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Luján González Portela

¿Qué es lo que pertenece a Dios?

By | Evangelio | 2 Comments

Por el P. Luis Casasús, Superior General de los Misioneros Identes
Comentario al Evangelio del 22-10-2017, XXIX Domingo del Tiempo Ordinario (Isaías 45:1.4-6; 1Tesalonicenses 1:1-5b; Mateo 22:15-21)

Cuando Cristo habla de dar algo a Dios y de dar algo al César no se refiere a una supuesta “separación de la Iglesia y el Estado”. Pretendía ir más allá de la simple política humana. Cristo está haciendo una distinción (no una oposición) sobre lo que pertenece a la creencia religiosa y lo que es simplemente propio de la moral o la cultura secular.

Este es el reto universal, en toda época. Es también nuestro reto personal. Seguramente, muchas veces centramos nuestros esfuerzos en cumplir obligaciones, como hacer un trabajo duro y honesto, no discriminar a nadie, ser leales, tratar bien a las personas, etc. Pero no es necesario seguir a Cristo para cumplir ciertas exigencias morales mínimas. Si tienes ciertas obligaciones seculares y son justas las debes cumplir como todo ciudadano honrado, pero “tu corazón, tu alma y tu mente” no pertenecen al estado, ni a tu trabajo, ni a tu actividad favorita. Perteneces a Cristo y Cristo pertenece a Dios (1Corintios 3: 23).

San Ignacio de Loyola se hizo consciente de esta realidad tras ser herido en la Batalla de Pamplona, en 1521. Mientras se recuperaba, fue inspirado para dejar la vida militar y dedicarse a trabajar por Dios. En sus Ejercicios Espirituales incluyó la frase siguiente, que los jesuitas utilizan en su fórmula de profesión de votos: Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me lo distes, a Vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta (Ejercicios Espirituales, #234).

Nuestro padre Fundador lo expresa con el concepto de Espíritu Evangélico: de hecho, todos nuestros momentos, todos nuestros pensamientos y deseos, todas nuestras acciones deberían pertenecer a Dios. Cuando tengo intenciones y motivaciones diferentes (moralmente buenas o no) no lograré dar a Dios lo que pertenece a Él. Éste es también el mensaje de la primera lectura: Yo soy el Señor. No hay otro.

Sabiendo que estamos ocupados en las obligaciones (incluidas las religiosas y apostólicas) de este mundo, Cristo nos pide entregar a Dios lo que pertenece a Dios. Todos los asuntos de este mundo son pasajeros. Por mucho que nos preocupemos por la economía, las guerras y todos los problemas de nuestro mundo, a fin de cuentas todas esas cosas no tienen peso. Sí, es muy importante ser activo en nuestro mundo y ser responsable de lo que se nos ha confiado. Sin embargo, todo lo que hay en el mundo viene de Dios y a Él le hemos de devolver todo lo que nos ha dado, especialmente la misión de cuidar de nuestro prójimo. De lo contrario, tendremos que decir con la poeta:

Por todo el bien que no hice…
Perdóname, Perdóname (Katharine Towers).

Incluso el César pertenece a Dios, porque él (igual que Ciro) es llamado por Dios a revelar sus planes de salvación, de manera insospechada para el propio César. Ellos son y nosotros somos instrumentos de Dios. Incluso cuando nos rebelamos frontalmente a Él, es capaz de actuar creativamente para incluir nuestra rebelión en sus planes y luego darnos la posibilidad de hacer un bien.

Pero esto es muy positivo y alentador; nos podemos sentir humildes y agradecidos por las bendiciones que Dios nos ha dado para que las utilicemos en sus planes divinos. San Pablo deja muy claro que este Dios que es Padre debe manifestarse en la forma que vivimos toda nuestra vida. Recordaba a los tesalonicenses que deberían demostrar su fe en acción, actuando por amor y con esperanza en Nuestro Señor Jesucristo.

El reino de los cielos abarca todas las dimensiones de la vida. Este reino sólo puede realizarse en mí cuando toda mi vida se ajusta a las reglas divinas, a las reglas de los valores del Evangelio. Esto no es una posibilidad entre otras. Esto es la ley: sólo una vida de completa dedicación, de total desprendimiento, puede proclamar que Dios vive en nosotros y nosotros en Él. De modo que, cuando NO vivimos una doble vida, una de fe y otra mundana, Dios nos entrega almas y la inspiración necesaria para llevarlas a Él.

Uno de los ejemplos más claros y también más sutiles es el riesgo que tenemos de limitarnos a una moral secular en cuanto al uso del tiempo

Ser un buen administrador del tiempo que Dios nos da no es simplemente una cuestión de aprovechar cada minuto para ser más productivos. El objetivo en esta administración no es que un cristiano esté más ocupado. No buscamos vivir una vida con más actividades. Lo que pretendemos es usar bien el tiempo que tenemos, según una visión espiritual y apostólica del mismo.

Sí; somos hijos de Dios y ciudadanos del cielo en el exilio, peregrinos. Quienes pertenecen al mundo, por otro lado, viven en la tierra como criaturas de este mundo, buscando sentido y significado en la vida sólo en las cosas del mundo. Para un discípulo de Cristo, San Pablo nos recuerda que vivimos en un tiempo de oscuridad, en una edad perversa, cuya forma pasará. Todo en este mundo está dirigido a hacernos pensar que este mundo es nuestro fin último. Pero estamos aquí para ser embajadores de Cristo en una misión universal, donde tenemos que hacer discípulos de Jesús en todas las naciones: Por tanto, ya coman o beban, o cualquier cosa que hagan, háganlo para la gloria de Dios (Corintios 10: 31).

Sin embargo, si lo pensamos cuidadosamente, sin Dios no hay base alguna para la moral, pues todo sería relativo. Sin Dios no puede haber una entrega total a nada, pues no habría nada a lo que rendirse.

Si la fe no ilumina el significado de toda nuestra vida, podemos estar seguros de que estamos adorando una imagen falsa de Dios. Hay quien forja una fe de “hágalo usted mismo”, que reduce a Dios al limitado espacio de sus deseos personales y de sus propias convicciones. Otros reducen a Dios a un falso ídolo; usando su santo nombre para justificar sus propios intereses o incluso para incitar odio y violencia (Papa Francisco).

C.S. Lewis escribió:

Hay tres imágenes en mi mente que debo abandonar constantemente y cambiarlas por otras mejores: una imagen falsa de Dios, la falsa imagen de mi prójimo y la falsa imagen de mí mismo.

En algunas ocasiones, pueden surgir conflictos entre las leyes humanas y los mandatos de Dios. Entonces, puede ser útil recordar la historia de Santo Tomás Moro, el mártir inglés:

El rey Enrique VIII de Inglaterra estaba válidamente casado. Apeló a Roma para anular su matrimonio. Pero no había una base objetiva para hacerlo; Roma se negó a ello. Entonces, se declaró a sí mismo Jefe de la Iglesia en Inglaterra y se volvió a casar. Luego, ordenó que todos sus amigos y autoridades firmasen un documento declarando que estaban de acuerdo con la decisión del rey. Muchos de los amigos de Tomás Moro firmaron, pero él se negó a hacerlo. El rey le amenazó con la prisión, juicio por traición y ejecución. Pero Moro siguió negándose.

