Domingo del Tiempo Ordinario (Sabiduría 6:12-16; 1 Tesalonicenses 4:13-18; Mateo 25:1-13.)

Un jardinero cuidaba un inmenso y precioso jardín de flores. Un día, un visitante curioso le preguntó cuándo había visto al dueño por última vez. El jardinero dijo: He trabajado aquí por muchos años, pero nunca lo he visto; simplemente me envía la paga puntualmente. El hombre, sorprendido dijo: ¡Qué bien cuidado está el jardín! Es como si usted esperara que el dueño llegase mañana. El jardinero contestó: Hoy mismo, señor; hoy mismo.

Este es el tiempo propicio, este es el día de la salvación. (2 Cor 6:2).

La parábola de las Diez Vírgenes insiste en la vigilancia: el Reino de los cielos puede llegar en cualquier momento. Por eso, estén alertas, pues no saben ni el día ni la hora. Cristo nos previene a menudo respecto a nuestro sentido de conversión y de nuestra percepción de la oportunidad del momento. Esto se debe a nuestra tendencia a postergar lo importante: aplazamos o demoramos lo que deberíamos llevar a cabo ahora mismo.

Lo cierto es que Cristo está llegando a nosotros aquí y ahora. En cada momento de nuestra vida y de muchas formas diferentes. De hecho, Dios nos habla a través de la naturaleza, de las personas que encontramos, de los sucesos del mundo y de los que ocurren en nuestra vida personal. Creo que este es un momento adecuado para recordar que el Espíritu Santo nos susurra día y noche en nuestro interior: Estás siendo amado en todo instante y para siempre y ninguna contrariedad o tragedia en tu vida, por dura que sea, podrá acabar con ese amor.
Fue San Agustín quien dijo: Dios ha prometido el perdón a quien se arrepiente, pero no ha prometido un futuro a tus dilaciones y retrasos. Como las vírgenes de la parábola, no podemos esperar. Ahora es el momento, la ocasión para hacer lo que Dios nos pide hacer, que invariablemente es algún acto de servicio y amor a los demás.
Se cuenta de San Francisco de Asís que estaba cavando el huerto, cuando alguien le preguntó qué haría si de pronto supiera que iba a morir antes del atardecer de ese mismo día. Él respondió simplemente: Seguir cavando el huerto.

Ya sea que pensemos en prepararnos para su venida inmediata o para su llegada final, hemos de estar vigilantes, como nos dice San Mateo. Nuestro fin vendrá pronto. Dependiendo de nuestra edad, puede llegar en diez, veinte, treinta o más años. Puede llagar mañana. O puede llegar a una hora o menos, mientras estás leyendo estas líneas. Puede que no deseemos pensar en ello, pero hemos de recordar que la muerte es inevitable y hemos de hacer todo lo posible para estar preparados. La razón no es el miedo al castigo, sino el perder la oportunidad de hacer algo hermoso por el Reino de los cielos.

¿Qué hago para preparar el fin de mis días? Hemos de reflejar el Espíritu Evangélico en nuestras vidas. Esto es, todo empieza en nuestra mirada a Cristo. Y si vivimos así, podremos seguir el consejo de San Juan Pablo II, quien repetía muchas veces: ¡No tengan miedo!

A menos que vivamos conscientes de Su presencia, no aprovecharemos los momentos en que llega la gracia. Pero, con los ojos de la fe, podemos ver la presencia de Dios incluso en nuestros errores y pecados y tribulaciones; como nos dice San Pablo, la presencia de Dios se revela en Cristo crucificado. La tragedia está en que frecuentemente perdemos esas manifestaciones suyas porque estamos dormidos, como las vírgenes de la parábola. No logramos ver la presencia de su amor, su afecto y su bondad; las bendiciones de la (poca o mucha) salud, de la vocación, del trabajo, que cada día experimentamos en nuestras vidas con su purificación y su llamada.

