La Ascensión de Cristo significa que nunca estamos solos

By 11 mayo, 2018Evangelio

Por el P. Luis Casasús, Superior General de los Misioneros Identes
Comentario al Evangelio del 13-05- 2018, La Ascensión del Señor, Perú. (Hechos de los Apóstoles 1,1-11; Efesios 4,1-13; Marcos 16,15-20)

¿Cuál es el mensaje de esta solemnidad para todos y cada uno de los seres humanos? Perspectiva. Se nos ha capacitado para ver el lugar de Jesús en este mundo y en el Cielo. Pero al mismo tiempo, compartimos una visión de nuestra vida con los ojos de nuestro Padre Celestial: sabemos que nuestro destino final es estar con Él

¿Autoestima? Pero la dura realidad presente es que, en nuestros días, muchos de nosotros nos sentimos más inseguros que nunca. Nuestra vida está bajo presión. Estás en medio de una conversación crucial con una persona joven que se enfrenta a la soledad y el sufrimiento, y sabes que 30 personas te están esperando para iniciar una reunión importante… que aún no has preparado. Ese informe que debes entregar a tu jefe o tu superior… era para ayer. Tienes una lista de cosas por hacer, durante tanto tiempo, que ya puedes ver venir algunas noches en blanco durante los próximos días.

Es fácil sentirse ansioso y abrumado en el aquí y ahora. Cuando nos centramos en lo que está inmediatamente frente a nosotros, podemos perder la perspectiva de lo que realmente importa en la vida. ¿Debería elegir entre dos cosas importantes y necesarias? ¿Debo correr continuamente de un lugar a otro? Estas preguntas no tienen una respuesta clara. Además de eso, a menudo se nos malinterpreta por hacer el bien y sólo recibimos comentarios negativos y oposición. Algunos pueden hacerlo por envidia y a otros no les gusta la forma en que manejamos las situaciones. Pero esto no es todo; nuestros pecados nos impiden tener una comprensión realista de nuestra situación. Esto es, para creyentes y no creyentes, la principal fuente de inseguridad. A pesar de nuestra buena voluntad, terminamos por no sentirnos bien con nosotros mismos de ninguna manera.

En la cultura moderna, la panacea, la droga milagrosa para esta situación, parece ser la regla de “quiérete”. Independientemente de nuestros errores personales, nuestros defectos o la opinión de otras personas, se nos anima a amarnos a nosotros mismos. Cuando una persona se encuentra con baja autoestima, generalmente se le invita a enfocarse únicamente en las mejores partes de sí misma, como una forma de alejarse de sus rasgos poco atractivos o imperfectos. Es una práctica útil estar al tanto de los talentos, logros y dones que tenemos. Y, ciertamente no es saludable que sólo se consideren los aspectos negativos de nuestro carácter y comportamiento. Sin embargo, ambos enfoques son insuficientes … porque ambos representan una visión individualista de la persona.

En el siglo XX, la Psicología Humanista sostuvo que la autoestima es fundamental para la salud mental y emocional y esencial para todos los logros. Pero de acuerdo con este pensamiento, cuanto mayor es la autoestima, mejor, y todo lo que la disminuya, especialmente la autocrítica o la crítica de los demás, es perjudicial. Este es el problema con el concepto de autoestima que, si bien es algo necesario para evitar la depresión, para activar todo nuestro potencial o tolerar relaciones abusivas, se convierte fácilmente en exclusivo y absoluto, lo que nos lleva a la incapacidad de aprender de nuestros errores y a varias formas de narcisismo.

Imagina que estás mirando el horizonte desde el balcón de tu habitación. Los árboles, las montañas, un río y un pequeño lago. En todo, ves belleza y no te estás centrando en basura en la calle de abajo. No es perfecto; vemos belleza y la disfrutamos Incluso podríamos decidir retirar esa basura… Pero en cualquier caso tomamos la totalidad de lo que se ve.

¿Podemos entonces tener una perspectiva más realista? Esta es una pregunta importante porque nuestra perspectiva en la vida comienza a dar forma a nuestras prioridades y esas prioridades moldearán nuestras obras.

Como es bien sabido, Viktor Frankl señaló que aquellos que tienen un “porqué” para vivir, pueden soportar casi cualquier “cómo”. Este es un paso importante. En lugar de contemplar mi yo, se hace hincapié en algún objetivo esencial en la vida, y esto da la oportunidad de tener en cuenta positivamente a nuestro prójimo. De hecho, es fácil coincidir con la famosa psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, cuando dijo que las personas más bellas que ella había conocido son aquellas que han conocido la derrota, el sufrimiento, la lucha, la pérdida de algo (o alguien) sustancial en sus vidas, y han encontrado la manera de salir de esas profundidades.