Tenía dos obligaciones, una con Dios y otra con su país. Cuando entraron en conflicto, Moro no vaciló en permanecer fiel a la primera. Mientras marchaba a ser ejecutado en 1534, animaba a todos a permanecer firmes en la fe. Sus últimas palabras fueron: Muero siendo un buen servidor del Rey, pero Dios es primero.

El Evangelio de hoy nos recuerda que somos ciudadanos del mundo, pero sobre todo del cielo. Tenemos un compromiso y una obligación con ambos. Esperamos que estas obligaciones no choquen, pero si lo hacen, hemos de tomar una decisión como la de Santo Tomás Moro, sin dejar de lado a Dios ni a nuestra conciencia.

Un reto esencial de las tres lecturas de hoy es el mantener los ojos bien abiertos al acto permanente del Espíritu Santo para darnos cuenta de que fácilmente podemos hacer ídolos de las realidades de este siglo y de que estamos llamados a ser purificados y a unirnos siempre más estrechamente a Él.

Él nos invita a ser siempre más conscientes de la obra de Dios en toda nuestra vida y en todos los eventos a nuestro alrededor. No podemos tener una mirada estrecha y ver lo que es santo y divino sólo en lo que así parece a la sociedad y a nuestros amigos. Dios transciende todo; está presente en todo. Esta conciencia se llama Inspiración y, como elemento de nuestra vida mística, debería ser continua, y de hecho lo es cuando abrimos nuestras puertas a las personas divinas. El estar convencido de la presencia y la acción de Dios en el mundo es algo central en nuestra fe, por muy débil que ésta sea.

Dios en la literatura contemporánea, congreso en Madrid del 19 al 21 de octubre

By | Cultura, Eventos | No Comments

Del 19 al 21 de octubre de 2017 tendrá lugar en el Centro de Información de la Universidad Técnica Particular de Loja (Ronda de Segovia,  50, local 1. Madrid), el proyecto de investigación y de creación literaria “Dios en la literatura contemporánea” organiza el primero de sus congresos, que se celebrarán anualmente, Patrocinado por la Fundación Fernando Rielo y la UTPL. El congreso está dirigido a estudiosos de cualquier área y desde las más variadas perspectivas y metodologías siempre que se atengan al tema general. En el congreso  tienen cabida el ensayo y la creación literaria.

Ya están publicadas las comunicaciones. En total hay 45 entre ponencias y comunicaciones: cartel.pdf

Asistencia al congreso

La asistencia al congreso es libre hasta completar aforo.

Los asistentes que deseen un certificado de asistencia al congreso deberán abonar 20 euros. Para formalizar la inscripción debe escribirse un correo a congresodioslicon@gmail.com escribiendo en Asunto: Inscripción en el congreso, y en el mensaje: nombre y dos apellidos, NIF, y una copia adjuntada del pago.

El ingreso de los 20 euros ha de hacerse antes del 15 de octubre de 2017 en la cuenta de BANKIA: ES40 2038 1006 61 6001451962. Al hacer el ingreso es necesario consignar el nombre, y los dos apellidos, y en el concepto escribir: Congreso 2017 y el DNI o documento correspondiente de la persona que se inscriba.

¿Cuál es tu excusa?

By | Evangelio | No Comments

Por el P. Luis Casasús, Superior General de los Misioneros Identes
Comentario al Evangelio del 15-10-2017, XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario (Libro de Isaías 25:6-10a; Filipenses 4:12-14.19-20; Mateo 22:1-14)

El cielo entra en nuestra vida gradualmente cuando vamos compartiendo más y más nuestra existencia con Dios y con el prójimo. Por eso el Reino de los cielos se suele comparar a un banquete. Es una metáfora muy apropiada que representa la invitación de nuestro Padre celestial a la comunión con nuestros semejantes y a la filiación con Él. Vivir una vida en comunión con los demás sólo es posible cuando estamos en Dios y Dios con nosotros.

En la primera lectura, Isaías también describe con la imagen de un banquete las bendiciones divinas que traerá el Reino del Mesías. Se refiere al gran banquete que Dios prepara para su pueblo, y así se describe la visión profética de la universalidad de la Salvación.

La verdadera Salvación supone al mismo tiempo libertad y plenitud, con una paz que el mundo no nos puede dar.

Cuando Pablo escribe a los Filipenses lo hace desde la prisión y, sin embargo, da muestras de un gozo y una paz sorprendentes, sobre todo cuando sabemos que estaba esperando la sentencia. Realmente no era una persona deshecha o desesperada. Por el contrario, había vencido todos los miedos de su vida. Realmente había trascendido todas las vicisitudes que le acosaban. Vivía en unión con Dios y la vida del mismo Dios.

Cuando ya no somos esclavos de nuestras pasiones y de las circunstancias de la vida, cuando las desgracias no nos derrumban ni destruyen la paz de nuestra alma, cuando encontramos el gozo, entonces sabemos que vivimos el cielo en la tierra: libres del miedo, del orgullo, de la ansiedad, especialmente del miedo a la muerte. Eso es estar en paz y en las manos de Dios.

El alimento aparece en las tres lecturas de hoy como una imagen de la generosidad divina y de su presencia en medio de sus hijos. Necesitamos urgentemente una respuesta a nuestra aspiración más profunda: entregar nuestras vidas a los demás. Hemos sido creados de esa forma, esa es nuestra naturaleza, más allá de nuestros pecados y nuestras flaquezas. Y sólo podemos saciar esta hambre con una auténtica cercanía a Cristo. Esto es una verdad universal y antropológica:

Pero, asociado al misterio pascual, configurado con la muerte de Cristo, llegará, corroborado por la esperanza, a la resurrección. Esto vale no solamente para los cristianos, sino también para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de modo invisible. Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual (Gaudium et Spes).

En palabras de nuestro padre Fundador:

La sed de Absoluto, la vocación a la trascendencia, la apertura al infinito, son experiencias que, de uno u otro modo, no dejan de acuciar en todo momento al ser humano. A todos nos sobrecogen. Nadie hay que pueda afirmar, sinceramente, que no entiende estas expresiones. Y si las entiende, es que algo de experiencia tiene de ellas (Concepción Mística de la Antropología).

Por tanto, podemos pensar en la Salvación con confianza, incluso si no comprendemos cómo actúa el Espíritu Santo.

Pero, irónicamente, el ser humano no quiere vivir esta relación como una gracia. Cuando Cristo dijo esta parábola se dirigía a los judíos, especialmente a los líderes religiosos. Ellos pretendían ser justos ante Dios por sus propios méritos. Daban prioridad al valor de las buenas obras.

