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Jesús Cevallos

Respondiendo al llamado de la santidad.

By | EE.UU., Norteamérica | No Comments

En el Seminario de la Inmaculada Concepción el 26, 27 y 28 de Octubre se llevó a cabo el retiro para mujeres de habla española con la asistencia de 25 personas. Las lecciones espirituales las impartieron las misioneras Identes Juana Mendoza  y Dolores Sánchez.

Los temas fueron orientados a: 1) la aspiración a la Santidad filial, más allá del solo cumplimiento de la ley: El Joven Rico. 2) El estado de oración continúa en estado de silencio a todo lo perturbable, para poder escuchar y responder a Dios Padre; y 3) La generosidad, el perdón y la alegría por poder ser confesores de la gloria de nuestro Padre Divino.

Todo se desarrolló en un ambiente de oración, sencillez, familiaridad, alegría, apertura, y el fruto de conversión y disposición al cambio de vida y a ser apóstoles y confesores del amor de Dios y de la fe.

El sábado, el p. Martin Esguerra, misionero Idente, visitó el retiro y antes de celebrar la misa de la vigilia ofreció el sacramento de la Reconciliación.

Durante estos tres días se vivieron momentos de convivencia, oración en silencio, reunión por comunidades (grupos pequeños de reflexión),  ratos de asueto y un ateneo informal, muy cariñoso, creativo y familiar.

 

Los que aman las flores no las arrancan

By | Evangelio, Sin categorizar | No Comments

Por el p. Luis Casasús, Superior General de los misioneros Identes,

Estambul, 04 de Noviembre, 2018. XXXI Domingo del Tiempo Ordinario.

(Deuteronomio 6,2-6; Carta a los Hebreos 7,23-28; Marcos 12, 28b-34).

 

  1. ¿Qué es el amor?

Quien ha sido tocado por el amor, no anda en tinieblas. Esta es una frase de Platón, el gran filósofo griego, pero podría haber sido pronunciada por un auténtico católico.

Nunca insistiremos demasiado al decir que Nosotros amamos porque Él nos amó antes (1 Juan 4:19).

Esto es lo primero que hay que tener en cuenta, tanto en el caso los creyentes como de los no creyentes, que, como dijo Platón, el amor nos con-mueve. El amor viene a visitarnos. Pero quienes no tienen una relación íntima con Dios dirán, a lo sumo, que el amor es una de las emociones más profundas que experimenta el ser humano; lo cual es verdad… pero no toda la verdad. De ninguna manera.

Algunos pensadores hablan de tres formas de amor: Eros, Philia y Ágape; en su libro Los colores del Amor (1973), J.A. Lee describe 15 diferentes formas de amor. Pero tanto los filósofos como los psicólogos necesariamente se quedan cortos en sus esfuerzos por comprender la naturaleza del amor y terminan diciendo que hay una especie de porosidad entre los siete tipos de amor, que se filtran y se interpenetran. ¿Por qué les ocurre esto? Probablemente porque se basan en un enfoque individualista.

Pero ha habido algunas críticas de intelectuales brillantes:

* Eric Fromm, en su libro clásico El Arte de Amar (1956), considera que el amor es una capacidad interpersonal y creativa de los humanos, más que una emoción. Subraya que el amor genuino implica la preocupación por el otro y el deseo de satisfacer sus necesidades en lugar de las propias.

* M. Scott Peck, en El Camino Menos Transitado (1978) enseña que el amor es una actividad o una inversión en vez de un sentimiento. Contrasta sus propios puntos de vista sobre la naturaleza del amor con una serie de conceptos erróneos comunes sobre el amor, especialmente el hecho de que el amor se identifica con una experiencia romántica, y se basa únicamente en sentirse enamorado.

Pero podemos y debemos ir más allá; como dice el texto del Evangelio de hoy, el amor es la esencia de la vida y la esencia de Dios mismo. De hecho, los Diez Mandamientos se dividen en dos grupos, los primeros cuatro tratan sobre cómo amar a Dios y los últimos seis cómo amar al prójimo como a mí mismo. En verdad no podemos romper las leyes de Dios… nos rompemos contra ellas. Eso no funciona. Saltas de un rascacielos y no rompes la ley de la gravitación. Te rompes la cabeza, pero no la ley de la gravitación. Por eso, con el profeta Oseas, podemos contemplar a Dios como un Padre que guía nuestros pasos, no como un juez:

Porque rectos son los caminos del Señor, y los justos andarán por ellos, pero los transgresores tropezarán en ellos.

Tanto para nuestra vida espiritual como apostólica, es importante comprender que hay más que una “porosidad” entre el amor natural y la verdadera caridad, el amor de Cristo:

Si el cristiano perdiera la gracia santificante por el pecado mortal, la fe quedaría reducida a creencia; la esperanza, a expectativa; la caridad, a amor. Quien tiene la desgracia de cometer el pecado grave pierde, entonces, la caridad pero no el amor, la esperanza pero no la expectativa, la fe pero no la creencia. Las virtudes constitutivas –creencia, expectativa y amor– son disposicionales de sus correspondientes virtudes teologales que se adquieren con la gracia santificante (Fernando Rielo, Humanismo de Cristo).

Al decir que lo primero es amar a Dios y después amar a nuestro prójimo, Jesús no está hablando de leyes específicas. Está hablando de nuestra naturaleza y estableciendo un principio práctico que ha de ser aplicado en cada situación.

El verdadero amor puede ser captado únicamente por la persona que ama. Si sé que Dios me ama, pero no implemento su amor en mi vida, es como quien estudia el agua sin beberla. Mi comprensión del agua no sacia mi sed. No necesito conocimientos sobre el agua, necesito beber agua.

Considerado como mandamiento, como una ley, el amor no es prohibitivo ni restrictivo, diciendo que hagamos lo mínimo. Nos dice que siempre podemos amar más. El amor (como la fe y la esperanza) es ilimitado, no conoce fronteras. Esto explica por qué necesitamos los dones del Espíritu Santo para progresar en la caridad, para pasar de la tolerancia a la comunión, porque no tenemos la capacidad de amar como Él nos ha amado.

En un parque, se podría encontrar un letrero con uno de estos textos:

1- Se prohíbe arrancar las flores.

  1. Por favor, no arrancar las flores.

3- Los amantes de las flores no las arrancan.

 

Sólo el último va más allá del miedo o el deseo de aprobación. La verdadera motivación para cada una de nuestras acciones sólo puede ser el amor y sólo se llega a Dios a través de la entrega total al prójimo. Si perdemos este espíritu de la ley, que se basa en el amor de Dios y su amor por nosotros, nos preocuparemos más por obedecer las leyes servilmente que por vivir la belleza de las leyes. Cuando eso sucede, en lugar de ser nuestro aliado, la ley se convierte en nuestro enemigo.

  1. El poder del amor. Sólo con una experiencia de amor podemos cambiar radicalmente nuestras vidas. A veces, se trata de un proceso largo, a veces es algo… instantáneo.

La capacidad de tener relaciones sanas y entrañables comienza en la infancia, en las experiencias más precoces de un niño cuyos padres satisfacen de manera segura todas sus necesidades. Esas relaciones parecen establecer patrones de relación con los demás. Nuestra capacidad para el amor humano depende mucho de cómo nuestros padres nos han amado incondicionalmente desde que plantaron esa semilla de amor en nosotros. Nuestro egocentrismo también puede ser curado por el testimonio y la inocencia de alguien con una vida muy cercana a Dios.

Un día, un hombre santo preguntó a sus discípulos: ¿Cuándo saben que la noche ha terminado y el día ha comenzado? Uno de ellos respondió: Cuando miras en la distancia y puedes distinguir entre una higuera y una palmera. Otro dijo: Cuando miras en la distancia y puedes distinguir entre un perro y una oveja. Y otros dieron respuestas similares. Pero el maestro rechazó cada una de ellas. Finalmente, los discípulos preguntaron: ¿Cuándo sabemos que la noche ha terminado y el día ha comenzado? Y el hombre santo respondió: Cuando miramos a lo lejos y no vemos diferencia entre nuestro enemigo y nuestro amigo, cuando miramos a todas y cada una de las personas con amor, entonces sabemos que la noche ha terminado y que el día ha comenzado.

No hagas cómplice a Dios de tus sentires,

que no es copla única que tú sólo cantes.

No.

No lo dudes.

Dios está más en el corazón del prójimo

que en el tuyo (Fernando Rielo, Transfiguraciones).

¿Por qué una persona abraza la fe en Cristo? ¿Porque ciertos argumentos brillantes de alguien le han convencido de la verdad? Eso podría ayudar, ciertamente. Pero la mayoría de las veces, es porque experimenta el amor de Dios cuando una persona cercana a Dios proyecta ese amor en ella.

Un misionero tuvo una experiencia que le cambió la vida cuando visitaba una colonia de leprosos en América del Sur. Acompañaba a los enfermos, oraba con ellos, cantaba con ellos, y les leía las Escrituras. Conoció a una mujer llamada Rose. Sus ojos se habían malogrado, dejándola ciega. Sus manos y pies sólo eran muñones. Tenía sangre en la cara de los mosquitos que le picaban, porque no podía espantarlos. Sin embargo, cuando el misionero se estaba preparando para orar por ella, y le preguntó su intención de oración, ella le pidió que orara para que Dios la ayudara a mostrar a los médicos que Cristo estaba vivo en su vida. Ella quería que los médicos sintieran la gracia de Dios. Su preocupación no era por su propia salud y comodidad. Su verdadera pasión era el amor de Dios.

Cuando Santa María Magdalena lavó los pies de Jesús con sus lágrimas y los secó con su cabello, Él dijo: Siempre habrá pobres entre ustedes, pero no siempre me tendrán a mí. Las palabras de Cristo se hacían eco de las palabras de Deuteronomio (15:10, 11): Sin falta le darás, y no sea tu corazón maligno cuando le dieres; que por ello te bendecirá el Señor tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que pusiereis mano. Porque nunca faltarán pobres en tu tierra; por eso te ordeno: Con liberalidad abrirás tu mano a tu hermano, al necesitado y al pobre en tu tierra. La misericordia y la generosidad son una forma de vida, no un proyecto. No ayudamos a los necesitados porque pensamos que terminaremos con la pobreza, sino porque esa es la clase de personas que Dios nos llama a ser. Compartimos por ser quienes somos.

Las formas mundanas de amor son realmente vínculos emocionales y sus limitaciones pronto se hacen evidentes:

Un joven recibió este mensaje de su ex-novia: Querido Juan: no tengo palabras para expresar la desdicha que he sentido desde que rompimos nuestro compromiso. Por favor dime que volverás. Nadie podría ocupar el vacío que dejaste en mi corazón, así que, por favor, perdóname. De verdad te amo.

Siempre tuya, Beatriz.

P.D. Y felicidades por ganar el Primer Premio de la Lotería Nacional.

 

Cuántos amores falsos

frente a uno verdadero (Fernando Rielo, Transfiguraciones).

 

  1. La caridad, en la práctica. En nuestro Examen Ascético, después de revisar nuestras faltas contra la caridad, declaramos si hemos aprovechado todas las oportunidades disponibles para transmitir el Evangelio y viceversa, si hemos convertido cada momento en una ocasión para testimoniar la presencia de la Santísima Trinidad. Este es el Voto Apostólico que, junto con el Voto de la Cátedra, representa para un misionero idente la forma más exquisita posible de practicar la caridad. Como dice la Primera Lectura, el Espíritu Santo hará fructíferos nuestros esfuerzos cuándo y cómo lo desee: El Dios de tus padres te dará una tierra en la que mana leche y miel.

