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Valle Marín Rodríguez: Un testimonio vivo de ternura y entrega

Veröffentlicht durch 1 März, 2026März 2nd, 2026No Comments

El 5 de febrero de 2026, a media tarde, nuestra querida hermana Valle Marín Rodríguez regresó a la casa del Padre. Acababa de cumplir 87 años el día 2, una fecha que, pese al avanzado Alzheimer, nunca olvidaba. Nacida en 1939, ella misma decía con una sonrisa: «Con la paz bajo el brazo».

Valle fue la hermana mayor de Carmen y Paquita. Para Paquita fue una segunda madre: dejó el colegio para cuidarla y trabajó para que ella pudiera estudiar. Cuando la primera hija de Paquita nació con graves dificultades, Valle pidió a Dios que la salvara y prometió consagrarse. La niña vivió, y Valle cumplió su promesa.

En el verano de 1974 partió con María Victoria Rullán hacia Buenos Aires. Allí, durante años, trabajó con entusiasmo incansable para levantar la misión. Isabel Gómez, que convivió con ella desde 1989, recuerda su vitalidad entre los jóvenes de la parroquia de Cacupé: «Se movía con tal alegría que los chicos la seguían. Por la calle la saludaban como a alguien importante; ella les hacía sentir que Dios los amaba uno por uno. Y en la cocina era una maestra: nos enseñaba dónde comprar mejor y cómo hacer todo con cariño, en tantas cosas cotidianas».

En Nueva York cuidó con ternura a nuestro Padre Fundador: cocinaba sano y sabroso (hasta unos callos a la madrileña desgrasados que le encantaban) y dedicaba cada rato libre a hacer trisagios, para que todos pudieran conocerlos y rezarlos.

Cuando el deterioro cognitivo avanzó, regresó a España. Aun así, conservó hasta el final su sentido del orden, su orgullo de ser misionera idente y el recuerdo vivo de haber servido al Fundador. Recibía a cada visita con una acogida entrañable y les acompañaba, mientras le fue posible, hasta la puerta para despedirlas con todo afecto.

Tenía memoria presente, pero se acordaba siempre de hacer la observancia, recitaba el Trisagio con nosotras y, sobre todo, quería asegurarse de haber recibido la Comunión.

Sus últimos días fueron puro testimonio. El domingo 1 de febrero, ya sin hablar, movía los labios siguiendo el Trisagio que rezaban con ella.

El día de su cumpleaños escuchó con mirada atenta la carta de felicitación del Primado, queriendo beber cada una de las palabras, y se durmió serena. En el hospital de la Princesa, una enfermera que supo quién era exclamó: «Qué bien cuida el Esposo a sus flores».

Valle dejó un aroma inconfundible: el de quien sirve sin ruido, hace más fácil la misión de los demás, remite siempre a Cristo y lleva el sello de la ternura de nuestro Padre celeste, de la que tanto nos ha hablado su vida.

“En el corazón de quienes la conocimos late esta certeza: el Padre la besó en la frente, como besa a quienes han vivido para Él con fidelidad sencilla y amor sin medida.”

En gratitud por tu vida, concluimos con esta poesía escrita para ti:

Tu historia aquí
Dirán de ti muchas cosas.
Hablarán de tu mirada,
de cómo dijiste “sí”ese día que supiste
hasta dónde yo te amaba.
Recordarán cuántas veces
hiciste aquella maleta
sin temor a la distancia,
sólo siguiendo tu estrella.
Contarán que fuiste al sur,
al norte, derecha e izquierda,
con tus manos tan vacías
y tus velas siempre llenas.
Sobre todo, con razón,
evocarán tu ternura
al cuidar de un Fundador
en horas de insomnio y lucha.
Pero sólo yo conozco
cuánto dejaste del alma,
porque soy tu Padre y beso
tu frente cada mañana.
(Luis Casasús, Presidente de las misioneras y misioneros identes) 🕊️💛