Esta Salvación precisa nuestro desprendimiento. Si, en nuestro afán por los gozos y las obligaciones temporales, rehusamos esta invitación, nuestro gran dolor después de la muerte será el darnos cuenta del precioso bien que hemos perdido. Y esta es probablemente la descripción más acertada del purgatorio. Sabemos que Dios no es como el rey de esta parábola, pero el resultado final puede ser el mismo. Nos prejuzgamos nosotros mismos con nuestras elecciones, incluso si parecen ser inconscientes. Como el hombre que llegó al banquete nupcial sin la ropa adecuada, quizá nosotros pretendemos participar del Reino celestial sin elegir de forma consciente, constante, lo que Dios desea que hagamos: ser como Cristo, una persona que vive para los demás.

Nosotros también tenemos el riesgo de tomar a la ligera nuestra invitación recibida en el bautismo. No aprovechamos plenamente los sacramentos, la Eucaristía y la penitencia, o tenemos sólo un estado de oración ocasional, no permanente.

En varias ocasiones, Pablo había recibido una ayuda económica generosa de los cristianos de Filipo. De este modo, sus palabras de la segunda lectura son una “nota de agradecimiento” desde la cárcel. Proclama con énfasis: En Él, que es la fuente de mi fortaleza, encuentro la fuerza para todo. Cuando el Apóstol agradece a sus amigos sus delicadezas, lo hace como una manifestación de que hemos de alcanzar la santidad en común.

Pero este banquete es más que una alegoría o una promesa. Se nos ha entregado la vestidura nupcial en el bautismo. El bautismo es la puerta hacia el cielo. Por eso, la segunda parte de la parábola se refiere a quienes hemos aceptado a Cristo en el bautismo.

La clave de nuestro bautismo es que nos aseguremos de que la vestidura que entonces se nos dio siga siendo una vestidura de fiesta, no un trapo.

Estamos seguros de la promesa del cielo, sobre todo porque experimentamos el cielo como una anticipación en la Eucaristía. De hecho, la Eucaristía, como alimento, es ya saborear anticipadamente el cielo. Así, en el salmo decimos: Has preparado un banquete para mí, a la vista de mis enemigos. Participar en este banquete es vivir en la casa del Padre, cuando experimentamos su bondad y su misericordia cada día de nuestra vida.

Y la Eucaristía es más que un recuerdo de este banquete. Es un signo poderoso, pero también es la presencia de Cristo entre nosotros. Algunos autores la llaman la gracia costosa, porque se nos ha dado con la muerte del Hijo único de Dios. Es una gracia que hemos de buscar una y otra vez, el regalo que debemos de pedir en un estado de Súplica Beatífica que, a su vez, es también una gracia. Esa gracia es costosa también porque nos llama a seguir a Cristo por completo.

Un niño pequeño siempre llegaba tarde a casa al salir del colegio. Sus padres le advirtieron un día que debería llegar puntualmente esa tarde pero, sin embargo, llegó más tarde que nunca. Su padre se cruzó con él a la entrada y no dijo nada. A la hora de la cena, el niño miró su bandeja. Había sólo un trozo de pan y un vaso de agua. Miró a la bandeja de su padre, que estaba llena, pero el padre siguió en silencio. El niño estaba desolado. El padre esperó a que el impacto fuera máximo y entonces, con calma, tomó la bandeja del niño y se la puso frente a él mismo; luego, tomó su bandeja de papas con carne y la puso frente al niño, con una sonrisa. Cuando ese niño creció, decía: Toda mi vida he sabido cómo es Dios por lo que mi padre hizo aquella noche.

Nuestro pecado es una cosa seria. La gracia de Dios es un regalo costoso. Cristo nos lo hace ver hoy en la parábola del traje de fiesta.

Nuestro traje de fiesta está hecho de nuestras obras, movidas por la gracia, de justicia, caridad y santidad. Hemos de reflexionar para ver si hemos aceptado de forma completa la invitación divina al banquete mesiánico y recordar que comer con Él implica intimidad, confianza y perdón.

¿No hemos sido invitados por Dios? ¿No estamos entonces llamados a ser mensajeros que van a decir a los invitados (el mundo entero) que todo está listo? ¿O quizás nosotros mismos no asistimos porque tenemos algún asunto urgente que consideramos más importante?

Hemos de mostrar a Cristo nuestra gratitud por la invitación al banquete celestial y la parábola de hoy nos muestra que la verdadera gratitud significa hacer uso del regalo que hemos recibido.

Cuando el rey observó al hombre que no llevaba el traje de fiesta, le dijo: Amigo ¿cómo has entrado aquí sin estar vestido para la fiesta? Y el hombre se quedó en silencio, porque no tenía excusa para no llevarlo. De hecho, la costumbre era entregar un traje de fiesta a cada persona que se invitaba. El hecho de no llevarlo sería un signo de arrogancia, de falta de gratitud y de no querer unirse a la celebración. Así, el silencio de ese invitado decía mucho del reconocimiento de su irresponsabilidad y de su vergüenza. No tenía excusa. Iba contra su propia naturaleza. Y bien ¿cuál es mi excusa?

Recibir estos dones de Dios exige que, en vez de seguir siendo un miembro tibio y pasivo en mi comunidad, comience a dar testimonio visible de mi fe.

La parábola nos dice asimismo que, cuando aceptamos libremente a Cristo como Señor y Salvador, hemos de dedicar a Él nuestra vida. En otras palabras, el cristiano ha de revestirse del espíritu y de las enseñanzas de Jesús. La gracia es un don y también una grave responsabilidad.

Noticias de la parroquia universitaria San Pedro y San Pablo en Soa (Cameroun)

By | África, Camerún | No Comments

Como ya es habitual, a continuación la carta del mes de septiembre del padre Efrén Blanco, superior provincial de los misioneros identes de Camerún, informando del progreso en la construcción de la parroquia universitaria de San Pedro y San Pablo en Soa.

Parroquia Universitaria San Pedro y San Pablo de Soa – Camerún
Yaoundé, a 30 de septiembre del 2017

Queridos amigos y benefactores: Esperamos que todos os encontréis bien. Queremos compartiros algunas novedades, aunque sean sencillas, de cómo hemos pasado el mes de septiembre, mes que, para muchas familias, aquí en nuestro medio, constituye una lucha no pequeña para poder enviar a sus hijos al colegio con los libros y materiales escolares necesarios.

En la obra de la nueva iglesia, seguimos construyendo nuevas columnas, esperando los medios para empezar a subir los muros.

En cuanto a nuestras actividades comunitarias, hemos celebrado la tercera reunión del año con la Familia Idente: en ella, al igual que hacemos el 11 de febrero y el 1 de mayo, acogemos en nuestro centro de Yaundé a padres e hijos y realizamos un programa que os detallamos; después de la acogida, vemos una película (a veces es posible verla con los padres e hijos mayores) y ella nos permite un debate, por un lado los padres y por otro los jóvenes mayores; los niños tienen un programa adaptado. Luego viene la comida, un tiempo de recreo con juegos y película para el que desee y la clausura es con la misa.