En medio de los afanes cotidianos, ¿cuántas veces olvidamos el propósito de nuestra misión, que es, en última instancia, llevar a otros a Cristo, invitándolos a una vida de santidad? No debemos olvidar que, permitir que otros hagan el bien, es preparar sus corazones para recibir la gracia de la conversión:

San Martín de Tours era un soldado romano que buscaba la verdadera fe. Un día de invierno se encontró con un hombre sin ropa, pidiendo limosna. Se compadeció de él, cortó su manto en dos y le dio la mitad al desconocido. Esa misma noche soñó con la aparición de Cristo, que vestía una capa rasgada. Cuando uno de los ángeles le preguntó: Maestro, ¿por qué llevas esa capa destrozada? Jesús respondió: Mi siervo Martín me la dio. Después de esta visión, Martin se bautizó de inmediato.

No existe una santidad auténtica fuera de la misión de cuidar el bien espiritual y material de los demás. Santa Teresa de Ávila dice que la forma más segura de saber que amamos a Dios es cuando amamos a nuestro prójimo: No podemos estar seguros de estar amando a Dios, aunque podemos tener buenas razones para creer que lo hacemos, pero podemos saber bastante bien si estamos amando a nuestro prójimo.

 

Muchos entienden el amor

como forma de alquilar al prójimo (Fernando Rielo, Transfiguraciones).

 

 

 

 

Consejos para aprovechar al máximo la Santa Misa

  1. El Rito de Conclusión. Para completar la oración del Pueblo de Dios, y también para concluir todo el Rito de la Comunión, el Sacerdote pronuncia la Oración después de la Comunión, en la que suplica por los frutos del misterio que se acaba de celebrar.

El Rito de Conclusión consta de los siguientes elementos:

  1. a) anuncios breves, en caso de ser necesarios;
  2. b) saludo y la bendición del sacerdote,
  3. c) despedida de la comunidad por parte del diácono o del sacerdote, para que cada uno vuelva a sus quehaceres, alabando y bendiciendo a Dios,
  4. d) beso del altar por el sacerdote y el diácono, seguido de una profunda reverencia al altar por el sacerdote, el diácono y los otros ministros.

Pueden ir en paz,

o las demás formas posibles de despedida, no tienen la intención de conservar la paz de Cristo en nuestros corazones para beneficio personal. Más bien, habiendo participado en toda la misa, debemos recoger lo que hemos recibido en palabra y sacramento y llevarlo al mundo para que la paz de Cristo pueda llegar a todos en abundancia. Esto se expresa muy claramente en la Oración después de la Comunión de uno de los domingos en el Tiempo Ordinario que dice:

Señor, lleva a la perfección en de nosotros la comunión que hemos compartido en este sacramento.

Que nuestra celebración tenga efecto en nuestras vidas.

Como la presencia real de Cristo en el Pan consagrado no termina con la Misa, la Eucaristía se guarda en el sagrario para que la Comunión sea llevada a los enfermos y para la adoración silenciosa del Santísimo Sacramento. La adoración eucarística fuera de la misa, sea de manera privada o comunitaria, nos ayuda de hecho a permanecer en Cristo.

Por lo tanto, los frutos de la misa están destinados a madurar en la vida cotidiana. En verdad, al reforzar nuestra unión con Cristo, la Eucaristía actualiza la gracia que el Espíritu nos dio en el Bautismo y en la Confirmación para que nuestro testimonio cristiano sea creíble.

Finalmente, el participar en la Eucaristía nos guía en nuestras relaciones con los demás, especialmente con los pobres, llevándonos a pasar de la carne de Cristo a la carne de los hermanos, en quienes Él espera ser reconocido, servido, honrado y amado por nosotros.

Como llevamos el tesoro de la unión con Cristo en vasijas de barro, tenemos necesidad constante de volver al altar santo, hasta que disfrutemos plenamente en el Paraíso de la beatitud del banquete de bodas del Cordero.

 

¡Ánimo, levántate! Él te llama!

By | Evangelio | No Comments

Por el p. Luis Casasús, Superior General de los misioneros Identes,
Paris, 28 de Octubre, 2018,  XXX Domingo del Tiempo Ordinario. 
(Jeremías 31,7-9; Carta a los Hebreos 5,1-6; Marcos 10,46-52).

Cada vez que pienso en los puntos de nuestro Examen Místico … tengo la impresión de que es insuficiente llamarlos puntos. Componen una imagen completa de nuestra relación con las personas divinas. Mirando hoy la figura de Bartimeo, podemos entender lo que nuestro Fundador y todos los místicos llaman Aspiración.

Nada se sabe sobre la vida de este ciego; probablemente había sido invidente durante muchos años desde que era joven, o durante toda su vida. Pero lo importante es que se dio cuenta de que algo (o, mejor dicho, alguien) le estaba atrayendo. Y fue dócil a ese empuje dinámico que hay tras nuestra intención de alcanzar lo absoluto. Esto es aspiración, inhalar el amor y avanzar por el camino que ese amor abre en nosotros.

En palabras sencillas, la aspiración más profunda del corazón humano es el deseo de amar y ser amado. El hombre ha sido creado por amor y para el amor y sólo en el amor puede crecer y dar fruto.

Permítanme usar una metáfora muy pobre: cuando alguien se da cuenta que está seriamente enamorado de una persona (no hablamos de un capricho) y que se trata de un sentimiento mutuo, experimenta una euforia, un arrebato, una alegría desencadenada que le anuncia: Todo lo que hagas en tu vida, toda tu existencia, girará en torno a este amor. Este sentimiento puede ser ahogado o alimentado, puedo ser consistente o incoherente con él, pero nunca olvidaré ese momento y esa experiencia me enseñará mucho mí. Es más que un deseo o un anhelo. Lo importante aquí es que este sentimiento no depende solo de mí, de mi corazón; está moldeado por otra persona.

Cuando Bartimeo escucha el alboroto a su alrededor, es fiel y consistente con este impulso o aspiración, más profundo que el mero conocimiento o el deseo. Sus defectos, su debilidad y la oposición de la gente son incapaces de detener ese impulso sobrenatural que le invade.

La gente que conocía a Bartimeo ciertamente podía darle dinero, comida o ropa, pero nuestro Padre Celestial quiere cambiarnos de adentro hacia afuera, quiere tocar la raíz, no las ramas de nuestras vidas; nos quiere dar la vista, no un par de lentes.

De hecho, esta aspiración es más que una vocación o una invitación. Ser aspirado es algo realmente violento, como la succión de un tornado o la fuerza de un potente remolino de agua. Esto es lo que le sucedió a Bartimeo, lo que lo obligó a saltar, a abandonar su manto y a correr detrás de Cristo.

Cuando llegamos a un punto crítico de nuestra vida, puede que nos demos cuenta de que necesitamos desesperadamente a Dios. Hemos sido testigos de cómo la impotencia experimentada por los moribundos y las personas cercanas a ellos se convierten en una oportunidad para crecer en la fe y la esperanza. Si bien la certeza de la muerte puede suponer un sufrimiento intenso, si una persona moribunda se aferra a Dios, lo que parecía sin sentido adquiere significado y valor.

Hemos de estar atentos, porque el verse inmerso en esta aspiración puede suceder en momentos muy difíciles, como ocurre con las Bienaventuranzas. Estas constituyen un desafío y, a primera vista, pueden resultar desalentadoras. Pero lo cierto es que Cristo nos llama a aspirar a ellas. Experimentamos esta aspiración cuando sorprendentemente, nos encontramos enfocados sólo en nuestra misión y no estamos tentados ni distraídos por los obstáculos del mundo o por nuestra propia debilidad e ignorancia. Es un verdadero y profundo cambio de identidad; como aconsejan los psicólogos: No te identifiques con lo que sabes, sino con la forma en que creces.

De hecho, esto es lo que dice San Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual:

Y esta tal aspiración de el Espíritu Santo en el alma con que Dios la transforma en sí le es a ella de tan subido y delicado y profundo deleite, que no hay decirlo por lengua mortal

María, Nuestra Madre, en su Magnificat, hace una descripción poética de estos poderosos momentos de aspiración, cuando nuestra visión de la vida cambia radicalmente:

Ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava,

y por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí.

Y ese es también el mensaje de seguridad y confianza en la Primera Lectura: Los conduciré a los torrentes de agua por un camino llano, donde ellos no tropezarán. En nuestro Trisagio, expresamos la “bipolaridad” de nuestra aspiración diciendo: Ruega por nosotros pecadores, para que seamos santos. Colaboramos con la gracia de Dios al reconocer nuestras tentaciones, nuestras distracciones, nuestras dudas y al permitir que Cristo ore por nosotros, con nosotros y en nosotros. Nuestra aspiración tiene asociado un consuelo profundo: que no hay nada en nuestras vidas que Dios no pueda usar como un medio de salvación; somos perdonados y amados incondicionalmente.

La cumbre de la aspiración divina la expresó el Hijo de Dios: Padre, que se haga tu Voluntad.

Es importante insistir en el papel principal del Espíritu Santo; de lo contrario, ante las pruebas, los malentendidos o la oposición, incluso si hemos tenido un encuentro íntimo con Dios, nos desilusionamos y nos desanimamos. Esto se destaca en la Segunda Lectura: Y nadie se arroga esta dignidad, si no es llamado por Dios como lo fue Aarón.
Por eso, Cristo no se atribuyó a sí mismo la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.

Es Cristo quien nos llama y también es el Espíritu Santo quien determina los momentos en que nuestras miserias y dudas quedan abandonados en nuestro viejo manto… para poder comenzar a correr detrás de Jesús.

Bartimeo tuvo visión no sólo para reconocer su ceguera física, sino también la profunda necesidad de Dios en su vida, porque Cristo, al compartir nuestra naturaleza humana, tiene una honda comprensión de nuestras necesidades. He aquí una anécdota entrañable:

El Papa San Juan Pablo II cayó enfermo entre dos de sus viajes pastorales. Los médicos le ordenaron que descansara en la cama, pero insistió en que Dios le había confiado la misión de llevar a los fieles del mundo a una unión más estrecha con Dios. Cuando decidió levantarse y reanudar sus viajes, lo que muchos juzgaron demasiado precipitado, una de las hermanas enfermeras encargadas de su atención médica insistió que debía dejar por ahora esa misión y volver a descansar; le manifestó su preocupación diciendo: Estoy preocupada por Su Santidad; a lo que él respondió: Yo también estoy preocupado por mi santidad.

Por supuesto, San Juan Pablo II no estaba haciendo un juego de palabras. No sé cómo terminó el diálogo, pero lo importante aquí es que las posibles debilidades personales del Santo Papa se hicieron secundarias, casi irrelevantes al lado del llamado divino. Y esta es una característica esencial de la aspiración.

Bartimeo era un mendigo de profesión, conocía su territorio, las mejores ubicaciones, el enfoque más atractivo, la manera de ganarse el favor en lugar de ser reprendido, la forma de ser visible sin ser desagradable. Él era un experto; así que supo acercarse a Cristo: Ten piedad de mí. Es decir: Necesito ayuda. Primero llamó la atención de Cristo pidiéndole su misericordia. Y luego sólo pidió lo que reconocía como lo más importante: la vista. Tenía muchos otros problemas, como nosotros. Pero sabía que, si Dios podía tocar el centro de su vida, esa liberación llevaría a todas las demás.