Estar listo significa que he de prepararme ahora para el futuro…¡para el próximo minuto! El aceite simboliza la infinita misericordia de Dios, pero las lámparas también simbolizan a los santos, cuya luz brilla gracias a la palabra de Dios: Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos (Mt. 5:16).

Así, en el Evangelio de hoy, el aceite representa la persistencia en la relación personal e íntima con las personas divinas. Los sacrificios y esfuerzos por comprar y llevar el aceite de reserva eran triviales comparados en el gozo de la fiesta que les esperaba.
Muchos de nosotros no estamos dispuestos a una relación de largo recorrido. Esto es así en el matrimonio y en la vida religiosa ¡Dejamos de amar tan fácilmente! Hoy día, las personas cambiamos nuestros sentimientos muy fácilmente. La queja en muchas parejas es siempre: Él (o ella) no es la misma persona. Ha cambiado. Ya no hay amor, sólo queda la obligación de vivir juntos. Aunque casados, vivimos en realidad vidas separadas. Hacemos cada uno nuestras cosas y cada uno tenemos nuestros amigos y actividades, incluso nuestra fe estrictamente privada.
No les conozco. Eso realmente parece algo muy duro para decirlo a unas vírgenes. Habían sido invitadas por Él y le estaban esperando ¿Cómo puede Cristo decirles esto? ¿Qué quería decir?
Por favor, notemos que Cristo NO dice: No te amo o No me interesas, o Nunca traté de atraerte a mí. Lo que dice a quienes se quedaron afuera es: No les conozco. Es un asunto de intimidad. En algún momento, Cristo reconoce si hay o no hay una verdadera relación con Él. No es un juicio, sino constatación de un hecho.
“Conocer”, en términos bíblicos, significa conocer por medio de la vivencia personal. Por eso supone una intimidad, una experiencia personal con una persona, objeto o acontecimiento. Algunas veces la Biblia utiliza”conocer” como eufemismo o sinónimo de relación sexual (Gen 4:17,25).
Dios, que no nos obliga a tener una relación íntima con Él, nos advierte que algunas personas que pretenden entrar en el cielo (más por su comodidad que por vivir una unión íntima con Dios) han rechazado su invitación a un trato íntimo. No los conoce, porque nunca quisieron ser conocidos por Él de forma íntima. Puede que sepan cosas sobre Él, que hayan hablado y enseñado algo de Él, pero no quisieron cooperar en TODAS las tareas del Reino: comprar aceite, dejarse purificar, ser paciente con el prójimo,…Quizá lo han utilizado para sus fines personales, pero no lo desearon en persona. Cristo sigue llamando a la puerta. No va a entrar a empujones ni va a imponerse a nadie.

Así que hemos de aceptar personal e íntimamente la solicitud del Espíritu Santo de entrar en nuestra vida y transformar nuestro corazón. No basta con decir: He sido misionero durante 50 años, o Y¡ya lo he dejado todo. Sin paciencia, dedicación y perseverancia, cualquier relación, por bien que haya comenzado, se deteriora y lo que era cercanía se transforma en frío e indiferencia.

¿Podrían darnos un poco de su aceite? Las vírgenes prudentes dijeron a las necias que no podían, pues no habría suficiente para todas. Este aceite no puede ser compartido. Nos toca a cada uno el tener un tiempo para meditar la palabra de Dios, el aprovechar los efectos de la Eucaristía y el progresar en la oración por medio del Examen de Perfección, de manera que nos hagamos más y más conscientes de Su presencia en nuestra vida a lo largo del día y, como consecuencia, poder hacer lo que espera de nosotros.

Hay ciertas cosas que no podemos pedir prestadas ni prestar a otros. No puedes prestar a otros tu disposición a seguir a Cristo. Ni tampoco puedes pedir prestada la intimidad de otros con Dios. La conclusión es que tienes que conocer a Cristo por ti mismo. No puedes servirte de la intimidad o de la disposición de tu madre. Has de tener la tuya propia. Nadie puede seguir a Cristo por ti. No puedes pedir prestada la santidad de otro.