Recibid nuestro agradecimiento por vuestras ayudas y oraciones y contad con las nuestras por vuestras intenciones y necesidades, así como por todas las personas que sufren y aquellos que ya no están entre nosotros.

Aprender a vivir la santidad en común en Yaoundé

By | África, Camerún, Motus Christi | No Comments

Felices de continuar la línea de los Motus Christi, siguiendo a nuestro Fundador, Fernando Rielo, y al Presidente de nuestra Institución, P. Jesús Fernández, las misioneras identes de Yaoundé (Camerún) hemos realizado una convivencia de fin de semana en nuestra residencia con varias jóvenes de la parroquia universitaria de Soa.

Han llegado el sábado 23 de septiembre, felices y con un gran deseo de aprovechar de todo lo que se había preparado para ellas. La mayoría de ellas eran anglófonas, de Camerún y de Nigeria.

Nuestra querida hermana Anne, Superiora de la comunidad, ha hablado sobre la oración y el abandono, que es dejarnos amar por nuestro Padre. Han seguido las preguntas. Una de las jóvenes ha manifestado lo siguiente: ¿Hasta cuándo se debe orar por un enfermo que no se cura? Recibió una consolación a su preocupación con las respuestas de las demás, y comprendió la importancia del abandono en las manos de Dios. Por la noche una misionera, Irène, dio un precioso testimonio en relación a su compromiso. El clima era verdaderamente espiritual y de amistad en todos los momentos.

El domingo, con el mismo entusiasmo, hemos participado en la Misa en inglés. Después hemos visto una película, “La leyenda de Bagger Vance”, dirigida por Robert Redford, que ha permitido ilustrar y profundizar en el tema de la oración. Seguidamente nuestra hermana Yvette habló sobre los ángeles e intercambiamos experiencias personales sobre el ángel guardián. Recordando las enseñanzas de nuestro Fundador sobre los ángeles, hemos renovado la intención de solicitar su ayuda lo más frecuentemente posible.

La clausura del “fin de semana apostólico” se realizó con el toque carismático, y el trisagio, sin olvidar las fotos de recuerdo. La alegría ha estado presente desde el comienzo hasta el final.

Repúblicas checa y eslovaca, un sueño idente de los superiores

By | Europa, Id por todo el mundo, República Checa | No Comments

En mi fantasía, cuando supe que iría a Praga, se me dibujaba la nieve y el aullido lejano de los lobos; en la realidad, cuando, en Bratislava, fui al primer supermercado, el habla de los eslovacos me evocó el lenguaje de los pájaros. Al llegar a Praga un mes después, en tren, un niño rubio cruzó su mirada con la mía, y fue como si el Niño Jesús de Praga estuviera ahí, en esa criatura encantadora. Era el 20 de septiembre de 1991.

Me había despedido de Felipe Rufes ese día, como de Antonio Vicente unos días antes. Ellos habían llegado a Checoslovaquia antes que yo; Felipe a Olomouc en febrero de 1991; Antonio Vicente a Bratislava, en julio del mismo año.

Cuando llegué a Praga, desde Olomouc, estaba en la estación de Holešovice el prof. Josef Forbelský, importante hispanista y traductor. Me acompañó al colegio universitario Kajetánka, mi primer lugar de residencia. No fuimos en taxi, como hubiera deseado el profesor, sino en una ambulancia que estaba allí, quizás esperando al turno de servicio, o por algún otro motivo; y es que los taxistas se negaban. Haría falta un poco de tiempo y espacio para tratar de exponer los motivos de esta negativa.

Los tres misioneros nos veíamos periódicamente en una de las tres ciudades. El superior era Felipe, que supo compaginar la sabiduría con la mansedumbre y el calor humano, y que no desatendió nunca el contacto con Luis Sánchez, el primer misionero idente que se asentó en el mundo eslavo, concretamente en Polonia.

Habían abierto brecha, con anterioridad, el Presidente de los misioneros y misioneras identes (P. Jesús Fernández) y la Superiora General de las misioneras (María del Carmen García Viyuela). Estos primeros viajes identes al mundo eslavo eran expresión del sueño del Fundador del Instituto y constituían el fundamento de todo lo que iba a venir después.

Así comenzaba la fundación en Checoslovaquia, que pronto se dividió en dos repúblicas, checa y eslovaca (el 1 de enero de 1993).

Ninguna de las peripecias vividas en estos primeros años tuvo la capacidad de producir sentimientos de soledad; no, el sentimiento de soledad no forma parte de la experiencia de los primeros misioneros identes de estas tierras: la presencia de Cristo, del Padre celestial, del Espíritu Santo, de María, del Fundador, de todo el Instituto lo excluían.

La Providencia iba sembrando el carisma, que brotaba en este campo de misión con pequeñas plantas que nacían, crecían, se desarrollaban. Así, nació la planta de las relaciones con el mundo universitario, en Olomouc, Bratislava y Praga: encuentros con intelectuales, con poetas. Nació la planta de la presencia de los misioneros en distintas facultades; la planta de los encuentros de jóvenes, nacionales o internacionales; la planta de la Juventud Idente, llegando a celebrarse pronto campamentos. También surgían las primeras vocaciones de misioneras y de misioneros: primero fueron las mujeres. Algunas estudiantes de la Facultad de Filosofía de Olomouc se pusieron a caminar por la senda del carisma idente. Entretanto aumentaba el número de jóvenes amigos, futuros jóvenes identes, y aumentaba la frecuencia y la amplitud de las actividades de la Juventud Idente. Sobre todo en Pilsen, donde vino a vivir un queridísimo amigo, Pablo Chacón, siguiendo la invitación del Superior General. Era verdaderamente el cumplimiento de la parábola del grano de mostaza.

Con la ordenación sacerdotal del que subscribe, se abrieron horizontes en el campo eclesiástico. Así germinó también la planta del Instituto del Arzobispado, donde lo habían nombrado director espiritual, a causa de un “rapto”, usando el término del obispo auxiliar de Praga, Mons. František Lobkowicz, ahora obispo de Ostrava-Opava. Con el Instituto del Arzobispado, muchas relaciones con jóvenes y profesores, destinadas a durar. De ahí surgió la vocación de John De Gree, que hace ya bastantes años vive en California con su numerosísima familia.