Hay más que podemos aprender de la historia de Bartimeo:

* Realmente quería llamar la atención de Cristo y gritó aún más fuerte: ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí! Recordemos: Cristo nos dice que no dejemos de pedir. Todos somos mendigos. El joven rico no era consciente de su pobreza radical; no tenemos nada que sea realmente nuestro.

* Si abrimos los ojos suficientemente, nos damos cuenta que Dios ha enviado personas a nuestras vidas para animarnos: ¡Ánimo, levántate, te está llamando! Él también nos está diciendo estas palabras a través de nuestros amigos, o cuando leemos la Palabra de Dios.

* ¡Llámenlo! dice Cristo. Podríamos reflexionar hoy sobre las personas que directa o indirectamente han traído a Cristo a nuestra vida: padres, familiares, amigos, maestros, libros, conversaciones, … De igual modo, hay personas que esperan escuchar el llamado de Jesús a través de nosotros. Es a través de otros como somos llamados constantemente. Demos gracias por sus vidas.

* Al final de la narración, vemos a Bartimeo siguiendo a Jesús en su camino, el Camino. Fue llamado a hacer de su vida un sacrificio vivo por los demás: Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, agradable a Dios, que es el culto racional de ustedes (Rom 12: 1). ¿Somos capaces de compartir con otros lo que nuestro Padre ha hecho por nosotros? La proclamación de la Buena Nueva no se reduce a doctrinas y rituales, sino a unas buenas noticias que, quienes la reciben quedan liberados y sanados.

Consejos para aprovechar al máximo la Santa Misa

  1. La invitación a la Comunión. Al ver a Jesús caminando, San Juan Bautista lo señala a sus propios discípulos: Éste es el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo. El decir éste es, tiene aquí un sentido de mirar, de prestar atención, de fijarse bien.

Dichosos los invitados a la cena del Señor: La Última Cena, la Cena del Señor y la Cena del Cordero.

-La Última Cena es la que Cristo compartió con sus discípulos la noche antes de morir. Durante ella nos dio la Eucaristía y la Santísimo Sacramento, encomendándonos celebrarlo en su memoria.

-La Cena del Señor es otro nombre que puede usarse para la Última Cena. También puede ser usado como un nombre de la misa en sí. Cuando cumplimos su mandato, nos hacemos presentes en su obra de salvación. Al recordar las palabras que dijo Jesús en esa Cena, compartimos la ofrenda de la vida de Jesús en la Cruz, su sacrificio, y nos unimos a su resurrección y gloriosa ascensión.

-La Cena del Cordero proviene del libro de Apocalipsis (19, 9), donde habla de una cena matrimonial. Esa fiesta o cena de matrimonio se menciona en algunas de las parábolas de Jesús sobre el reino de los cielos. Es la gran fiesta de celebración en el cielo, es el don del mismo cielo.

-Señor, no soy digno. Cuando el centurión confesó a Jesús que no era digno de recibirlo bajo su techo – en su casa – no era porque las cosas estuvieran un poco desordenadas o que se necesitara un poco de pintura. Él reconoció su propia indignidad de recibir la visita del Señor para curar a su siervo enfermo (ver Mateo Capítulo 8).

En la Edad Media, cuando el sacerdote llevaba la Sagrada Comunión a una casa, se daba la bienvenida a Cristo en el hogar, repitiendo las mismas palabras del centurión. No se disculpaban por la falta de pintura o los muebles rotos. Admitían su indignidad de que el Señor entrara bajo su techo, y mucho menos en el hogar de sus corazones. Admitían que no merecían un huésped tan bueno, aunque reconocían que lo necesitaban y lo recibían con mucho gusto. De forma natural, se incluyó esta frase en la misa para todos nosotros.

Al repetir las palabras del centurión sobre mi indignidad de recibir a Jesús, no sólo pido perdón, sino curación. Admito que soy un pecador que necesita el toque sanante de Jesús para transformar mi vida. Al recibirlo en la Comunión, admito mi debilidad y mi necesidad de este alimento medicinal.

-En mi casa. Esto puede ayudarme a pensar en cómo Jesús hace su hogar en mí, como debo hacer el mío en él. Debo darle la bienvenida, escucharlo y esperarle como hicieron Marta y María cuando recibieron a Cristo bajo su techo. Me puede llevar a pensar en cómo llevo a Cristo conmigo cuando salgo de Misa, en mi corazón, al corazón de mi hogar. Él debe ser ese invitado silencioso e invisible bajo mi techo. Lo he recibido en la Sagrada Comunión y debo ser consciente de que Él camina conmigo en mi vida diaria.

 

¿Qué significa servir?

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Por el P. Luis Casasús, Superior General de los Misioneros Identes
París, Comentario al Evangelio del 21 de Octubre, 2018.
XXIX Domingo del Tiempo Ordinario (Isaías 53,10-11; Carta a los Hebreos 4,14-16; Marcos 10,35-45).

Esta pregunta es peligrosa. Nos puede llevar a seleccionar algunas de las mejores cualidades de servicio que hemos entendido, porque hemos analizado y diseccionado los rasgos de Cristo como servidos.
¿Quién puede negar que un verdadero servidor debe ser Abierto a aprender, Sumiso, Paciente, Diligente, Productivo, Leal y Honesto? Podríamos elegir otros descriptores y el esfuerzo siempre valdrá la pena, porque Cristo definió su misión con una sola palabra: Servir.
Pero esa actitud de servicio no es simplemente algo sobre lo que Jesús habló a otros… ¡lo vivió! Sólo cuando nos detenemos un instante para entregar nuestro tiempo a los demás, nos damos cuenta del verdadero significado del servicio.
Nada se dice del servicio en abstracto; Jesús manifiesta con sus actos la actitud que han de vivir los discípulos. No habla de una virtud, sino que apunta a algo que Él, mismo hace.

Por favor, tomemos nota de la siguiente historia. Especialmente si somos un líder o superior religioso: Durante la Revolución Americana, un hombre vestido de civil pasó junto a un grupo de soldados que estaban esforzándose por sacar un carro de caballos atascado en un profundo lodo. Su oficial les estaba dando instrucciones, aunque él no intentaba empujar. El hombre que presenciaba la escena preguntó al oficial por qué él mismo no empujaba también. Con gran dignidad, el oficial respondió: ¡Señor, soy un cabo! El hombre desmontó de su caballo y empezó a ayudar a los agotados soldados. Cuando se completó el trabajo, se dirigió al cabo y le dijo: Señor cabo, la próxima vez que tenga un trabajo como este y no tenga suficientes hombres para hacerlo, informe a su comandante en jefe, vendré y le ayudaré de nuevo. Demasiado tarde, el orgulloso cabo reconoció…al general Washington.

Sí, el Evangelio de hoy trata un tema particularmente delicado, porque incluso para personas con corazón manso, mente clara y manos trabajadoras, no es fácil hacer lo más perfecto y adivinar en todo instante cuál es servicio oportuno y necesario a realizar.

Tenemos que estar en un estado de permanente oración para no dejarnos engañar por nuestras buenas
intenciones (mezcladas con nuestros intereses personales y egocentrismo):
* Marta, Marta, estás ansiosa y preocupada por muchas cosas. Sólo una cosa es necesaria.
María ha elegido la mejor parte y no le será quitada.
* Señor, ¿Tú lavarme a mí los pies? … Nunca me lavarás los pies (Jn 13: 6,8).
Con frecuencia, nuestros corazones buscan hacer algo muy grande, algo que requiera mucho sacrificio y, a menudo, nuestro corazón no ve las cosas humildes. Las grandes oportunidades para servir a los demás rara vez llegan, pero las pequeñas nos rodean todos los días.

Debemos aprender a hacer las cosas sencillas que, a menudo, son las más difíciles de hacer, porque realmente tenemos poca visión. Por eso les invito a que hoy hagamos todos una reflexión personal sobre cómo traducir a nuestras vidas el ejemplo de Jesús, los santos y muchos verdaderos siervos del reino.

He aquí otro ejemplo inspirador:En 1952, un hombre llegó a una estación de ferrocarril para recibir el Premio Nobel de la Paz. Cuando bajó del tren, todos los flashes se dispararon y los funcionarios de la ciudad se acercaron a reunirse con él; entonces, les dio las gracias cortésmente y pidió ser excusado por un minuto. Caminó a través de la multitud al lado de una anciana que intentaba arrastrar dos maletas grandes. Las recogió, sonrió y la acompañó a su autobús, la ayudó a subir y le deseó un buen viaje. Luego, Albert Schweitzer, el famoso misionero médico en África, se dirigió a la gente y se disculpó por hacerlos esperar. Un miembro del comité de recepción dijo a un reportero: Es la primera vez que veo un sermón caminando.

Permítame insistir en la prioridad de servicio:
De nada servirían las teologías, las filosofías, las especialidades científicas sin este concepto hondísimo del servicio, cuyo primer ejemplo lo dio Cristo cuando lavó los pies a sus discípulos, y no permitió que se los lavasen a Él (Fernando Rielo, 27 Feb., 1982).

Como discípulos de Cristo, no somos mejores que muchas otras personas que sirven generosamente y con admirable desapego. La diferencia es que tenemos el privilegio de servir con Cristo y en su presencia; eso significa que llevamos a nuestro prójimo a Dios y traemos a Dios hasta nuestro prójimo, porque nos guía el ejemplo de Cristo en nuestras humildes acciones. ¿No es eso un privilegio? ¿Y no lo es el servir al propio Cristo? Sabemos que Jesús ha llegado antes que nosotros y se ha identificado con los que sufren, dejando el mensaje de que yo estoy con ustedes, el Espíritu está con ustedes y sepan que son amados como mi Padre me ama.

Solemos decir que el secreto de ser feliz es hacer algo por los demás. Gandhi, a partir de su propia experiencia concluyó que la mejor manera de encontrarse a sí mismo, es perderse en el servicio de los demás. Incluso la sabiduría china dice lo mismo en un sabio proverbio:

Si quieres felicidad por una hora, toma una siesta. Si quieres felicidad por un día, ve a pescar. Si quieres felicidad por un mes, cásate. Si quieres felicidad por un año, hereda una fortuna. Si quieres felicidad para toda la vida, ayuda a otro.

Mencionamos antes a Albert Schweitzer. Desde su perspectiva como evangelizador y servidor de los más pobres, dijo lo siguiente a un grupo de estudiantes: No sé cuál será el destino de ustedes, pero sí sé una cosa: los únicos entre ustedes que serán realmente felices son aquellos que hayan buscado y hayan encontrado una manera de servir.

¿Por qué es así?
Porque, si nos fijamos en nuestra propia experiencia de servicio, cuando servimos nos convertimos en lo que somos y lo que hacemos. En esas cosas humildes que podemos hacer por nuestro prójimo, compartimos el mismo cáliz de Cristo en nuestra vida de cada día, entregándonos por el bien de los demás.

Por otro lado, notamos que nuestra vida se va arruinando cuando se enfría nuestra pasión por ayudar a los demás.