Pero Cristo, con su Ascensión, nos da la visión más completa, la mejor perspectiva posible de nuestras vidas. Él NO está hablando de un objetivo, sino de una misión. La diferencia es que una misión es un legado, una herencia, algo que recibimos en un acto de confianza: en este caso, sorprendentemente, estamos invitados a tomar el lugar de Cristo. Salieron y predicaron en todas partes, mientras el Señor trabajaba con ellos y confirmaba la palabra a través de signos que les acompañaban.

Cada momento de la vida de nuestra Madre María es una proclamación de la confianza y la misericordia de Dios. A pesar de que no podía entender completamente el alcance de la gracia recibida, se acogió a la perspectiva más auténtica: la fidelidad a una misión y la abnegación, más que la autoestima, nos da, a cada uno y a nuestro prójimo, la imagen verdadera y divina de nuestro ser: Porque él ha mirado con agrado la pequeñez de su sierva. Desde este día, todas las generaciones me llamarán bienaventurada.

La siguiente historia nos muestra que, no sólo nuestra Madre María, sino todos nosotros, nos transformamos cuando recibimos y acogemos una misión, aunque sea aparentemente algo muy sencillo.

Una maestra de escuela fue asignada para visitar a los niños de un hospital y recibió una llamada de solicitando que visitase a un niño en particular. Su jefa le dijo al otro lado del teléfono: Ahora estamos estudiando sustantivos y adverbios en la clase. Te agradecería si pudieras ayudarlo, para que no se quede atrás de los otros niños. Hasta que la maestra visitante entró en la habitación del niño, no se dio cuenta de que estaba en la Unidad de Quemados del hospital. Nadie la había preparado para encontrar a un niño horriblemente quemado y con grandes dolores. La maestra sintió que no podía dar la vuelta y marcharse. Y entonces tartamudeó: Soy la maestra del hospital, y tu maestra me envió a ayudarte con los sustantivos y los adverbios. El niño tenía tanto dolor, que apenas respondió. La joven maestra hizo lo que pudo en su lección, avergonzada de hacerle pasar por un esfuerzo tan absurdo.

A la mañana siguiente, una enfermera de la Unidad de Quemados le preguntó: ¿Qué le hiciste a ese chico? Antes de que la maestra pudiera terminar su lista de disculpas, la enfermera la interrumpió: No me entiendes. Hemos estado muy preocupados por él. Pero desde que estuviste aquí ayer, su actitud ha cambiado completamente. Está luchando y está respondiendo al tratamiento. Es como si hubiera decidido vivir. El niño más tarde explicó que había perdido completamente la esperanza hasta que vio a la maestra. Todo cambió cuando llegó a una conclusión muy sencilla. Con lágrimas de alegría, el niño dijo mucho más tarde: No mandarían a una maestra a trabajar en sustantivos y adverbios con un niño que se está muriendo, ¿No le parece?

Su presencia. Como mencionamos anteriormente, El Señor trabajaba con ellos y confirmaba la palabra a través de signos que les acompañaban. Esta frase capta el significado de la festividad de hoy: nunca estamos solos y Cristo camina con nosotros. Lo hace en muchas formas diferentes. Por ejemplo, leemos en los Hechos de los Apóstoles: Durante la noche, Pablo tuvo una visión. Un macedonio se paró frente a él y le imploró con estas palabras: “Ven a Macedonia y ayúdanos”. Cuando vio la visión, viajó a Macedonia de inmediato, concluyendo que Dios les había llamado para proclamar allí la buena nueva. No deberíamos tomar esto como un caso singular y extraordinario. Quizás lo primero que se te ocurre pensar es que nunca has tenido un sueño semejante. Seguramente, tienes razón, pero este momento en la vida de Pablo es solo un ejemplo, y nos enseña dos características de la presencia de Cristo:

* Nos da signos claros e inconfundibles de su voluntad, de sus expectativas actuales sobre nuestra misión.

* Nos da un nuevo entusiasmo y energía que nos permite ponernos en marcha de inmediato para cumplir nuestra misión.

Estos dos rasgos, que son tanto simultáneos como complementarios, son manifestaciones del Recogimiento y la Quietud místicas, respectivamente. Estos son los primeros efectos internos del don del Espíritu Santo por medio de Jesucristo, y los efectos externos son los signos que nos acompañan para autentificar la realidad de nuestro mensaje. Expulsar demonios y coger serpientes con nuestras manos significa que realmente podemos dar paz y libertad a nuestros semejantes. Hablar nuevas lenguas es una forma de decir que se nos capacita para presentar la verdad del Evangelio de maneras nuevas e inesperadas, nacidas de la inspiración del mismo Espíritu Santo

Quizás no nos damos cuenta del alcance de lo que decimos en la III Plegaria Eucarística: Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia y…que formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu. Que Él nos transforme en ofrenda permanente. ¿No es esto la plenitud de la oración, la oración continua? Este es probablemente el cambio más profundo operado en nuestras vidas por la presencia de Cristo en la Eucaristía, a través del Espíritu Santo. Convertirnos en una ofrenda permanente o eterna equivale a vivir en un estado de oración continua.