Allá por el año 1993, o quizás el 92, Felipe Rufes había conocido a Antonín Lukeš, destinado a ser el primer misionero idente del mundo eslavo. Mi primer contacto con Antonín siguió la descripción de Felipe cuando tuvo que partir para China: “Es un joven rubio, de pelo largo, pantalón corto y chancletas, y viene a misa a esta iglesia y siempre va a comulgar. Se llama Tonda. Le he propuesto un proyecto”. Yo le conocí a Antonín así: Cuando le vi pensé “seguro que es él”. Le esperé a la puerta de salida de la iglesia y le dije, en un checo que lo entendía Antonín solo porque era checo y le bastaban algunos elementos para entenderlo: “¿Eres Tonda?” Me respondió: “Sí”. “¿Conoces a Felipe?”. “Sí”. “¿Te ha hablado de un proyecto?”. “Mmm…”. Fuimos directamente a un pequeño parque cercano. Nos sentamos en un banco y hablé con él. Bueno, le hablé o le pronuncié palabras difícilmente inteligibles. A Antonín yo le entendía mejor, aunque no bien, porque creo que en una lengua extranjera es más fácil entender que hablar. Bien, pues Antonín Lukeš es actualmente párroco en la Parroquia de la Natividad de María, de Praga, donde reside una comunidad de tres misioneros.

Así iban creciendo esas tiernas plantas que la Providencia sembraba. En el año 1996, surgió la cabalgata de Reyes Magos de Praga, también en circunstancias providenciales. Esta cabalgata fue creciendo, hasta llegar a echar raíces en la República Checa y transformarse en tradición popular. Además, según parece, ha sido inspiradora de esta misma actividad en Polonia.

Ya desde los comienzos y con el paso de estos años, otras vocaciones, eslovacas, han ido surgiendo: Miloš Miko, Anita Szaboová, Jana Boboková, Michal Koči. Se sembró una semilla muy pequeña, un puñado de almas impulsadas por una ilusión irrefrenable: cumplir una misión; los superiores sembraron un sueño; ese sueño fue tomando forma y adquiriendo envergadura. El carisma idente comenzó a hacerse planta, árbol, y a extender sus ramas, y en sus ramas aparecieron nidos. Son las muchas personas – muchos millares – que han tenido noticia de los misioneros identes (desconocidos antes totalmente en Checoslovaquia), que han manifestado su amistad, que han abierto sus corazones al mensaje idente, que han ayudado a los misioneros y misioneras, que han participado en nuestras actividades, que mantienen contacto, que se sienten identes (es el caso, por ejemplo, de muchos jóvenes que constituyeron el núcleo de la primera Juventud Idente de esta región y que se identifican como “identes”). El carisma idente se ha extendido en estos años en la Parroquia de la Natividad de María, en las relaciones con universidades (sobre todo la de Santa Isabel en Bratislava), en la participación de muchos jóvenes en la Ruta Jacobea, en Motus Christi, en encuentros internacionales, o como voluntarios en América, donde misioneros y misioneras checos o eslovacos han ejercido misiones durante años, en la Familia Idente.

El futuro en estos países eslavos está clamando por nuevas manos, para transformar de nuevo unas tierras maltratadas por la historia en vergeles de religión, de santidad; como lo fueron en tiempos de sus mártires (San Venceslao, santa Ludmila, san Adalberto, san Juan Nepomuceno, san Juan Sarkander, y otros) y de sus grandes apóstoles (San Cirilo y San Metodio, San Procopio, Santa Inés, Santa Zdislava, San Clemente, san Adalberto, que además de mártir es el apóstol de Polonia y de Hungría).

En fin, estas pinceladas de los primeros tiempos de la presencia del carisma idente en las repúblicas Checa y Eslovaca – para nosotros han sido siempre una sola nación, Checoslovaquia – son como el bosquejo de una catedral realizado por un niño que apenas sabe agarrar el lapicero.

Alberto Giralda, M. Id

¿Podemos frustrar los planes de Dios?

By | Evangelio | No Comments

Por el P. Luis Casasús, Superior General de los Misioneros Identes
Comentario al Evangelio del 8-10-2017, XXVII Domingo del Tiempo Ordinario (Libro de Isaías 5:1-7; Filipenses 4:6-9; Mateo 21:33-43)

Quizás nuestra reacción ante la parábola de los viñadores perversos es pensar que resulta muy aplicable a los asesinos, criminales y gente parecida. Pero entonces se nos escaparía lo esencial, porque esta historia representa todas las formas de rechazo al reinado de Cristo en mi corazón.

Lo cierto es que, como nos dice la fe, Jesús está llegando continuamente a nosotros, especialmente en el sufrimiento y en las aspiraciones más profundas de nuestro prójimo. Dios llega también en las personas de cada niño no nacido en el vientre de su madre. Está intentando él mismo nacer de nuevo en nuestro mundo, en tu vida y en la mía.

Recordemos que en nuestra vida pasan muchas más cosas que lo que los ojos pueden ver. Dios tiene un plan para tu vida más amplio de lo que imaginamos. Las circunstancias que tú y yo estamos ahora atravesando pueden ser instrumentos de transformación en las manos de Dios. Él utiliza nuestras dificultades para modelarnos como las personas que Él quiere que seamos para que hagamos lo que Él espera que hagamos. Esta es una de las enseñanzas de la vida mística.

Dios nos invita a ver sus manos trabajando en nuestra vida y en el mundo que nos rodea. Nada de lo que nos pueda pasar es una sorpresa para Dios. Su plan es utilizar todo para nuestro bien y para su gloria. Pero hemos de confiar en Él para comprender que está actuando en nosotros, incluso si no lo notamos. Él utiliza nuestros esfuerzos más pequeños para nuestro beneficio mayor. Entonces, hemos de confiar en Él para responder como María: Soy la esclava del Señor… Hágase en mí según tu palabra. Cuando nos decidimos a aceptar el camino inesperado que Dios ha preparado para nuestra vida se producen milagros, porque nada es imposible para Dios (Lc 1: 37).

Su intención permanente es llegar a nuestro corazón para reinar: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas.

Para poder sentir ese reinado de Cristo en nuestro corazón hemos de estar dispuestos a rendirnos completamente a Él. Muchas veces queremos acercarnos a la fe sólo porque buscamos un remedio eficaz para nuestros problemas. Pero hay una diferencia entre simplemente confiar en Cristo y entregarse a Él por completo. San Lucas nos da un ejemplo perfecto de esta actitud en la historia del mago llamado Simón:

A Simón le encantaba lo que estaba viendo. Pero no se centraba en Cristo, sino en los milagros y señales que estaba contemplando. No ansiaba una unión más profunda con Jesús, sino que codiciaba todo lo que podría ganar con Sus poderes. La palabra “simonía” se define como “El querer sacar provecho de las cosas sagradas. El pecado de comprar o vender cosas sagradas”. El origen de esta palabra es la historia del mago Simón, en el Capítulo 8 de los Hechos de los Apóstoles. Hoy esta palabra significa el deseo de alcanzar la vida que Cristo promete, sin rendir nuestra vida a Él. Pero ya había dicho: Yo soy el camino, la verdad y la vida. La historia de Simón nos alerta sobre el peligro de creer en Cristo sin estar dispuestos a entregarnos a Él. Simón quería el poder del Espíritu Santo como algo que añadir a su colección de trucos, para beneficio propio.