Las palabras de Leon Tolstoi resuenan en los corazones de muchas personas, dentro como fuera del mundo cristiano: El precepto ético más sencillo y más breve es ser servido lo menos posible … y servir a los demás tanto como se pueda.

Pero, seamos realistas; a menudo, las personas a las que tratamos de servir no son agradecidas y todos nuestros esfuerzos nunca son suficientes para satisfacerlas. Solo Él puede darnos la paciencia, el valor, la humildad y la perseverancia para hacer el bien, incluso cuando somos ridiculizados y mal entendidos. No estaremos exentos de sufrir cuando hagamos el bien.

La primera lectura, escrita unos seis siglos antes del nacimiento de Cristo, anuncia la victoria del Siervo sufriente, que es condenado a muerte por ser el siervo de Dios, pero finalmente recompensado y liberado por Dios de la muerte eterna. Este ha sido siempre el caso: aunque el siervo sufra y muera, se producirá un bien mayor. ¿Qué sucede cuando servimos en Su nombre? Sobre todo, cosas inesperadas. Y normalmente invisibles para la persona que sirve. Nuestras humildes buenas acciones son
como pequeñas piedras arrojadas a la piscina del tiempo; aunque las piedras mismas puedan desaparecer, sus ondas se extienden a la eternidad. Muy parecido al caso de la pobre viuda que Jesús alabó cuando dio todo lo que tenía como limosna. Misteriosamente, pero con seguridad, ese hábito de vivir para los otros y morir a sí mismo se convierte en el medio para
compartir plenamente la vida de Dios.

John Ruskin, el escritor inglés del siglo XVIII, visitaba a un amigo y estaba en pie mirando por una ventana de la casa. Era de noche y el farolero encendía las farolas. Desde la ventana solo se podían ver las farolas que se estaban encendiendo, y la luz que el farolero llevaba de una lámpara a otra. El farolero no era visible. Ruskin observó que el farolero era un buen ejemplo de lo que es un verdadero cristiano. Su camino estaba claramente iluminado por las luces que él encendía, y la llama que él mantenía ardiendo, a pesar de que él mismo podría ser ignorado o invisible.

Al comienzo del evangelio, Jesús dice que Él es la luz que había venido al mundo. La mayor recompensa por hacer el bien es la oportunidad de hacer más. Si somos fieles en las cosas pequeñas, Dios nos da autoridad en cosas más grandes que el mundo no puede entender o llevar a cabo:

Una mujer bien vestida estaba de safari en un país pobre. Su grupo se detuvo brevemente en un hospital para leprosos. El calor era intenso, las moscas zumbaban por todos lados. Observó que una enfermera estaba agachada en la tierra, curando las llagas llenas de pus de un leproso. Con desdén, la mujer comentó: ¡No haría eso por todo el dinero del mundo! La enfermera respondió suavemente: Yo tampoco.

María se llamó a sí misma “sierva de Dios, esclava de Dios” y se abrió libremente a todo lo que se le pedía. Y todos sabemos cuál fue la impresionante respuesta de Dios a través de la gracia. Ciertamente, uno de los resultados más fascinantes de cualquier vida tocada por la presencia de Cristo es cómo se despierta el deseo de servirlo en cada área de la vida.

Nuestro servicio va siendo impulsado más y más por un sentido de gratitud por el amor y la presencia de Dios en nuestras vidas y por un deseo de glorificarlo en todo lo que hacemos: Amamos porque Él nos amó primero (1 Jn 4:19).

La primera condición para empezar a servir. En la parábola del Buen Samaritano, vemos que lo primero que necesitamos para servir es darnos cuenta de que alguien está sufriendo. El samaritano fue consciente de que alguien estaba en apuros. Los otros personajes de la historia habían endurecido engañosamente sus corazones. Sí, primero, como discípulos de Cristo, debemos tomar conciencia de quienes están en necesidad, ya sea física, emocional o espiritual, porque están ahí al lado, no muy lejos de nuestra puerta y también están en nuestra propia casa y comunidad. La Segunda Lectura nos dice: No tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades. Roguemos al Espíritu Santo todos los días para que despierte nuestra sensibilidad.

Rabindranath Tagore escribió este conocido poemita:

Dormí y soñé que la vida era alegría.
Desperté y vi que la vida era servicio.
Serví y he aquí,
que el servir era alegría.

El cuidado adecuado de los demás puede tomar bastante tiempo. Esto explica por qué a veces podemos tratar con afecto a los enfermos que visitamos… pero nos cansamos de ayudar a los hermanos y hermanas en nuestro hogar.

Un comentario final. Jesús nos está dando hoy un brillante ejemplo de la educación del éxtasis. Santiago y Juan son ambiciosos y egocéntricos, pero Jesús no los reprende, sino que busca redirigir su ambición. La respuesta de Jesús a los discípulos es un llamado a la abnegación y al compromiso personal. Cuando nuestra energía ya no está dirigida a nosotros mismos, no necesitamos protegernos o luchar por cosas mundanas, sino que utilizamos toda nuestra energía en servir.

Consejos para aprovechar al máximo la Santa Misa
12. 
Rito de la paz y la Fracción del Pan. Por el Rito de la paz, la Iglesia exhorta a la paz y la unidad en su seno y en toda la familia humana, y los fieles se expresan mutuamente su comunión y caridad antes de actualizar su comunión en el Sacramento. En cuanto a la forma del signo de paz que ha de darse, las Conferencias Episcopales deben establecerla de acuerdo con la cultura y las costumbres de los pueblos. Sin embargo, es conveniente que cada persona, de una manera sobria, ofrezca el signo de paz sólo a los más cercanos.

El sacerdote parte el pan eucarístico, con la ayuda, si el caso lo requiere, del diácono o concelebrante. El signo de partir el pan, hecho por Cristo en la última cena, significa que todos los fieles se hacen un solo cuerpo (1Cor 10:17) al recibir la Comunión del único Pan de Vida, que es Cristo. El sacerdote o diácono parte el Pan y pone una partícula de la sagrada forma en el cáliz para indicar la unidad del Cuerpo y la Sangre del Señor en la obra de la salvación. La súplica Agnus Dei (Cordero de Dios …) es cantada por el coro o solista y la asamblea responde; todo ello recitado o en voz alta.

El Evangelio, un camino para llegar a Dios.

By | EE.UU., Norteamérica | No Comments

El pasado 28, 29 y 30 de Septiembre se realizó el retiro anual Motus Christi para mujeres de habla inglesa, y en esta ocasión en el Seminario de la Inmaculada Concepción en Huntington, Long Island.

Se impartieron varias charlas de vida espiritual, basadas en el Evangelio, como camino de vida y acercamiento a nuestro Padre Divino. Se percibió una inmensa gratitud por el amor y la misericordia infinita de Dios a sus hijas, que respetando nuestra libertad nos anima a vivir la santidad en común, dejando los miedos, dudas, preocupaciones y el equipaje tan pesado en sus manos,  y que El hará de ellos pedazos de cielo. La convivencia y el compartir en familia fue parte muy importante del desarrollo y feliz fruto del Retiro.

Estos días se vivieron con verdadero gozo y ternura; momentos de un reencuentro y nutrición de vida espiritual.

Estrechando lazos a partir del mandato “Sean santos”.

By | México, Norteamérica | No Comments

Bajo el lema: “Sean santos así como su Padre celestial es santo”, se llevó  a cabo en la ciudad de San Juan del Río, Querétaro, el sexto encuentro de la comunidad “Quédate con Nosotros” fundada por el P. Efraín Gómez quien comentó que el objetivo de esta convivencia familiar es reavivar la pertenencia al carisma, redescubriendo el sentido de nuestra existencia, la unidad a sus ideales y la misión que se tiene en la sociedad y en la Iglesia.

El encuentro se realizó en el Colegio Centro Unión, inició el viernes 7 de septiembre con una recepción donde los jóvenes nos deleitaron con su creatividad presentando varios números artísticos, a través de los cuales compartían “la alegría de ser católicos”.

En el segundo día del encuentro tuvo lugar la Conferencia magna a cargo del Pbro. Manuel García Moreno quien generosamente nos compartió su reflexión sobre la Exhortación Apostólica “Gaudete et Exsultate”. Mencionó que “santo” viene del griego hagíos que significa “sin tierra”, por lo tanto para vivir la santidad necesitamos desmundanizarnos, hacer que nuestras raíces estén firmes en el cielo. Los santos, decía,  son aquellos que se dejan impregnar por el perfume de Dios, para poder así transpirar su aroma, aroma de santidad. Nos invitó a mirar la santidad no como una meta sino como una consecuencia, la consecuencia de estar en la presencia de Dios.

En el Foro “Gaudete et Exsultate: Estados de vida camino a la santidad” participaron dos misioneras Identes, quienes tuvieron la oportunidad de compartir al público asistente nuestro carisma. Como una primera impresión expresaron su alegría por el lema de este encuentro “sean santos como su Padre celestial es santo”, eje fundamental de la espiritualidad idente que consiste en despertar en cada uno de nosotros esa conciencia filial para vivir amando al Padre y dando testimonio de su amor en todos los lugares y con todas las personas que nos va presentando a lo largo de nuestra vida. Idente es el que va, el que va caminando identificándonos con Cristo, para ser otros Cristos, para ello es necesario vaciarnos de nosotros mismos para llenarnos de Él, para tener ese aire de familia y entonces “Id y anunciad el Evangelio” especialmente con los jóvenes que por alguna razón se hayan alejado de Dios.

Las misioneras identes tuvieron la gracia de convivir con los asistentes a este encuentro, algunos jóvenes se acercaron a preguntar más acerca del carisma Idente.

Este encuentro finalizó dejando en cada uno de los participantes un espíritu renovado para salir al mundo a ser luz que ilumine el camino hacia el Padre celestial.

La comunidad  de misioneras Identes agradece la invitación de la comunidad “Quédate con Nosotros”, por esta oportunidad para estrechar la unidad entre ambos carismas.

 

Todo eso lo he cumplido desde mi juventud

By | Evangelio | No Comments

Por el P. Luis Casasús, Superior General de los Misioneros Identes
París, Comentario al Evangelio del 14 de Octubre, 2018.
XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario (Libro de la Sabiduría 7,7-11; Hebreos 4,12-13; Marcos 10,17-30).

Debemos mucho al joven rico retratado en el Evangelio de hoy. Puede servirnos como espejo para vernos a nosotros mismos y a nuestros semejantes. No sólo debemos fijarnos en su lamentable negativa a seguir a Cristo, aunque esto también refleja nuestra propia actitud, manifestada en muchas formas diferentes.

