La vocación religiosa: elegir entre un sí a mí y un sí a Cristo. Testimonio de Milena Maldonado

A solo 23 años, Milena Paz Maldonado Lillo, de Chile, pronunció sus votos el pasado 12 de octubre. Hoy nos comparte algunos momentos decisivos en su camino, que la llevaron a dar ese salto de fe:

“Durante la JMJ del 2023 en Lisboa, a la que tuve la gracia de poder ir, una hermana estaba compartiendo su experiencia. Yo tenía una gran inquietud, pero también muchos miedos; me sentía insegura, incapaz de sobreponerme a ciertas situaciones. Mientras pensaba en todo eso, ella dijo: ‘Si ustedes no se creen capaces y tienen miedo, tranquilos, porque Dios suplirá y no les pedirá nada que no puedan realizar.’ Fue una respuesta clara de Cristo ante mis inseguridades de ese instante, como si leyera mi alma. Constituyó uno de los momentos más decisivos para decirle que sí.

Antes de eso, en la última misa antes de ir a la JMJ, había salido el texto del evangelio: ‘Todo aquel que deje padre, madre, hijos, tierra, recibirá cien veces más y la vida eterna también.’ Confirmaba lo que yo ya intuía: Cristo me llamaba y yo tenía que tomar una decisión.

Una de las cosas que más me marcó en mi camino vocacional fue descubrir que todos estábamos llamados a la santidad. Antes de conocer la institución de las misioneras y misioneros identes veía la santidad como una utopía, pero a medida que conocí más el carisma y lo que plantea nuestro padre fundador desde esa santidad vivida como conciencia filial, asumiendo la responsabilidad como hijos de Dios ante nuestros hermanos, algo me tocó profundamente. Me comprometía a movilizarme por otros, algo que hasta ese momento casi no había hecho. Comprender que la Iglesia necesita santos hoy fue un llamado que no podía evadir. Sabía que aquí no hay matices: o es sí o es no. Ese compromiso me impulsaba a luchar, esforzarme y arriesgarme por un proyecto que supera todo lo que puedo imaginar porque viene de Cristo…

Uno de los momentos más difíciles fue cuando comprendí y asumí que Cristo me quería entera y exclusivamente para Él. Antes de conocer a las misioneras identes nunca me había cuestionado la vida religiosa. La llamada llegó de manera totalmente inesperada. Cuando entendí que lo que Él quería para mí era algo muy distinto a lo que yo había imaginado, viví un punto crucial: me encontré cara a cara conmigo misma. Veía clara la situación, pero aun así era dolorosa, porque estaba muy aferrada a proyectos, sueños e ideas. Se trataba de escoger entre decirme que sí a mí o decirle que sí a Él. Lo que más me ayudó fue el acompañamiento espiritual, la fidelidad al examen y el esfuerzo constante por escucharle. Esas tres dimensiones fueron esenciales para atravesar ese momento y dar ese salto al vacío, siempre confiando en que lo que Él quería para mí sería lo mejor.

Y sé que es lo que me traerá, porque ya me lo está dando: plenitud y una paz indescriptible. Es una certeza que te hace firme: puede venir quien sea, pero uno sabe lo que hace y por qué lo hace.”