La actitud de este mago y, probablemente, también nuestra actitud no encierran violencia física, pero representan la realidad de un dilema, o mejor, de un combate a muerte entre el reino de nuestro ego y el Reino de Cristo.

Pilatos pregunta: ¿Pero, tú eres Rey? Y Jesús responde: Lo soy, pero mi Reino no es de este mundo. El problema está en que no creemos por completo en este status quo, en esta relación, siempre tensa y a menudo violenta entre los dos reinos.

El rendirnos por completo a Dios tiene varias dimensiones: oración, ayuno de las pasiones y aceptar la purificación y la poda que el Espíritu Santo realiza en nuestra vida.

Esta obediencia íntima no es algo que nos va a agradar siempre, porque nuestra naturaleza tiende a rebelarse contra ella. Queremos caminar por nosotros mismos. No nos gusta la idea de estar sometidos a nadie. Queremos ser el número uno en nuestro mundo. Pero esta no es la enseñanza de Cristo. Él se sometió a la voluntad de nuestro Padre celestial, incluso con el riego de producir muchos malentendidos, por ejemplo cuando aceptó ser bautizado públicamente por Juan. En esa ocasión se expuso a un malentendido que aparentemente podría haber deteriorado su misión.

Por el contrario, ¿cuál es la respuesta divina cuando somos fieles a sus más pequeñas sugerencias? Cuando Nos sometemos unos a otros por el temor de Dios (Efesios 5: 21), experimentamos una alegría nueva, una nueva fuerza, una nueva forma de unión con Dios. Él se hace tan real en nosotros que sentimos su cercanía. Tenemos la misma experiencia que Cristo después de su bautismo: El Espíritu vino a reposar en Él en forma de paloma. Es decir, fue transformado, fortalecido para su misión.

Una lección importante de las lecturas de hoy es que los planes de Dios no pueden ser malogrados por el pecado del hombre. En su divina sabiduría, tiene en cuenta nuestra libertad y nuestro pecado para llevar adelante su plan de salvación. Sabe muy bien que a quienes elige como instrumentos para su plan de salvación no son perfectos. Dios ha utilizado siempre la fragilidad humana para fines buenos. Sabe escribir derecho con renglones torcidos. Y nos muestra cómo se puede triunfar incluso en situaciones desesperadas. Por eso, el salmista alaba a Dios por sus maravillas y su sabiduría. Sí, Dios es capaz de llevar adelante su plan, a pesar de la infidelidad humana.

¿Qué ocurre cuando queremos convertirnos en los dueños de la viña? La parábola de hoy fue el origen de la reflexión del Papa Francisco en su homilía del 3 de Junio de 2013, que hablaba de las tres clases de cristianos en la Iglesia: pecadores, corruptos y santos. El Papa remarcó que no necesitamos hablar mucho de los pecadores, porque todos lo somos… Lo notamos en nuestro interior y sabemos lo que es ser pecador. Si alguno de nosotros no se siente así, debe visitar un médico espiritual. La parábola, dijo, nos presenta otra figura, la de aquellos que quieren tomar posesión de la viña y han perdido la relación con el dueño de la viña. Creen que son fuertes, que son independientes de Dios.

Estos, lentamente, se deslizan hacia esa autonomía, hacia esa independencia en su relación con Dios: “! No necesitamos ese Maestro, que no debería venir a molestarnos!”. Y siguen en esta línea ¡Esos son los corruptos! Eran pecadores, como nosotros, pero han dado un paso más, como si quisieran confirmarse en su pecado: ¡No necesitan a Dios! Pero eso es sólo una apariencia, porque en su código genético hay una relación con Dios. Y como no pueden negar esto, fabrican un dios especial: ellos mismos. Son corruptos.

Los viñadores malvados representan a la humanidad. Se nos ha confiado el cuidado del mundo desde el origen de los tiempos. Pero nos hemos hecho orgullosos y hemos cedido a nuestra ambición humana, ya desde el momento en que fuimos tentados por el diablo con sabiduría y poder. Muchas veces somos como esos viñadores que buscaban obtener la herencia del dueño con medios perversos, para llegar a ser sus propios amos. Hay un orgullo en el ser humano que nos empuja a tomar el control de nuestras vidas y a buscar una plenitud lejos de Dios y de la obediencia a Él. Pidamos a Cristo que sea el Señor de nuestra vida, de manera que –viviendo en Él y por Él- podamos ser fieles a Dios, gozar la paz y la gloria de su favor y entregarle el fruto que merece.

¿Sentimos que el pecado es nuestra pena y nuestra carga? Eso es una prueba de que Cristo reina en nuestro corazón. ¿Anhelamos una libertad perfecta de todas las pasiones? Eso es un signo de que compartimos su perfección. Cristo reina en nosotros hasta darnos la victoria en la vida eterna.

Deberíamos estar llenos de esperanza y de un sentimiento de seguridad, porque aunque el edificio -la Iglesia- parezca a veces que se va a destruir, su construcción es sólida, pues Cristo es la piedra angular.

Cuando pensamos en el significado de la oración continua, es importante recordar que el Evangelio de hoy muestra cómo Dios no nos da una sola oportunidad, sino muchas. Nunca se cansa de ayudarnos; siempre es paciente, misericordioso y sufrido. Nunca pierde su esperanza en nosotros. Esta parábola de la viña nos habla de un Dios que persevera en salvarnos. A pesar de nuestros pecados y nuestras malas acciones, Dios trasciende toda flaqueza. Nadie puede malograr los planes de Dios, ni siquiera nuestros pecados, ni el diablo, que parece dominar a la humanidad en este mundo. Dios no sólo es sabio, sino también omnipotente. Él hará que todo, bueno o malo, coopere al mayor bien del Reino. Él utiliza nuestros pecados para llevar adelante los planes que tiene para nosotros. Como el salmista, no podemos dejar de maravillarnos de su sabiduría y de sus maravillas.

Incluso el rechazo de Jesús resultó ser la forma en que Dios establecería su Reino. Por medio de su aparente fracaso y de su muerte, Dios le hizo la piedra angular de nuestra salvación. De hecho, cuando parecía que con el rechazo y la muerte de Cristo fallaba el plan divino, precisamente su muerte se hizo la fuente de salvación, lograda por medio de la resurrección.

Como aspirantes a apóstoles ¿qué podemos hacer nosotros? San Pablo nos dice en la segunda lectura de hoy que nos aferremos a todo lo que es verdadero y noble, todo lo que es justo y puro, todo lo que es amable y digno de honra, todo lo que haya de virtuoso y merecedor de alabanza… Por supuesto, lo que es verdadero, justo, puro,… es la voluntad divina. El único antídoto a los pecados de orgullo y ambición y a los miedos que alimentan la Cultura de la Muerte es este Espíritu Evangélico. Si vivimos el Evangelio de la Vida, cultivaremos la viña del Señor de manera que sólo dé los frutos mejores y más verdaderos, los frutos de vida eterna.