1. Tomar la iniciativa de acercarse a Jesús revela una profunda necesidad de encontrar la plenitud de la vida. Debemos recordar esto cada vez que nos encontremos con cualquier persona, agradable o desagradable, creyente o no creyente, amigo, pariente o colega. A menudo, no somos consistentes con este impulso profundo y el resultado es una división en nuestra vida. Cuando la reina Isabel de Bélgica hizo una visita de estado a la Varsovia comunista en 1956, se le asignó un oficial de protocolo polaco para que la acompañara a la misa. Mientras iban a la iglesia, ella le preguntó: ¿Es usted católico? Él respondió: Creyente, pero no practicante. Ella dijo: Ya veo; entonces debe ser comunista Y él respondió: Practicante, majestad, pero no creyente.
Nuestro padre Fundador, hablando del joven rico, dijo: Un estado de confusión, un estado de ambigüedad había en aquel corazón inquieto y, por el mismo título que él, la inquietud en el corazón de tantos seres humanos, de siglo en siglo, desde el principio del mundo hasta el final (3 de julio, 1977). El joven rico no tiene paz porque Dios y las riquezas no se pueden mantener al mismo tiempo. Este deseo inquieto, ¿Qué me falta todavía? ¿Qué más puedo hacer? en nuestros corazones, indica que no hemos sido completamente anestesiados por el pecado, el éxito, el fracaso, el poder o la duda. Si somos dóciles, un día diremos con San Agustín: Tú estabas dentro de mí, Señor, pero yo estaba fuera de mí. Sí, ahora no estamos hablando de nuestro ego; Ya hay bastantes apegos al mundo capaces mantenernos esclavizados y ensimismados:

A las cosas que tenemos y a lo que no tenemos. A algunas actividades que hacemos y a otras actividades que no podemos realizar. A comida o a la dieta, al entretenimiento o al conocimiento, a cosas nuevas, al dinero, a la belleza y a las nuevas experiencias.

Somos tan tercos que queremos reconciliar a Dios y al mundo, como aquel hombre que llevaba una maleta en una mano y una Biblia en la otra. Un amigo le preguntó a dónde iba. Y él respondió: Voy a Las Vegas. Oí que hay mucho alcohol, juegos de azar, espectáculos y todo tipo de cosas divertidas. El amigo preguntó: ¿Y por qué llevas entonces la Biblia? Él respondió: ¡Si es tan divertido como dicen, podría quedarme hasta el domingo!
Independientemente de si es algo moral o inmoral, la tragedia es que todas esas cosas están en competencia con Dios. Parece que este gran e inquieto deseo en el joven rico quedó sofocado por la codicia de las riquezas mundanas. No es suficiente estar materialmente separados de las cosas, o evitar actividades sin sentido. El diagnóstico de Cristo es: Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

2. ¿De dónde viene esta inconsistencia? Se debe a nuestra falta de sabiduría (no simplemente la ausencia de algún tipo de “conocimiento”). Esto nos lleva naturalmente a la Primera Lectura, que nos enseña que la sabiduría es un don, una luz que recibimos para ver el verdadero valor de las cosas, para ver las cosas como realmente son, porque no podemos lograrlo debido a los límites de nuestro entendimiento y nuestra naturaleza pecaminosa.

Entonces, ¿quién podrá salvarse?
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: “Para los hombres es imposible, pero no para Dios”.

¿Cómo podemos aprovechar al máximo este don? Nuestro padre Fundador da una breve y magistral respuesta:
El método de la sabiduría en nada se parece al de las demás ciencias, pues consiste en el sufrimiento, y su plenitud es la muerte. Hay muchas formas de morir, pero no me refiero aquí a la muerte física, sino a esa muerte a uno mismo que tenemos que observar cada día para ser enriquecidos por este proceder metódico que nos inspira el Padre, concelebrado por el Hijo y el Espíritu Santo, a fin de que alejemos de nosotros la necedad, que es exactamente lo contrario de esa sabiduría en la que, por otra parte, radica la ciencia de Dios (11 septiembre, 1981 y 27 febrero, 1982).

Hay aquí abundante materia para reflexionar. Muchos de nosotros estaríamos dispuestos a renunciar a nuestro dinero (…especialmente aquellos que no tenemos mucho), pero observemos lo que dice la Primera Lectura sobre la Sabiduría: La amé más que a la salud y a la hermosura. ¿Estamos seguros de eso? En más de una ocasión, me he encontrado rogando a Dios: ¡Dame salud para servirte! La buena salud es algo maravilloso, pero en algunas ocasiones, el plan de Dios para mí podría no incluirla.

El don de la Sabiduría le da sentido a todo, especialmente al sufrimiento. Viktor Frankl, el conocido psiquiatra y superviviente de un campo de concentración, sugirió que la búsqueda de sentido transforma el sufrimiento en una experiencia positiva que cambia la vida: de alguna manera, el sufrimiento deja de serlo, en el momento en que encuentra un sentido, como el sentido que tiene un sacrificio… El sufrimiento está lleno de sentido cuando está vinculado a la percepción de un llamamiento divino en nuestra vida, el sentimiento fuerte de que todos los eventos se pueden usar para cumplir el plan supremo y misterioso de Dios. De esta manera, la sabiduría mejora y perfecciona su propio “método”, el sufrimiento. Aparte de eso, es claro que, desde el punto de vista de la comunidad, el sufrimiento une a las personas y es mucho más eficaz que la alegría a la hora de crear vínculos entre los seres humanos.

Las tradiciones espirituales y culturales de todo el mundo enfatizan que, aunque la vida resulta dolorosa, hay un poder supremo que utiliza nuestras circunstancias para hacernos humildes y formarnos en lo que desea que seamos. El sufrimiento tiene el propósito de hacernos humildes y despertarnos del sueño de la autosuficiencia. Por ejemplo, en la Odisea de Homero, el héroe Odiseo desciende al Hades, donde se encuentra con el profeta ciego Tiresias. Sólo en este punto más bajo, en las profundidades del averno, se le otorga a Odiseo el don de conocimiento, para lograr convertirse en el sabio gobernante de Ítaca.
Una de las experiencias más relevantes al recibir este don de sabiduría es la certeza y la visión clara de cómo una o más personas están íntimamente conectadas a mi vida y comportamiento espirituales, hasta el punto de ser completamente responsable de su desarrollo espiritual… y esto puede ocurrir precisamente en los momentos en que más experimento mi debilidad moral, mi falta de fuerza y mi pobreza espiritual.

3. ¿Qué es lo que Dios me pide hacer? Lo importante no es si me está pidiendo una tarea abrumadora o un simple gesto. La sabiduría nos permite implementar y poner en práctica cosas que nunca antes habíamos intentado. La sabiduría espiritual ilumina aquellas áreas de nuestras vidas donde nos tenemos que esforzar más, precisamente porque podemos hacerlo. De hecho, Cristo no juzga el corazón débil que se esfuerza, sino el corazón fuerte que no se molesta en dar más.
El joven rico podría haber seguido a Jesús y haber dado su dinero a los pobres, pero no lo hizo. En la parábola del buen samaritano, el sacerdote y el levita pudieron haber cuidado al hombre herido, pero no lo hicieron. En el juicio final (Mt 25: 31-46), a los condenados se les dice que su falta radica en su negativa a alimentar a los hambrientos, dar de beber a los sedientos y vestir a los desnudos.

En todo caso, un pecado es un bien omitido. Sin embargo, la consecuencia más negativa no se basa tanto en lo que hicimos, sino en lo que no hicimos. En la medida en que no lo hiciste a uno de los más pequeños, no me lo hiciste a Mí.
Espero que nadie vaya a pensar que los pecados de comisión no son importantes, más bien, cuando caemos en ellos, entristecemos al Espíritu Santo de Dios y, además, perdemos la oportunidad de ofrendar nuestra lucha con la tentación.
En Romanos 12 encontramos estas provocadoras palabras: No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.
Caminar una milla más, poner la otra mejilla o vender lo que tenemos y darlo a los pobres, son ejemplos de cómo dejar que la sabiduría nos guíe. Probablemente no nos vemos como personas ricas. Ser rico no sólo es tener mucho dinero, es tener tiempo, conocimiento, salud, algunos talentos y experiencias para compartir y regalar con amor y misericordia.
Dios es el único que puede hacer esto en nuestras vidas, porque Él es el único que sabe lo que es espiritual y lo que es mundano. Nunca podríamos lograr este discernimiento con nuestras propias fuerzas o con nuestra buena voluntad. La Segunda Lectura dice: La Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo: ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
La siguiente historia es una hermosa ilustración de cómo caminar sabiamente una milla más, haciendo un esfuerzo para complacer al Maestro:

Un famoso violinista actuaba en una sala de conciertos de renombre mundial. Cuando tocó su violín, hipnotizó a la audiencia con su destreza y habilidad. Mientras levantaba el arco de la cuerda en su nota final, el salón estalló con un estruendoso aplauso. Miró al público por un momento y salió del escenario para enseguida volver a interpretar un gran bis. Para asombro del público, su bis fue incluso más hermoso e impecable que el concierto original.

Miró al público y abandonó el escenario por segunda vez, pero fue llamado de nuevo por el público, que una vez más se puso en pie agradecido. Dio otro bis adicional, dejando al público buscando palabras que pudieran describir lo que acaban de experimentar. Esto se repitió varias veces más hasta que finalmente, miró al público, inclinó la cabeza y salió del escenario mientras se oían las aclamaciones por un buen rato.

Los reporteros se agolparon ante el camerino del violinista, esperando escuchar una palabra del hombre que acababa de dar un concierto increíble. Cuando salió, un reportero hizo esta pregunta: Señor, ¿por qué dio tantos bises? Podría haberse detenido después de la primera y todos hubieran quedado más que satisfechos. El violinista se detuvo y respondió: Por primera vez en mi carrera, mi maestro, quien me enseñó a tocar el violín, estaba entre el público. Cuando terminé mi actuación, todos estaban de pie excepto una persona. Toqué de nuevo, y todos se pusieron a aplaudir a excepción de él. Seguí tocando. Al concluir la última obra, miré a los asientos y noté que todos, incluido mi maestro, estaban en pie y aplaudiendo. Fue sólo entonces cuando estuve satisfecho de haber hecho un buen trabajo.

Consejos para aprovechar al máximo la Santa Misa

11. El rito de Comunión. La oración del Señor. Dado que la celebración de la Eucaristía es el banquete pascual, es deseable que, de acuerdo con el mandato del Señor, su Cuerpo y Sangre sean recibidos como alimento espiritual por los fieles que están debidamente dispuestos. Este es el sentido de la fracción del pan y los otros ritos preparatorios, por los cuales los fieles son conducidos de forma inmediata a la Comunión.

En la Oración del Señor (Padre Nuestro, que estás en el cielo …) se hace la petición del pan de cada día, que para los cristianos significa principalmente el Pan de la Eucaristía, y suplicamos también la purificación de nuestros pecados, a fin de que lo que es santo, en verdad pueda ser dado a quienes quieren ser santos. El sacerdote pronuncia la invitación a la oración, y todos los fieles dicen la oración con él; luego, el sacerdote añade el embolismo, (Líbranos, Señor, oramos, de todo mal …). El embolismo desarrolla la última petición de la oración del Señor, pidiendo la liberación del poder del mal para toda la comunidad de fieles.

La comunidad concluye esta petición por medio de la doxología: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre Señor, recogiendo, así implícitamente, las tres primeras peticiones del Padrenuestro.

Celebración 20 aniversario del centro asociado UTPL en Nueva York

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Con gran alegría y emotividad, el sábado 22 de Septiembre, 2018, se llevó a cabo la celebración del 20 Aniversario de la presencia de la Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador (UTPL) en Nueva York. Se resaltó el trabajo, esfuerzo y desarrollo académico que el Centro Asociado ha venido realizando en estos años de servicio a la comunidad, en su modalidad Abierta y Distancia.

El desarrollo de la celebración tuvo 3 partes: Histórica y Testimonios; Fragmento Musical, y Compartir unos aperitivos y rato de convivencia.

La Directora del Centro, Dolores Sánchez, misionera Idente, dio apertura al acto resaltando la historia de estos 20 años y remarcando los primeros pasos de la UTPL, bajo el carisma Idente.