No es suficiente citar el Evangelio, ni repetir lo que dijo algún santo. He de conocer a Cristo personalmente ¿Lo conozco en verdad? No se trata de saber algo sobre Él. Es más que un conocer intelectual, es el aceptar sus actos de confianza ¿He experimentado su cuidado en los sacramentos? ¿He escuchado su voz resonando en el sufrimiento y en la aspiración de las personas a mi alrededor? ¿Le conozco de esta forma?

En este sentido, el crecimiento espiritual es esencialmente personal, aunque estemos siempre ayudados por la comunidad. Nadie puede ocupar nuestro lugar ni cumplir la misión que Dios nos confía.

Aunque las vírgenes necias habían aceptado la invitación del esposo, el hecho de no traer aceite suficiente les impidió asistir al banquete. Una lamentable falta de sensibilidad.
Podemos enfrentarnos a muchas situaciones difíciles si hemos suplicado preventivamente. Cristo nos enseña la oración preventiva para que no caigamos en la tentación. Esa es la oración anticipada. Dios mío, ante cualquier situación que tenga que atravesar, permite que lo haga con tu gracia y sabiduría. Prepara mi corazón. Que pueda como un verdadero discípulo tuyo.
Por ejemplo, no hay ninguna misión en la que no se de algún tipo de problema en la relación entre los trabajadores. Cuando se pierden la unidad y el espíritu de familia, no hay bendiciones en ese esfuerzo. Hemos de orar siempre para que nosotros, como misioneros, glorifiquemos a Dios con una sola mente y una sola voz.

Cuando somos tentados (cf. 1Cor 10:13) Dios siempre nos da una forma de defendernos. Sin embargo, esa situación es siempre un riesgo difícil y peligroso. La oración preventiva en que suplicamos ayuda para que Dios no nos deje caer en la tentación, es mucho más aconsejable. Más allá de la oración “en el momento difícil”, los discípulos de Cristo deberíamos vivir en oración preventiva, como hizo Jesús. Cuando el Maestro dijo: Esta clase de demonios sólo puede vencerse con la oración y el ayuno (Mt 17: 21) no estaba simplemente invitando a ayunar y orar en ese momento. Lo que sí sabemos es que Cristo practicó una vida de oración y ayuno. Esta oración no tiene como fin simplemente resguardarnos y protegernos, sino también estar listos para la misión concreta que se nos confía en este mismo instante.

Los bomberos están entrenados y equipados para apagar fuegos. Saben que los habrá, pero no saben cuándo. Por eso están en continuo estado de alerta, incluso cuando duermen. Sus trajes están listos para que rápidamente puedan ponérselos y llegar al fuego.

Cualquiera que sea la naturaleza de nuestro trabajo, hemos de planificarlo en la oración, ofreciéndolo previamente. En un día ordinario, nos enfrentamos a decisiones y tareas que son demasiado exigentes para nosotros, personas y problemas que son demasiado difíciles para nuestras fuerzas. Para cada una de estas situaciones, necesitamos esa oración preventiva que nos da luz sobe quiénes somos y a dónde vamos. Planificar cada día con esta disciplina de oración nos mantiene en el buen camino y nos sujeta en los inevitables altibajos del trabajo cotidiano. Hay persecuciones de fuera y de dentro. Nuestra fe se pone a prueba y en esos momentos parece que perdemos la fe y que la vida no merece la pena. Pero hemos llenado antes nuestra lámpara con la oración preventiva.