¿Qué podemos hacer nosotros? No conozco otra forma más clara de decirlo que estas palabras de nuestro padre Fundador: No hagan nada que no sea un acto de obediencia a la voluntad de Dios. Deberíamos meditar cuidadosamente sobre ello.

Motus Christi en París el día de Santa Teresa del Niño Jesús

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Las Misioneras y Misioneros Identes organizamos un Motus Christi en la parroquia de San Pierre de Montmartre en París el domingo 1 de octubre, onomástica de Santa Teresita de Lisieux. Participaron 8 chicas y 2 chicos.

Después de la misa parroquial, escuchamos una lección de nuestra hermana Helene Dalbet que habló de la conciencia filial en santa Teresita de Lisieux.

La comida fue un momento de convivencia alegre. Y por la tarde pasamos a la iglesia donde oramos ante el Santísimo y recitamos el Trisagio delante de nuestra Señora de la Belleza.

Los jóvenes se sintieron tocados por la acogida, el amor de Cristo vivido por Santa Teresita, su simplicidad y unión en su relación a Dios, y el recuerdo de frases entrañables de santa Teresa que nuestra hermana Hélène compartió con nosotros.

Visita la provincia de Cádiz (España) el Superior General de los misioneros Identes. Un don de paz y visión

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Del 18 al 21 de Septiembre 2017 el Superior General de los misioneros identes, Luis Casasús, ha visitado Cádiz (España). Nuestro hermano Luis fue recibido y despedido por los delegados territoriales, Luis Sánchez y Manoli Blasco, acompañados de toda la comunidad de misioneras y misioneros. En días de intenso trabajo de preparación y reuniones de las actividades parroquiales y misioneras (apostólicas y de cátedra) para el curso que se inicia en octubre, la convivencia con nuestro Superior General ha sido un don entrañable de paz y visión. Ha visitado las comunidades, conoció la Parroquia del Buen Pastor, administrada por nuestra comunidad idente, presidió tres misas concelebradas en la Parroquia de María Auxiliadora, también bajo nuestra administración, dos de ellas de exequias, manifestando después los asistentes una profunda gratitud por la esperanza y misericordia en nuestro Padre Celestial experimentada en las palabras que les dirigió nuestro hermano. Visitó al padre de nuestra hermana Juana Sánchez-Gey, que estaba ingresado en el hospital; comimos junto con las misioneras en su despedida. Han sido días en que con su ejemplo nos ha animado, instruido, renovado y confirmado a todos los que hemos disfrutado con su presencia. “Hace fácil el vivir el Evangelio”, “habla con gran sencillez y claridad mirando a los ojos”, han sido expresiones que nos han manifestado varias de las personas con las que  se encontró en su visita.

El martes 19, a las 8 de la tarde, hubo un encuentro preparado junto con las misioneras en el salón parroquial de la parroquia María Auxiliadora. Asistieron unas 40 personas. En un ambiente entrañable, y tras la presentación y saludos, habló brevemente de la Familia Idente y del carisma idente. El tema central fue la Oración y la llamada a cada uno de los presentes a ser apóstoles orantes, a entrar en el diálogo con las personas divinas, e invitar a alguien a que nos acompañe en la oración aunque no sea creyente o profese otra confesión religiosa, y a ser perseverantes aunque nos parezca no ver los frutos, a la vez que pidiendo al Espíritu Santo el don del discernimiento. En este sentido, compartió testimonios vividos que reflejaban la fuerza de la oración. También aludió a la vida apostólica de las parroquias identes de Nueva York para resaltar la inquietud que late en el corazón humano, que insatisfecho busca la trascendencia. Por ello, se trata de que ayudemos a las personas desde ese anhelo que sienten, porque lo material no llena. Respondió a las preguntas que le hicieron sobre la forma de llegar a los otros, y sobre el compromiso que Cristo nos pide, poniendo el acento en la necesidad de orar y de confesar nuestra fe ante los demás.

Se dieron cuenta de que hablaba de ellos

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Por el P. Luis Casasús, Superior General de los Misioneros Identes
Comentario al Evangelio del 1-10-2017, XXVI Domingo del Tiempo Ordinario (Libro de Ezequiel 18:25-28; Filipenses  2:1-11; Mateo 21:28-32)

¿Cuál es el primer rasgo de carácter que un sicólogo estudia en un test de personalidad? La Apertura al Cambio.

Observa el dibujo de Eugène Burnand: evitar la mirada del otro y cruzar los brazos son dos signos opuestos a la apertura hacia quien está hablando. Esta era la actitud del primer hijo en la Parábola. Pero la apertura, o la cerrazón, o los otros rasgos de personalidad, representan sólo la superficie del alma humana. La divina Providencia tiene muchos medios para cambiar nuestra actitud, nuestros prejuicios y nuestros hábitos. Esta es una de las lecciones del Evangelio de hoy.

Dios tiene un plan para cada uno de nosotros, aunque, por supuesto, descubrir la voluntad de Dios para nuestras vidas no es asunto fácil. Intervienen muchos factores, como una escucha acogedora de la palabra de Dios y un discernimiento honesto de los dones y talentos que Él nos da, así como las situaciones sociales y biográficas en las que nos encontramos. Pero la buena noticia es que Dios es omnipotente y, antes o después, sus planes se cumplirán en el próximo segundo o al final de mi vida. Podemos estar seguros de que Jesús no fracasó con el Joven Rico, ni con las personas que le abandonaron… y no fracasará ni contigo ni conmigo.

Estamos inclinados a pensar de personas como Abraham, Moisés, Pedro, Juan, etc… que siempre fueron santos. Como tenemos hacia ellos tanto respeto y admiración, podemos mirarlos como “super-creyentes”, llegando a imaginar que siempre fueron modelos de perfección, que siempre hicieron automáticamente los que Dios les pidió. Pero cuando miramos sus biografías, nos damos cuenta de que se parecían mucho a nosotros. Tuvieron momentos de fallos e incluso de retroceso en su relación con Dios. Sin embargo, hay una cosa en la que todos coinciden: todos ellos respondieron de igual modo cuando Dios se puso en su camino. Dijeron .

Como afirma nuestro padre Fundador, Fernando Rielo:

Debemos tener en cuenta que para todas las cosas se requiere la gracia y a veces se requiere verdadera gracia extraordinaria; por ejemplo, para que un hábito cualquiera puedas ser modificado, pues no está en nuestras manos modificar nuestras dependencias o costumbres arraigadas, ya sea por razones culturales, por tradiciones dadas o por prácticas aprendidas en la infancia o en la adolescencia o en la juventud (Concepción mística de la Antropología).

Dios no espera encontrar nadie “bueno de nacimiento”. Sabe muy bien que no se puede encontrar nadie así. Pero Él llama a personas corrientes, como tú y como yo, que están dispuestos a responder a su llamada, a ser transformados a su imagen y a vivir en comunión con Él.

Esto es lo que Ezequiel dice al pueblo en la primera lectura: Cuando el malvado se aparta del mal que ha cometido, para practicar el derecho y la justicia, él mismo preserva su vida.

