Evangelio a mano

¿De qué mandamientos habla ahora Jesús? | Evangelio del 10 de mayo

Publicado por 6 de mayo de 2026No Comments

Evangelio según San Juan 14,15-21
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él».

¿De qué mandamientos habla ahora Jesús?

Luis CASASUS Presidente de las Misioneras y los Misioneros Identes

Roma, 10 de Mayo, 2026 | VI Domingo de Pascua

Hechos 8: 5-8.14-17; 1Pe 3: 1.15-18; Jn 14: 15-21

La despedida de Cristo en el Cenáculo estuvo llena de declaraciones difíciles de entender: ¿Y tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?… Señor, no sabemos a dónde vas, así que ¿cómo podemos conocer el camino?… Adonde yo voy ahora, ustedes no pueden venir

Para colmo, después de haber insistido en que les daba un mandamiento nuevo y haber enseñado que ese mandamiento era la perfección del “amar a Dios y al prójimo” del Antiguo Testamento, ahora dice dos veces a los discípulos que “guarden sus mandamientos”, en plural.

Sabemos bien que estos mandamientos no son un código nuevo, ni es posible recogerlos en un texto. Lo que ocurre es que, en el Evangelio de hoy, Jesús relaciona tres cosas: el amor a Él, el cumplimiento de “sus mandamientos” y la venida del Espíritu Santo. Unos versículos más adelante (Jn 14: 26), explicará el papel del Espíritu con mayor claridad: El Espíritu les enseñará y les recordará todo lo que yo les he dicho.

Amar a Cristo, bien lo sabemos, significa identificarse con Él. No es sólo un amor generoso, ni mucho menos un amor que “busca la armonía”. Por el contrario, nos enseña que nuestra generosidad no puede ser completa porque olvidamos que todo lo que tenemos es un regalo de Dios y tratamos de dar basándonos en nuestra propia abundancia; y, además que ha venido a traer la espada, la disensión (Mt 10: 34).

Amar a Cristo es entonces cumplir lo que el Espíritu Santo nos comunica como algo nuevo, inesperado, o nos recuerda como propio de la persona de Jesús. Tal vez por eso, en Mateo 13:52, Jesús utiliza la expresión «lo nuevo y lo añejo» para ilustrar cómo ha de abrazar la verdad divina un discípulo instruido en el Reino de los Cielos. La metáfora proviene de la parábola del «amo de casa» que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas.

Veamos un ejemplo de la literatura, un personaje que a la vez estima el saber antiguo y al mismo tiempo puede aceptar lo más inesperado, lo nunca visto.

El león, la bruja y el ropero es el primer libro publicado de Las Crónicas de Narnia, escrito por C. S. Lewis. En él aparece un curioso personaje, el Profesor Kirke. Es un viejo académico que vive rodeado de libros antiguos y armaduras, en una casa que parece un museo de la historia de Inglaterra.

Acoge en su enorme mansión a Peter y Susan, hermanos mayores de Lucy, la cual insiste en haber encontrado un mundo mágico en el armario. El Profesor Kirke no juzga a los niños como locos o mentirosos; usa su sabiduría antigua para validar una experiencia totalmente nueva y fantástica.

Es el único adulto capaz de aceptar la «novedad» de que existe un mundo dentro de un ropero. Con su famosa frase clave: «O miente, o está loca, o dice la verdad«, el profesor argumenta que, basándose en el carácter de Lucy, no parece estar mintiendo ni estar loca, por lo que la única opción restante es que esté diciendo la verdad. Así, este amante de lo antiguo, logra también acoger lo nuevo.

Esa capacidad de acoger algo nuevo e inesperado, en nuestra vida espiritual, es también un don, algo recibido como un regalo que nos lleva a ver todo con ojos nuevos . Por eso hemos de aprender a escuchar al Espíritu Santo, que cambia nuestra forma de creer, de vivir la esperanza y de amar al prójimo. Sin duda, el cambio más espectacular es llegar a amar (no sólo respetar) al enemigo, a la persona que me hace daño o me desprecia. En realidad, ese es exactamente el amor de nuestro Padre celestial: ante nuestra infidelidad y la ingratitud, su respuesta es prescindir de lo más íntimo, de su propio Hijo, para que haciéndose uno de nosotros, nos haga comprender y experimentar la realidad de ese amor que protege, perdona y cura.