No sólo eso. En medio de las persecuciones y las luchas, somos capaces de perdonar porque se nos da la perspectiva correcta para ver la debilidad de los enemigos de Jesús y de aquellos que en algún momento son nuestros enemigos: Todo esto les harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió (Jn15: 21). El corazón de la humanidad odia escuchar y se rebela contra la necesidad del arrepentimiento para el perdón de los pecados.

El mundo, al rechazar a Cristo no sólo rechazó sus palabras, sino también sus obras y las obras de nuestro Padre. Cuando perdonamos, estamos verdaderamente haciendo una obra de nuestro Padre, que será la huella que nuestros enemigos utilizrán para descubrirlo, en este mundo o en el último día. La Ascensión nos recuerda el espíritu omnipresente de Dios cuidándonos y protegiéndonos de todo, de las palabras duras y la crítica, el abandono y la exclusión, incluso del dolor del sufrimiento de la muerte al ser testigos y mártires de Cristo.

Sólo a través de la Ascensión somos completamente conscientes de que somos hechos para siempre una parte de la naturaleza de Dios. En la medida que tenemos la seguridad de que todo lo que Él ha hecho permanece eternamente, también entendemos que nuestras obras, humildes y limitadas, tendrán valor eterno. Esto nos ayuda a recordar que, sea cual sea nuestro estado físico o psicológico, cualquiera que sea nuestra edad, cualesquiera que sean nuestros talentos y limitaciones, tenemos una misión en el mundo. Tú y yo siempre tenemos un servicio que ofrecer, un testimonio de amor que dar en el momento presente de nuestras vidas.

Debido a que Cristo ha ascendido, podemos sentir su presencia, realmente hablándonos, realmente enseñándonos, realmente derramando su amor en nuestros corazones a través del Espíritu Santo.

Su mundo. Un significado aún más profundo de la Ascensión es que Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, que regresa al Cielo, nos está diciendo quiénes somos, a dónde pertenecemos.

En palabras del Papa Benedicto: La Ascensión de Cristo significa que ya no habita en el mundo de la corrupción y la muerte, que condiciona nuestra vida. Significa que Él pertenece completamente a Dios. Él, el Hijo eterno, ha llevado a nuestro ser a la presencia de Dios.

Esa es otra forma de enseñarnos cómo vivir con una perspectiva diferente: estamos llamados a seguir a Jesús no solo en su peregrinación en este mundo, sino también en su posesión del paraíso; como dijo el santo Papa León, incluso hemos entrado al Cielo en la persona de Cristo; por su gracia hemos recuperado mucho más de lo que habíamos perdido por la ira del diablo.

La Ascensión, es deificación y la deificación nada menos que la plenitud de la creación del hombre. No es un regreso al pasado eterno después de un episodio infeliz en la tierra. Es el lugar del hombre, de una vez por todas, dentro de la vida y el amor de la Trinidad, donde todo puede florecer y ser fructífero eternamente. La Ascensión de Cristo significa que Él está reinando actualmente desde el cielo y, por lo tanto, estamos llamados y capacitados para honrarlo y obedecerlo en todos los aspectos de nuestra vida personal. En verdad, el Espíritu Santo es la presencia de Cristo en la vida del cristiano, presente personalmente en todo momento y en toda circunstancia.

Permitan que concluya con unas palabras del Concilio Vaticano II, analizando algunas de las formas de presencia de Cristo, ahora que Él ya no está en forma humana:

En la celebración de la Misa, las formas principales de la presencia de Cristo en su Iglesia se manifiestan progresivamente. Primero, Él está presente en la asamblea de los fieles reunidos en su nombre; luego está presente en su palabra cuando se lee y se explica la Escritura en la iglesia y se explican; asimismo, Él está presente en la persona del sacerdote; finalmente, y sobre todo, Él está presente bajo las especies eucarísticas, de una manera completamente única, Dios y hombre, completa y entero, sustancialmente y continuamente. Esta presencia de Cristo bajo las dos especies se llama ‘real’ no en un sentido exclusivo, como si los otros tipos de presencia no fueran reales, sino “por excelencia” (Eucharistic Sacramentum).

 El concepto de presencia no es una mera analogía o metáfora. De hecho, el primer mandamiento de Dios a Abraham fue caminar en su presencia. También es una advertencia útil para dejar claro que debemos escucharle no sólo en los momentos de oración en silencio, sino en medio de nuestras actividades y reflexiones, es decir, cuando caminamos.

En definitiva, caminar en Su presencia significa ser conscientes de que somos atraídos y purificados por Su poder, que nos lleva a cumplir el fin para el cual nos ha creado. No es suficiente saber esto de manera abstracta; debemos pasar toda nuestra vida dentro de esta consciencia creciente. A través del Espíritu Santo, Él está presente para nosotros más profundamente de lo que somos para nosotros mismos. Está a nuestro lado y dentro de nosotros, con el tipo de presencia más profunda y activa posible

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