El Evangelio del domingo pasado nos recordaba que algunos últimos serán primeros. Hoy, con la parábola de los dos hijos, Cristo nos da un ejemplo realista y poderoso de esta situación. Esto sucede mucho más frecuentemente de los que pensamos. Porque el tiempo necesario para una conversión puede durar… toda una vida. San Pablo, por eso, nos recomienda hoy: No hagan nada por espíritu de discordia o de vanidad y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos. Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás.

Olvidamos que Dios nos ama más de lo que nosotros nos amamos y que nos conoce mejor que nosotros mismos. San Agustín hizo una famosa afirmación: Deus est intimior intimo meo. Lo que quiere decir que Dios (Deus) está más cerca de nosotros (intimior) que nuestros órganos internos (íntimo). Dios es omnisciente. Sabe todo sobre nuestra vida y lo que necesita la sociedad. Comprende nuestro pasado y contempla nuestro futuro. Sólo Él puede ver todo en el universo y podemos estar seguros que en especial sabe qué es lo mejor para nosotros.

Esta parábola nos invita a mirar de nuevo nuestra relación con el Padre. Como decimos en la Oración de Colecta: Derrama incesantemente sobre nosotros tu gracia para que, deseando lo que nos prometes, heredemos los bienes del cielo. Estamos invocando sus bendiciones para ser herederos dignos de su Reino. Para poder decir que deseamos ser herederos dignos, ¿no es fundamental establecer y reconocer lo que es nuestra auténtica relación con Él? Demos un paso más, considerando también nuestra relación con el prójimo, como hijo también de nuestro Padre Celestial. Cuando pedimos ser herederos de Él, no es sólo para nuestro beneficio. Miremos alrededor e invitemos a otros a ser también herederos de nuestro Padre Celestial.

¿Cuál es el hijo ideal? Ninguno de los dos mencionados en la parábola. El narrador de la historia es el Hijo por excelencia. Él es el Hijo que dice y actúa en consecuencia, con actitud y sentido. Su vida entera es una historia de un al Padre. La expresión Aquí estoy para hacer tu voluntad le retrata perfectamente. De hecho, en Getsemaní declaró: No se haga mi voluntad, sino la tuya (Mt26: 42). Como discípulos suyos, ¿no deberíamos seguir su ejemplo? En una vida espiritual como herederos de su obra, hemos de ser “administradores fieles” de la viña del Padre.

No puede haber una brecha entre lo que decimos, lo que hacemos y nuestra fe. Tenemos que discernir la voz de Dios en momentos esperados e inesperados. No se trata sólo de escuchar, sino de tener el deseo de cambiar y crecer en la fe. Es por eso que tenemos un punto llamado unión formulativa o didáctica en el examen de nuestra oración: ¿De verdad tomo el Evangelio, la vida de Cristo, continuamente como un modelo práctico?

Si pensamos que somos razonablemente buenos y justos, entonces quiere decir que ignoramos una buena parte de lo que somos. No miramos a nuestro lado oscuro, lo que los sicólogos llama nuestra sombra. La sombra actúa entonces a su manera y nos engulle, y con nosotros a los demás. Esto puede ocurrir incluso sin darnos cuenta:

Un eremita recibió la visita de tres monjes jóvenes. Los tres habían pasado un año entre la gente, haciendo buenas obras. Pero cuando regresaron al monasterio, se dieron cuenta de que no eran más santos que antes.
– ¿Qué fue lo que hicimos mal? -le preguntaron.
– Tráiganme un cuenco con agua –les dijo-. Así lo hicieron y lo llenaron de agua.
– Ahora –les pidió- añadan dentro algo de tierra.
Los tres se miraron perplejos, pero hicieron lo que se les pedía.
– Y ahora ¿qué ven?
Un cuenco con agua turbia.
– Correcto –les dijo-. Pero miren con más cuidado. Sigan mirando. No digan nadaSigan mirando.
Y entonces, salió de la habitación.
Al día siguiente, regresó. Los tres novicios aún estaban mirando al cuenco.
– ¿Qué ven ahora? -les preguntó-.
– El barro se ha sedimentado –respondieron ellos- ahora vemos nuestra imagen reflejada.
Exactamente –dijo el ermitaño-. Nunca serán santos si no se conocen a sí mismos. Y nunca llegarán a conocerse si continúan removiendo todo. Estén en reposo. Dejen que el barro se pose. Sólo entonces tendrán algo que ofrecer al prójimo.

Los que son pecadores y se reconocen como tales, como los cobradores de impuestos y las prostitutas, tienen muchas veces más posibilidades de convertirse. Porque en el fondo de su corazón saben que viven una vida de pecado. En lo profundo, saben que así no pueden ser felices viviendo con las ataduras del pecado. Son como el primer hijo en la parábola de hoy, diciendo NO a Dios, pero cuando reciben la gracia del arrepentimiento, piden perdón. Su arrepentimiento suele ser radical. Muchos de ellos están heridos, atrapados en la red del pecado y de la falta de perdón, confundidos y habiendo perdido todo el sentido y fin de la vida. Pero una vez que oyen la voz de Dios, que les llama al arrepentimiento, creen. Y así tienen la experiencia auténtica del nacimiento de Cristo en sus corazones, gracias a su humildad para arrepentirse.

Sin embargo, la clase de pecadores que más necesita arrepentirse, pero que es más resistente al cambio, son los llamados santos de Dios, los que se creen justos. Así eran los escribas y fariseos en el tiempo de Jesús. Ellos son el segundo hijo en la parábola de hoy, quien dice SÍ a Dios, pero no vive de acuerdo con ese SÍ. Y cuando se ven empujados al arrepentimiento, racionalizan todo y buscan la forma de escapar a esa llamada.

Nos parecemos bastante a ellos, especialmente si pensamos que somos los santos: sacerdotes, religiosos, personas activas en la parroquia, voluntarios y servidores de algún ministerio. Mientras exhortamos a los demás a cambiar sus vidas, a ser honestos, a vivir con integridad, a perdonar, a no tener un corazón resentido, a dejar el pecado y las adicciones, la deshonestidad y la codicia, no tomamos en serio en nuestra vida lo que aconsejamos a otros. Lo que es peor, no aceptamos de buena gana las correcciones.

¿Estamos dispuestos a examinarnos con honestidad ante Dios, de manera que nos pueda quitar nuestra vergüenza de una vez por todas? La vergüenza oculta nos paraliza porque no podemos resistir el llevar una doble vida. No somos libres. Sólo los que se liberan de la vergüenza, de su pasado, de sus pecados, pueden ser realmente libres para “gloriarse” de su pasados errores y decir lo que Dios ha hecho de ellos, transformándolos en una criatura nueva. Si dejamos que la vergüenza controle nuestra vida, permaneceremos esclavos del pasado y además del futuro. Con el salmista digamos: Lo oirán los humildes y se regocijarán.