La UTPL llegó a Nueva York en Septiembre de 1998, formada y sujetada por un sueño, un deseo inscrito en nuestro ánimo por Fernando Rielo Pardal, Fundador de los Misioneros Identes, quien estando en Nueva York acogió a la universidad en marzo de1997. Este gran hombre movió y dispuso a todos con el deseo de ayudar a los inmigrantes ecuatorianos fuera de su país, para que estudiasen y se formasen. Era la mejor forma y medida para que estas personas se pudieran abrir camino en la vida; sobre todo en este inmenso nuevo mundo norte americano.

En este camino de servicio de entre los bastantes logros conseguidos en estos 20 años, el Centro Asociado cuenta con su sede permanente en Jamaica Estates (Queens); tiene la tecnología necesaria para las conexiones y actividades requeridas por la Sede Central en Loja; en él se llevan a cabo, en vivo y en directo, las defensas de tesis de nuestros estudiantes con los Doctores en Loja- vía videoconferencias; en los últimos 15 años tenemos más de 200 estudiantes graduados; nuestros exámenes presenciales, desde los últimos 13 años, se celebran en las aulas de St. John’s University; las evaluaciones presenciales se hacen en esta misma universidad, y tenemos con ella un convenio para el uso de su biblioteca. La difusión de la UTPL es continua, tanto en el área tri-estatal como en otros estados de USA, por medio de la prensa, la radio y la TV. La UTPL ha recibido más de 20 reconocimientos por la labor académica y asistencia a la comunidad ecuatoriana.

Terminada la participación de la Directora, nuestro hermano Luis Miguel Romero, misionero Idente, anterior Rector de UTPL en Loja, matizó la trascendencia e importancia de las relaciones académicas en los estudios superiores a nivel nacional e internacional. Aludió, además, que actualmente la UTPL y sus centros de apoyo cuentan con más de 35,000 estudiantes. Paralelos a este crecimiento numérico se ha dado el desarrollo de la universidad en su conjunto, en todas las dimensiones: científica, pedagógica, tecnológica, relaciones internacionales, etc.

La UTPL es, desde la década del 2000, una de las cinco o seis universidades referentes en Educación a Distancia en todo el continente, formando parte de los directorios de las principales redes latinoamericanas, iberoamericanas e interamericanas de educación a distancia.

Otro punto relevante que destacó, Luis Miguel Romero, fue que la UTPL en su sede Loja, ha mantenido intensas relaciones con diferentes entidades internacionales como la UNESCO, ONU, PNUD, World Bank, Unión Europea, OEA, OEI, etc. Todo, por medio del gran esfuerzo de hacer realidad la visión del Humanismo Cristiano, como misión universitaria: Buscar la verdad y formar al hombre, a través de la ciencia, para que sirva a la sociedad. Y es este servicio a la sociedad, o cuarta misión universitaria, la más importante y hacia la que van ordenadas las otras tres misiones: formativa, científica y promotora de los mayores y más universales horizontes.

Éste gran servicio, refiriéndolo a nuestros centros internacionales, se concretiza en proporcionar a nuestros compatriotas ecuatorianos emigrantes un contexto universitario posible y de calidad. En este sentido, el centro de New York, es el pionero.

Concluida la participación del Dr. Luis Miguel, escuchamos la intervención de nuestros estudiantes ya graduados Wendy Masson y Kaiser Astudillo, así como el de Elsi Lorena Albán, quien retomó sus estudios y está muy animada en concluir su carrera profesional. Todos ellos estudiantes utepelinos que con gran sacrificio, esfuerzo y dedicación se han comprometido en el estudio y responsabilidad académica, a pesar de que el estudio a distancia requiere una gran disponibilidad de tiempo, para su autoformación integra y de calidad.

Se expresó un agradecimiento a los distinguidos representantes de la comunidad Idente; a los estudiantes, familiares, amigos, colaboradores, así como a las entidades públicas y privadas, por su presencia. También Ecuador News, LULAC, Comité Cívico Ecuatoriano, Federación de Instituciones de Pichincha, ONU, Radio canela USA – Voces Latinas, Avianca, Periodistas del Ecuador -Capítulo Nueva York, RCN Colombia, Orgullo Ecuatoriano y Nuestra Revista.

El segmento musical tuvo especial acogida a la música ecuatoriana, con la intervención de la messo-soprano, Melania Maldonado, acompañada por el guitarrista, Bolívar Guachichulca y al piano, Jorge Mena. Posterior a su participación, recibimos con gran alegría a la banda musical: Mariachi Loco de Nueva York.

Esta celebración finalizó con unos aperitivos en la cafetería del edificio Marillac Hall, en St. John’s.

Los nuevos retos y estilos de vida de un emigrante no limitan los sueños de que trabajar y estudiar si es posible. SI se puede sacar adelante una carrera universitaria, que abre caminos humanísticos y académicos, así como mejor oportunidad en el campo aboral.

Dureza de corazón

By | Evangelio | No Comments

Por el P. Luis Casasús, Superior General de los Misioneros Identes
París, Comentario al Evangelio del 7 de Octubre, 2018.
XXVII Domingo del Tiempo Ordinario (Génesis 2,18-24; Carta a los Hebreos 2,9-11; Marcos 10,2-16).

Debido a la dureza del corazón de ustedes. Esta es la explicación dada por Cristo sobre la actitud de los judíos y la solución de emergencia de Moisés. ¿Y si una esposa ve algo indecente en su marido, también puede escribir una carta de divorcio y entregársela a su marido? Esto nunca fue regulado así. Ahí tenemos un fruto amargo de nuestra dureza de corazón, aunque un proyecto de ley no pueda ser la solución al problema de nuestra conciencia endurecida.

Incluso la formulación de la pregunta por parte de los fariseos revela una falta de acogida y de ternura: ¿Es lícito a un esposo divorciarse de su esposa? ¡La ley no es todo en nuestras vidas!

Hoy apenas nos sorprende cuando escuchamos que una pareja conocida decide divorciarse. En algunos países, hasta la mitad de los matrimonios terminan en los tribunales de divorcio. Pero siempre es muy duro cuando una relación que comenzó con grandes esperanzas se convierte en rechazo y dolor. La Primera Lectura y el Evangelio tratan este tema, pero una lectura cuidadosa y una reflexión silenciosa revelan que Jesús quiere enseñarnos algo que es extremadamente crucial…en todo momento.

¿Cómo puede sobrevivir y desarrollarse una relación? Una pregunta paralela o quizás preliminar es: ¿Cómo se destruyen nuestras relaciones con Dios y nuestro prójimo? Las relaciones fallidas son quizás la razón principal por la cual comenzamos a buscar respuestas sobre la vida o, lamentablemente, a tomar decisiones trágicas.

La raíz del problema es que somos engañados por nuestro Instinto de Felicidad. Podemos decir con seguridad que es más esencial que el Defecto Dominante. No podemos eliminarlo de la misma forma que nos quitamos una camisa, pero podemos liberarnos de sus efectos mediante un estado permanente de oración. Ser duro de corazón significa ser arrastrado por ese instinto, haciéndonos insensibles de varias formas: oscureciendo nuestros pensamientos, robando nuestra energía de nuestros mejores deseos y evitando que miremos al otro cara a cara.

En primer lugar, no sólo nuestros pensamientos, sino también nuestra forma de pensar se hace rígida. Somos incapaces de pensar fuera de nuestro estrecho universo individual, fuera de nuestros planes. El apego a nuestros juicios es la manifestación más visible y letal en nuestra mente. Permítanme ilustrarlo con una historia (aparentemente) divertida:

Un periodista novato consiguió su primer trabajo en un periódico de una ciudad pequeña. El editor lo envió a cubrir la boda del año, de la familia más rica de la ciudad. El editor lo envía y… en unos instantes vuelve a la oficina. El editor le dice: ¿Qué problema hubo? Y él dice: Fui a la iglesia, y mientras conducía, la novia y su padre llegaron en una limusina. Mientras caminaban hacia la iglesia, apareció un auto negro con cuatro hombres encapuchados; salieron con armas, dispararon al padre de la novia, tomaron como rehén a la novia, la arrojaron al auto negro y se fueron. Así que no hubo boda para cubrir, por eso volví.

Es fácil imaginar lo que el editor pensó. El objetivo de un buen reportero es que tenga ojo para las noticias. Si ese periodista no se dio cuenta de que “eso” era noticia, su carrera no iba a durar mucho. Del mismo modo, debido a la gracia y a través de ella, tenemos que hacernos sensibles a las necesidades.

Reflexionando sobre la actitud de los fariseos, el Papa Francisco dijo (10 de abril de 2014) que hoy existe una dictadura de estrechez mental que mata la libertad de las personas. Su error, señaló el Papa, fue separar los mandamientos del corazón de Dios. Pensaron que todo se podría resolver respetando los mandamientos. Pero estos mandamientos no son una ley fría, porque nacen de una relación de amor y son señales que nos ayudan a evitar errores en nuestro camino a Cristo. Al hacerlo, los fariseos cerraron sus corazones y mentes a todas las cosas nuevas. Ese es el drama de un corazón cerrado, el drama de una mente cerrada y, cuando el corazón está cerrado, ese corazón cierra la mente, y cuando el corazón y la mente están cerrados no hay lugar para Dios, sólo para lo que nosotros creemos que hay que hacer.

En segundo lugar, no sólo nuestros pensamientos, sino nuestra energía y fuerza se debilitan. Las falsas expectativas son el mecanismo para esto. Como un efecto de nuestra visión miope y egocéntrica, esperamos que haciendo ciertos esfuerzos obtendremos todo tipo de recompensas, particularmente seremos más populares, exitosos o atractivos. Por supuesto, necesitamos tener algún tipo de control de nuestras vidas. Por ejemplo, simplemente al llamar para programar una cita con un psicoterapeuta se produce una mejora observable en las personas angustiadas; asimismo, un estudio de pacientes con cáncer reveló que cuanto más percibían que tenían cierto control sobre su enfermedad, menos deprimidos estaban.

El problema es que, empujados por nuestro Instinto de Felicidad, tratamos de hacer este control absoluto. Creamos grandes esperanzas y expectativas de resultados exitosos y nos convertimos en víctimas del llamado síndrome de falsa esperanza. Nuestros intentos de regular el propio comportamiento y el de otras personas, utilizan una energía mental, que pronto se agota. Un ejemplo bien conocido de salud mental y vida espiritual son algunos de nuestros intentos de suprimir pensamientos negativos; esto puede hacer que los pensamientos no deseados sean aún más intensos, lo que resulta en su eventual supremacía.

Todos nosotros tenemos expectativas no realistas. Se ha dicho que, de hecho, la expectativa menos realista es…que las personas no deberían tener expectativas poco realistas. Quizás la más frecuente es nuestra falsa imagen de Dios. A veces, ese ídolo, hecho a mi medida, pretendo que sea una fuente permanente de satisfacciones, la solución instantánea a todas mis dificultades y la respuesta a todas mis preguntas. Hacemos una interpretación vulgar e irreflexiva de la declaración de Jesús: Vengan a mí, todos los que están cansados y agobiados, y les daré descanso (Mt 11, 28). Este descanso se basa en una participación activa y gozosa en su reino, que es también arriesgada y dolorosa, como dice abiertamente en la parábola del sembrador: Otras semillas cayeron en un suelo rocoso, donde no tenían mucha tierra, y de inmediato surgieron, pues no tenían profundidad de tierra, pero cuando salió el sol se quemaron. Y como no tenían raíz, se marchitaron.

