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Cartas al Espiritu Santo. Niños de san Mateo en ritiro

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La fe viva y la espontanea alegría de 110 niños de la parroquia de san Mateo en Roma, regida por los misioneros identes, llenó el hermoso paisaje de Arpino; pequeña ciudad italiana situada a dos horas de Roma. Era una jornada de retiro espiritual antes de recibir los sacramentos de la Primera Comunión y de la Confirmación, a la que los niños asistieron acompañados de sus padres.

La jornada se desarrolló en un espíritu de familia. En la mañana, los padres profundizaron sobre su misión como primeros educadores de la fe de sus hijos, y luego compartieron en pequeños grupos sus experiencias, desafíos y preocupaciones.  Los niños, por su parte, tuvieron momentos de juegos y de reflexión. Aquellos que se preparaban para recibir la comunión, a través de una representación de la vida de san Tarsicio; y aquellos que se preparaban para recibir la Confirmación, escribiéndole una carta personal al Espíritu Santo. Uno de ellos decía:

Últimamente me siento distante de todo; de mi familia y de la Iglesia. Me sentía mal. No sé por qué, pero cuando rezo me siento bien porque siento que en ese momento Alguien está feliz por mí. Quizás es mi culpa el hecho de que yo esté mal. Quizás si intentara abrir las puertas de mi corazón, Tú podrías acercarte a mí y darme un abrazo. Espero con ansia que llegue el día de la Confirmación para poder abrirte aquella puerta y no cerrarla nunca.

Tu grande amigo.

El retiro se concluyó por la tarde con una sentida celebración eucarística, en la que los padres entregaron a su hijo una cruz, pronunciando estas palabras: “(Nombre), hijo mío, recibe esta cruz para que, con la ayuda de Jesús, crezcas en edad, sabiduría y gracia”. Muchos de ellos no pudieron contener las lágrimas ante este pequeño gesto lleno de significado.

Muchos padres expresaron su profunda gratitud a la parroquia por la generosa dedicación a sus hijos durante los años de la catequesis.  El retiro ha sido solo un signo de lo que ha significado, para toda la comunidad parroquial, acoger las palabras de Cristo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos».