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Lavar ollas, ver ángeles y volver a casa con otras maletas

Von 14. September 2026No Comments

Crónica del Campamento de la Juventud Idente en Sasaima, Colombia

«A pesar de que hay varias cosas que no hago en mi casa y no me gusta hacer, estar aquí me permitió experimentar y saber que no es tan desagradable: lavar las ollas, saber recoger la leña y ser protagonistas de una obra de teatro.»

Así confesó entre risas uno de los jóvenes al final del campamento de la Juventud Idente de Colombia, en Sasaima, Cundinamarca, una finca llena de colores, naturaleza y belleza. Los participantes llegaron con una expectativa difusa de lo que sería el campamento, pero regresaron a sus hogares con una visión completamente renovada: aprendieron a «descubrir pasos en el cielo» y recargaron sus corazones con el deseo profundo de cultivar su relación con Dios, con la naturaleza y con el prójimo.

La transformación llegó desde las cosas simples. A través de seminarios, el himno del fuego, los Juegos Florales y el teatro, cada acampado descubrió el poeta que lleva en su interior y desafió sus propios límites. Incluso las tareas domésticas se convirtieron en escenario de aprendizaje. Paula, que asistía por primera vez a un encuentro de la Juventud Idente, lo expresó así:

«Me voy con muchos conocimientos, acciones, historia y la mente más amplia en todo lo relacionado con Dios.»

Este año, el encuentro se enriqueció exponencialmente gracias a la interculturalidad: una joven de México y dos jóvenes de Cartagena se sumaron al grupo. La convivencia entre acampados y profesores de la Juventud Idente creó un ambiente de fraternidad único.

Más que un viaje físico, el campamento fue un viaje interior: los asistentes lograron descargar sus maletas de preocupaciones, miedos y estrés por los exámenes. En su lugar, se llevaron a casa maletas rebosantes de confianza, esperanza, paz y alegría.

Para los misioneros y formadores, el campamento también supuso un hito de renovación espiritua, «una gracia – la oportunidad de acompañar de cerca a los jóvenes en cada actividad. De esta convivencia nace en mí el firme anhelo de continuar trabajando para que el Campamento Idente se consolide como una realidad anual en nuestra Provincia.»

Como expresó uno de los acampados, «Este campamento es un fruto del jubileo en Roma. Un sueño que pensamos e imaginamos y se hizo realidad.» De un encuentro nacen nuevos encuentros, algo que se consolida.

Lo primero: la generosidad de los jóvenes. Esto lo demostró el signo con el que finalizó el campamento finalizó: la entrega de pañoletas a los jóvenes que continuarán su formación activa como profesores de la Juventud Idente. Este distintivo, de color rojo y ribeteado en azul marino, carga con un simbolismo profundo: el rojo representa la generosidad con la que debe estar sellada, de ahora en adelante, la vida y el servicio de cada profesor.

Al mirar atrás, este campamento se destaca no por el turismo convencional, sino por invitarnos a hacer turismo en nuestra propia alma. Nos hizo viajar a nuestro interior y ver ángeles en el cielo. Una experiencia imborrable que se resume en una última oración de gratitud: ¡Gracias, Fernando Rielo!