Nuestro padre Fundador vincula esta parábola de las vírgenes con la necesidad que tenemos de entregar por completo nuestra vida a Dios, con todo nuestro corazón, toda nuestra alma y toda nuestra mente (cf. Mt 22:37), en particular referido a nuestro Voto de Cátedra:

El esfuerzo que debemos librar es para dar una interpretación, cuando menos, aproximada o lo más exacta posible del modelo dado por Cristo. Se requieren dos cosas para ello:

a) Primero, un estado místico auténtico, en desarrollo, sin vicios; una vida espiritual de verdad, que está ya dada por Cristo con una formidable y tremenda exigencia. Y si no se posee esta exigencia, es imposible seguirle y darle a conocer. Supone una ética, diríamos, rigurosísima en la que no se puede consentir un pensamiento indigno o no digno, y menos una acción o comportamiento no recto.

b) Segundo, un humanismo rigurosísimo, también en el ámbito moral, para poder entrar en aquel estado de vigor intelectual que, no perdiendo nunca la referencia del modelo, pueda penetrar en éste, interpretándolo, desarrollándolo, ordenándolo, sistematizándolo, para obtener el éxito correspondiente.

La valía intelectual tiene que llevar consigo una correspondencia moral, y la valía moral tiene que dar como resultado una rectitud intelectual. Es la lección que Cristo nos quiere dar de las vírgenes prudentes o inteligentes y de las vírgenes necias o ignorantes. No sólo es el rigor de ser virgen, sino también el rigor de ser inteligente. Para que alguien, virgen, tenga para Cristo una valía, tiene que ser inteligente; es decir, Cristo está hablando, sobre todo, de una primera fidelidad intelectual, una lealtad racional, por la que se tiene que admitir un rigor ético para poder ser discípulos suyos y ser considerados por los demás como verdaderos y auténticos discípulos (Humanismo de Cristo).

Esta es la forma diligente y atenta como Dios nos ama y la atención que su Providencia nos exige: La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean. El que madruga para buscarla no se fatigará (Primera lectura).

Por eso hablamos de la necesidad de una formación permanente en nuestra vida espiritual. No hay límites para el crecimiento en la vida spiritual e intelectual. Descuidar nuestra vida espiritual, nuestra reflexión permanente o nuestra vida afectiva respecto a nuestra relación con el prójimo, supone ponernos en peligro. Por el contrario, hemos de ser prudentes y almacenar aceite suficiente para superar los momentos difíciles. Y este aceite de Cristo se encuentra en nuestra formación espiritual e intelectual. Hemos de formarnos de tal manera que no confundamos a los que nos buscan para ser aconsejados y guiados.

Así, en cualquier ocasión y oportunidad que tengamos, hemos de aprovechar para conservar ese aceite divino en nosotros, de manera que cuando llegue el momento podamos responder de modo conveniente. Caso contrario, seremos arrastrados por las dificultades y las tentaciones y, todavía peor, perderemos la oportunidad de trabajar para que el reino de paz, justicia y amor sea una realidad para todos. Una de las peores frases que podemos pronunciar es: Lo lamento. Decir eso puede ser equivalente a “Demasiado tarde”.

Ser Madres Santas: una iniciativa para madres en Filipinas

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“Sé una madre santa” Con este ideal de ser santos, las Misioneras Identes de Filipinas empezaron este mes de octubre una serie de encuentros para madres con el títolo de “Sé una madre santa”. Las participantes fueron las madres de los niños que asisten a nuestro programa de voluntariado en un barrio marginal de Manila. El objetivo de estas reuniones es ayudarles a vivir una relación íntima con nuestro Padre Celeste para que crezcan en una fe expresada en la vida cotidiana, a través del Evangelio, la Eucaristía y la Oración. Esta actividad es posible gracias al trabajo en equipo de miembros de la Familia Idente, voluntarias y misioneras.

 

 

 

Ateneo en la parroquia de Santa María, Bronx, Nueva York

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Este pasado 15 de octubre se celebró el segundo ateneo anual en nuestra parroquia de Santa María en el Bronx, Nueva York, en conmemoración de nuestro aniversario parroquial.  Los feligreses contribuyeron con canto, danza, poesía, y dibujo.   Se respiró un ambiente de paz y alegría que fomentó los vínculos comunitarios.  El acto terminó con la lectura de una poesía de nuestro amado Padre Fundador de su libro Llanto azul y fue seguido de un pequeño refrigerio.