Los caminos de Dios son más elevados que los nuestros. Tal vez mi idea de quién es Dios es sólo un castillo de naipes, que se derriba a la primera adversidad. En lugar de ser sacudidos por el fracaso de nuestras falsas expectativas e ideas limitadas sobre Dios, podemos llegar a aprovecharnos de ello. Dios está más allá de lo que podemos imaginar, y usa nuestros agobios, pruebas y dificultades para llevarnos a un nuevo grado de belleza espiritual.

Una niña estaba caminando en un jardín y vio una flor particularmente hermosa. Admiraba su belleza y disfrutaba de su fragancia. ¡Es tan linda! exclamó. Mientras la miraba, sus ojos siguieron el tallo hasta la tierra donde había crecido y dijo: ¡Esta flor es demasiado bonita para estar plantada en esa tierra! Entonces la levantó por las raíces y fue al grifo de agua para lavar la tierra. No pasó mucho tiempo hasta que la flor se marchitó y murió. Cuando el jardinero vio lo que la niña había hecho, exclamó: ¡Has destruido mi mejor planta! Ella dijo: Lo siento, pero no me gustaba en donde estaba. El jardinero respondió: Elegí ese lugar y mezclé la tierra porque sabía que solo allí podría convertirse en una hermosa flor.

Podría ser conveniente recordar aquí una frase de C. S. Lewis: Dios nos susurra en nuestros placeres, nos habla en nuestra conciencia, pero nos grita en nuestro dolor; es su megáfono para despertar a un mundo que está sordo.

La atención a las expectativas y la comunicación es una medida preventiva importante tanto en la vida marital como comunitaria; tengo que guardarme continuamente de esperar que los demás siempre me sirvan, de esperar que los demás siempre estén de acuerdo conmigo, de esperar que otros hagan todo el trabajo que creo que deberían estar haciendo, de esperar que otros se involucren con causas particulares con las que yo estoy involucrado, de esperar que puedan leer y meditar todo lo que diga o escriba… y de mi creencia de que no es necesario o esencial comunicar algunas cosas.

Cualquier asunto de valor en la vida requiere una cierta cantidad de sacrificio y lucha: una carrera exitosa, tener un hijo… Las relaciones profundas y significativas no están exentas de la misma ley a la que está sujeto todo lo demás. Tendré que sacrificar el estar alimentando mi ego. Aún más, para un discípulo de Cristo, es importante darse cuenta de que nuestro Salvador, Hermano y Guía, también fue perfeccionado a través del sufrimiento, como podemos ver de forma impactante en la Segunda Lectura de hoy: Convenía, en efecto, que aquel por quien y para quien existen todas las cosas, a fin de llevar a la gloria a un gran número de hijos, perfeccionara, por medio del sufrimiento, al guía que los conduciría a la salvación.

En tercer lugar, nos volvemos especialmente insensibles a las necesidades de nuestros semejantes y a lo que Dios nos pide hoy. No llegamos a conocer su verdadera vida. Estamos tratando con seres humanos, y un ser humano siempre necesita algo más que una adecuada ayuda técnica.

Podemos ilustrar esto con el ejemplo positivo del alcalde de Nueva York Fiorello Laguardia (1882-1947). Un día tomó el lugar del juez de la corte y un anciano tembloroso fue llevado ante él. Estaba acusado de robar una barra de pan de una panadería. El acusado dio la excusa de que su familia estaba muriendo de hambre. La ley no permite excepciones. He de castigarte. Tengo que multarte con diez dólares, declaró Laguardia. Pero luego llevó la mano al bolsillo y agregó: Aquí hay diez dólares para pagar la multa. Y alzando la voz, continuó: Ahora impongo a todos los presentes en este tribunal una multa de cincuenta centavos cada uno por vivir en una ciudad donde la gente debe robar pan para poder vivir. Sargento, recoja el dinero de inmediato y entrégueselo al acusado. Pasaron un sombrero y el acusado salió de la corte con cuarenta y siete dólares en el bolsillo.

No llegar a regocijarse con el otro revela la envidia en mi corazón. Negarse a llorar con otro, revela una falta de compasión en mi corazón. De una forma u otra…tengo un grave problema. Alégrate con los que se regocijan; llora con los que lloran (Rom 12: 15).

Otro signo de nuestra dureza de corazón: trata de observarte a ti mismo la próxima vez que digas a dos hermanos/as seguidos que estás haciendo bien alguna cosa -sin que te importen sus opiniones- y decide entonces escuchar lo que tienen que decir.

San Pablo es muy claro al explicar las consecuencias de vivir con un corazón endurecido: Así que les digo esto, y lo afirmo con el Señor, que ya no vivan como lo hacen los gentiles, en la futilidad de su pensamiento. Están oscurecidos en su comprensión y separados de la vida de Dios debido a la ignorancia que hay en ellos debido al endurecimiento de sus corazones. Habiendo perdido toda sensibilidad, se han entregado a la sensualidad, para cometer con avidez toda clase de impurezas (Ef 4: 17-19).

Siempre veo en nuestro padre Fundador y en el Papa Francisco dos modelos de relación cristiana con Dios y sus semejantes, principalmente porque revelan su verdadero yo, sus experiencias infantiles, sus luchas internas y reconocen su vulnerabilidad. Esta forma de apertura es precisamente el modo adecuado, como los niños, de dar acogida al reino de los cielos: Dejen que los niños vengan a Mí, y no los estorben, porque a los que son como ellos pertenece el reino de Dios. En verdad les digo que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él (Lc 18: 16-17).

Abrir de par en par el corazón puede no ser siempre fácil, pero es lo que continuamente hace un verdadero apóstol: Hermanos corintios, les hemos hablado con toda franqueza; les hemos abierto de par en par nuestro corazón. Nunca les hemos negado nuestro afecto, pero ustedes sí nos niegan el suyo. Para corresponder del mismo modo -les hablo como si fueran mis hijos-  ¡abran también su corazón de par en par! (2 Cor 6: 11-13).

No solo eso, sino que ser el primero en abrir nuestro corazón, hará que nuestro prójimo haga lo mismo de inmediato.

La verdadera compasión cristiana es lo opuesto a un corazón endurecido. La compasión es más que encontrar soluciones para quienes tienen problemas. Es una forma inspirada y siempre nueva de caminar con y junto a otras personas. El sacerdote francés San Juan María Vianney, párroco de Ars, fue a visitar a una viuda anciana cuando murió su único hijo. La gente esperaba que la ayudara a entender su pérdida. En lugar de eso, simplemente se sentó a su lado, le puso la mano en el hombro y dejó que sus lágrimas fluyeran con las de ella. La compasión es más que simpatía. Es empatía emocional y espiritual. Cuando alguien se siente débil, ¿no comparto yo su debilidad? Y, cuando a alguien se le hace tropezar, ¿no ardo yo de indignación? (2 Corintios 11:29).

Y recordemos, nos volvemos compasivos cuando aceptamos y acogemos la compasión de Dios. Sé misericordioso como tu Padre es misericordioso (Lc 6:36).

Consejos para aprovechar al máximo la Santa Misa

  1. La oración eucarística. He aquí un resumen de sus partes:
  2. La acción de gracias, expresada especialmente en el Prefacio, en el cual el sacerdote, en nombre del pueblo santo, glorifica a Dios Padre y le agradece la obra de la salvación o algún aspecto particular, según el día, festividad o época del año. El Señor este con ustedes
  3. La aclamación, por la cual toda la asamblea canta el Sanctus (Santo, Santo, Santo…).
  4. La epíclesis (en griego, “invocación” o “invocar a lo alto”). Esta invocación al Espíritu está señalada por el sacerdote que coloca sus manos sobre la ofrenda de pan y vino, pidiendo que el Espíritu sea enviado sobre ellos. para hacerlos santos.
  5. La narrativa de la Institución y la Consagración, mediante la cual, por medio de las palabras y acciones de Cristo, se realiza el mismo sacrificio que Cristo instituyó durante la Última Cena. Tomen y coman … Tomen y beban

Cuando la Hostia y el Cáliz son elevados, podemos llevar a nuestra alma a expresar lo que ya sabe, adorando silenciosamente a quien se ha unido a nosotros en estos signos sacramentales, tal vez en privado, usando las palabras de Santo Tomás: Señor mío y Dios mío.

  1.  La aclamación conmemorativa (de griego anamnesis, que significa memorial) la asamblea es invitada a proclamar el “misterio de la fe”. Esta breve respuesta está dirigida a Cristo, sacramentalmente presente bajo la forma de pan y vino, y es una afirmación conjunta del sacerdote y la asamblea a lo que se acaba de decir: Tomen y coman todos de él, porque esto es mi cuerpoTomen y beban todos de él … La anamnesis es una parte de la liturgia que recuerda a Cristo y lo que ha hecho por nosotros.

El Misal ofrece tres opciones para la aclamación conmemorativa.

  1. La oblación, por la cual ofrecemos la Víctima sacrificial, en el Espíritu Santo, al Padre. La intención de la Iglesia es que los fieles no sólo ofrezcan esta Inmaculada Víctima, sino que también aprendan a ofrecerse a sí mismos, y así día a día seamos llevados a la unidad con Dios y entre nosotros, a través de la mediación de Cristo. para que Dios al fin sea todo en todos.
  2. Las intercesiones: presentar ante Dios las necesidades de la Iglesia en este mundo, recordar a aquellos que han muerto y contemplar el día en que entraremos en la comunión de los santos en el cielo
  3. La doxología final. “Doxología” es la traducción de una palabra griega que significa un breve himno de alabanza a Dios. El sacerdote proclama: Por Cristo, con Él y en Él, a ti Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos, cuando levanta la hostia consagrada y la Sangre en el cáliz para que la asamblea lo contemple y medite. Esta breve oración es una fórmula trinitaria de alabanza a Dios Padre a través de Cristo, con Cristo y en Cristo, en unión con el Espíritu Santo.

 

¿Quieres ser grande?

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Por el P. Luis Casasús, Superior General de los Misioneros Identes
Madrid, Comentario al Evangelio del 23 de Septiembre, 2018.
XXV Domingo del Tiempo Ordinario (Isaías 50,5-9a; Santiago 2,14-18; Marcos 8,27-35).

Un día, la Madre Teresa iba de un lado a otro pidiendo comida para los huérfanos que estaba cuidando. Entró en una panadería para pedir pan para los niños hambrientos del orfanato. El panadero, indignado con la gente que le pedía pan, le escupió en la cara y no quiso darle nada.
La madre Teresa sacó tranquilamente su pañuelo, se limpió la saliva de la cara y le dijo al panadero: Bien, eso era para mí. ¿Y el pan para los huérfanos? El panadero, avergonzado por su respuesta, le dio el pan que le pedía.
Tu reacción, o la mía, podría haber sido una palabra peyorativa, sermonearlo sobre la compasión, o simplemente marcharnos con una mirada de desprecio. Pero nada de eso se centra en la intención original e inspirada de hacer bien a los niños. Nuestro temperamento puede arruinar los mejores deseos de servir a los demás. Esta es la razón por la que Santiago nos aconseja: Sométanse a Dios. Resistan, pues, al diablo y huirá de ustedes. Acérquense a Dios, y El se acercará a ustedes. Limpien sus manos, pecadores; y ustedes de doble ánimo (que dudan), purifiquen sus corazones. Aflíjanse, laméntense y lloren. Que su risa se convierta en lamento y su gozo en tristeza. Humíllense en la presencia del Señor y El los exaltará (Santiago 4: 7-10).
Como enseña la Segunda Lectura, necesitamos la sabiduría que proviene del Espíritu, que nos da paz y está llena de compasión, sin rastros de parcialidad o hipocresía en ella.
En el siglo VII, cuando el emperador Heraclio recuperó de los persas la reliquia de la Santa Cruz, quiso entrar en Jerusalén con la mayor pompa, llevando la Cruz recuperada sobre sus hombros, pero de repente se detuvo a la entrada de la Ciudad Santa y no podía avanzar. La cruz era demasiado pesada para él. El patriarca Zacarías, que caminaba en la procesión, sugirió que mientras el emperador estuviese vestido con el espléndido atuendo imperial, estaba lejos de imitar la humildad con que Jesús llevó la cruz cuando entró en Jerusalén. Heraclio dejó su capa y su corona, se vistió con ropa sencilla, caminó descalzo con la procesión y devotamente llevó la Cruz al Calvario.
Esta historia nos muestra cuán sutil puede ser nuestro orgullo. El emperador estaba
haciendo algo grandioso y piadoso: devolver la Cruz perdida a Jerusalén. Sin embargo, lo
estaba haciendo para exaltarse a sí mismo.
Esto es también lo que relata el Evangelio de hoy. Los discípulos viajaban por Galilea con
Jesús, quien estaba anunciando con crudeza Su Pasión y Muerte y, simultáneamente…
discutían entre ellos sobre el camino quién era el más grande. Cuando somos competitivos,
y vivimos en rivalidad, nos hacemos insensibles al dolor y al sufrimiento de los demás.
¿Y nosotros? Humillamos y desacreditamos públicamente a las personas, pretendiendo tal
vez que las corregimos o las enseñamos; en otras ocasiones tratamos de nutrir nuestra
fama proyectando sombras sobre los demás, chismorreando y quejándonos, expresando
nuestra sorpresa o indignación por la falta de sensibilidad o la rudeza de nuestras
autoridades, iguales o subordinados. Tal vez tengamos razón en nuestras observaciones,
pero olvidamos que estamos llamados a servir, y eso incluye a nuestros enemigos o
aquellos que vemos como casos sin esperanza.
La ambición busca satisfacer principalmente a uno mismo, incluso si nuestro empeño
beneficia a otros, como reconstruir una iglesia u organizar una actividad para niños o
visitar a los enfermos. A fin de cuentas, se trata de mis logros, mi orgullo y mi fama.
El orgullo es la base de la ambición. Con el orgullo, una persona obtiene una intensa
satisfacción con sus propios logros o con las posesiones que aprecia, como el poder, el
conocimiento, la reputación o, a veces, el dinero. La codicia es un deseo egoísta creado
por nuestro orgullo.
Dice el Papa Francisco: El mal siempre tiene la misma raíz, todo mal: avaricia, vanidad y
orgullo. Y ninguno de los tres permite la paz de conciencia; impiden la sana preocupación
del Espíritu Santo, te impiden vivir bien: estamos inquietos por el miedo. La avaricia, la
vanidad y el orgullo son la raíz de todos los males (22 de septiembre, 2016).
Particularmente, la Codicia a menudo proviene de Orgullo. Un claro ejemplo de esta
conexión se encuentra en Hechos 4. Ananías y Safira eran orgullosos y querían causar una
buena impresión, destacar ante todos. Hicieron un espectáculo de su gran ofrenda. Fueron
al banco a cambiar sus billetes por monedas, para poder dejar caer su ofrenda en el cubo y
que todos pudieran escuchar su gran sacrificio. Pero, también eran codiciosos… y por eso
cayeron muertos.
Esto se diagnostica claramente en la Segunda Lectura de hoy: ¿De dónde vienen las
guerras y de dónde vienen los conflictos entre ustedes? ¿No es por sus pasiones que hacen
la guerra dentro de sus miembros? Ustedes codician, pero no poseen. Matan y envidian,
pero no pueden conseguir lo que desean; pelean y hacen la guerra.
Sí, ciertamente, hay una conexión profunda entre el orgullo, la codicia y la envidia. La
Primera lectura es un ejemplo dramático de algo que dijo Santo Tomás de Aquino, que el
orgullo es el padre de la envidia. Otra manifestación de nuestro orgullo se refleja en
nuestra obstinación, que el sujeto puede confundir fácilmente con coraje o autoridad.
Queremos que las cosas se hagan exactamente como lo visualizamos y somos intolerantes
con aquellos que piensan diferente de nosotros, por temor a que nos impidan alcanzar
nuestros objetivos. Así, vemos a los demás como amenazas para nuestra ambición.
El Orgullo y la Avaricia son dos de los pecados capitales (o cardinales). Afectan nuestro
espíritu tan profundamente que se necesita más que nuestros esfuerzos y buena voluntad para
superar sus graves consecuencias. Esto explica la centralidad y la necesidad de Purificación,
realizada por el Espíritu Santo en nuestra vida espiritual. No podemos entender por nosotros
mismos el sentido de la vida o el significado de los acontecimientos que nos rodean. Es por
eso que Jesús nos da la clave: Busca primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas
cosas te serán dadas también (Mt 6:33).
Por lo tanto, para que podamos recurrir a Cristo como guía, primero debemos reconocer
nuestra miseria. Santiago nos dice: Miren su miserable condición y lloren por su miseria;
muestren pena en lugar de reír, dolor en vez de alegría. En otras palabras, debemos acoger
la gracia divina y la dirección espiritual de nuestros rectores para identificar nuestro Defecto
Dominante, nuestra principal dificultad para vivir un estado de oración. Esto está
completamente alineado con la enseñanza de Jesús: No es lo que entra por la boca lo que
contamina a la persona; sino lo que sale de la boca, es lo que nos contamina.
Su llamada permanente, nuestra vocación, es por eso el centro de nuestra meditación en los
retiros espirituales de Motus Christi. Cuando hablamos de vocación, estamos hablando de
servicio; el centro no son nuestros logros, sino aquellos a quienes servimos y cómo podemos
servirlos mejor y hacer que sus vidas sean significativas y plenas. Entonces, tiene sentido el
“aprender haciendo”, ya que, desde el comienzo de la Iglesia -y del Instituto- hemos
comprendido qué significa crecer en gracia al responder a las necesidades de los demás.
Jesús amaba a los niños porque no levantan barreras entre ellos y Dios. La conciencia filial
implica no sólo un sentido de gratitud por haber recibido una herencia (vida, talentos,
cultura…) sino la conciencia de tener una alta misión, a pesar de nuestra debilidad. He
aquí un ejemplo reciente y conmovedor:
Durante las recientes fuertes lluvias monzónicas, cuando la ciudad de Chennai (India) quedó
sumergida, muchos residentes se ofrecieron para ayudar a los más afectados. Hubo muchos
voluntarios inesperados haciendo un gran trabajo desinteresado. Entre ellos, tres niños, sin
techo, que fueron a un centro de socorro e insistieron en que se les permitiera ser parte de los
equipos de ayuda. Estos niños han sido agradecidos por su servicio con el premio ‘Indio del
Año’ en Nueva Delhi. Es sorprendente, y triste también, que estos niños, que recibieron un
trofeo por sus esfuerzos, no tengan un lugar seguro para guardarlo. Arjun, de ocho años, uno
de los tres, narra cómo comenzó todo. Vive en una acera, cerca del estadio, con su familia.
Durante la inundación, Arjun y su familia se refugiaron debajo de un puente ferroviario lleno
de humedad. Un día, Arjun vio a los voluntarios llevar grandes cantidades de suministros al
centro de socorro. Arjun, junto con sus primos Arumugam y Ashok, se ofrecieron como
voluntarios. Querían ayudar a la gente. Como somos niños, nos dieron el trabajo fácil de
empacar paquetes de agua. Más tarde, cuando pedimos más responsabilidades, dudaron
debido a nuestra edad. Insistimos en que nos dieran más tareas para hacer y aceptaron, dijo
Arjun, sonriendo. Debido a las inundaciones, las familias de estos muchachos estaban en una
situación desesperada, pero eso no los disuadió de ayudar a los otros afectados por la
inundación. En realidad, no teníamos nada, pero afortunadamente, los niños recibieron
comida. Solemos ir adelante con cualquier cosa que tengamos, dijo la madre de Arumugam.
La conciencia filial es un sentimiento universal. Una afirmación repetida a menudo es que
los niños que han tenido una mala experiencia en su vida familiar no pueden experimentar de
manera positiva esta forma de filiación; pero cuando reciben constantemente un testimonio
de generosidad de un maestro, un apóstol o un amigo mayor, la conciencia filial surge de sus
cenizas.
Otro ejemplo bien conocido es uno de los pilares del confucianismo: 孝敬, (Xiàojing, piedad
filial), entendido como respeto por los padres, parientes y antepasados y su voluntad. Esta
filiación es central en la enseñanza de Cristo, porque es una realidad fundamental en su
experiencia. Ya a los 12 años, declara que debe ocuparse de los asuntos de Su Padre, y al
final de su vida, encomienda Su espíritu en las manos del Padre.
Esta es la forma de grandeza que se puede encontrar en los niños. Son verdaderamente
dependientes de sus padres. No pueden vivir sin ellos a menos que paguen un alto precio por
dejar de hacerlo. Su dependencia es total. Del mismo modo, paradójicamente para el mundo,
la grandeza de una persona se encuentra en su total dependencia de Dios.

Consejos para aprovechar al máximo la Santa Misa
8. Liturgia de la Palabra. La Iglesia enseña que, cuando la Escritura es proclamada y
explicada en la Liturgia, es Cristo mismo quien proclama la Palabra. Los ministros dan voz a
la Palabra, pero es Cristo mismo quien nos comunica Su Palabra. Por esta razón, es
importante que los lectores se preparen bien para ser realmente instrumentos de Dios.
En las lecturas, como se explica en la homilía, Dios habla a su pueblo, revelándole el
misterio de la redención y la salvación, y ofreciéndole alimento espiritual. Cristo mismo está
presente en medio de los fieles a través de su palabra. Con su silencio y sus cánticos, la
comunidad hace suya la palabra de Dios, y también afirma su adhesión a ella por medio de la
Profesión de Fe. Finalmente, habiendo sido nutridos por esa Palabra, expresan sus peticiones
en la Oración de los Fieles por las necesidades de toda la Iglesia y por la salvación de todo el
mundo.
La Liturgia de la Palabra ha de celebrarse de tal manera que promueva la meditación, por lo
que debe evitarse cualquier tipo de apresuramiento que impida el recogimiento. Durante la
Liturgia de la Palabra, también es apropiado incluir breves períodos de silencio, apropiados
para la comunidad reunida, en la cual, a instancias del Espíritu Santo, la palabra de Dios
puede ser acogida en el corazón. Puede ser apropiado observar tales períodos de silencio, por
ejemplo, antes de que comience la propia Liturgia de la Palabra, después de la Primera y
Segunda Lectura, y finalmente al concluir la Homilía.