Esa curación significa nada menos que romper los límites de nuestra mediocridad y poder seguir el camino que señalaba Jesús: Sean perfectos, como mi Padre celestial es perfecto.

Un personaje bíblico que encarna la síntesis de lo nuevo y lo añejo es Simeón (Lc 2: 25-35). Su figura es el puente perfecto entre el Antiguo y el Nuevo Testamento; es el hombre que vive en el «umbral» y antes de que Jesús fuese el Maestro que otros conocieron, dispuso su corazón para aceptar lo que hoy llamamos Evangelio.

Simeón representa siglos de tradición, leyes y promesas antiguas; él es, literalmente, «lo viejo», siempre a la espera de lo que determine la voluntad de Dios, en el tiempo adecuado. En sus brazos recibe a un bebé de pocos días; ese niño es la «novedad» absoluta, el Mesías que viene a cambiarlo todo. Simeón no rechaza al niño por ser nuevo, ni se queda encerrado en sus libros de leyes y al cantar el Nunc Dimittis («Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz»), Simeón reconoce que lo añejo, la promesa, se ha cumplido en lo nuevo, en el Niño.

Observemos que esto es posible hoy en ti y en mi porque, como dice hoy Jesús, el Espíritu mora con nosotros.

De manera que, el Espíritu Santo nos da a conocer, incasablemente, esos “mandamientos de Cristo”, que en realidad son formas concretas de vivir, aquí y ahora, el único mandamiento del amor.

En realidad, escuchar la voz del Espíritu Santo es la única forma de ser completamente humano. Muchos recordarán un célebre poema de estilo victoriano de Rudyard Kipling (1865-1936), donde resume una lista de actitudes que verdaderamente hacen que una persona sea completamente humana. Vivir de esa manera siempre e íntegramente, es realmente imposible con las propias fuerzas, sin contar con el Espíritu Santo.

 

Si guardas en tu puesto la cabeza tranquila, cuando todo a tu lado es cabeza perdida.

Si tienes en ti mismo una fe que te niegan, y no desprecias nunca las dudas que ellos tengan.

Si esperas en tu puesto, sin fatiga en la espera; si engañado, no engañas, si no buscas más odio, que el odio que te tengan…

Si eres bueno, y no finges ser mejor de lo que eres; si al hablar no exageras lo que sabes y quieres.

Si sueñas, y los sueños no te hacen su esclavo; si piensas y rechazas lo que piensas en vano.

Si tropiezas al Triunfo, si llega tu Derrota, y a los dos impostores les tratas de igual forma.

Si logras que se sepa la Verdad que has hablado, a pesar del sofisma del Orbe encanallado.

Si vuelves al comienzo de la obra perdida, aunque esta obra sea la de toda tu vida.

Si arriesgas en un golpe y lleno de alegría tus ganancias de siempre a la suerte de un día; y pierdes y te lanzas de nuevo a la pelea, sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era.

Si logras que tus nervios y el corazón te asistan, aun después de su fuga de tu cuerpo en fatiga, y se agarren contigo cuando no quede nada porque tú lo deseas y lo quieres y mandas.

Si hablas con el pueblo, y guardas tu virtud.

Si marchas junto a Reyes con tu paso y tu luz.

Si nadie que te hiera, llega a hacerte la herida.

Si todos te reclaman y ni uno te precisa

Si llenas el minuto inolvidable y cierto, de sesenta segundos que te lleven al cielo…

Todo lo de esta tierra será de tu dominio, y mucho más aún: serás Hombre, hijo mío.

 

—ooOoo—

La Primera y Segunda Lecturas de hoy, son especialmente significativas para quienes queremos ser fieles al carisma misionero idente.

En la Segunda, Pedro nos anima a vivir nuestra actividad de estudio y la defensa del Magisterio, que nuestro Fundador llama apologética forense y está incluida en el Voto de Cátedra. En este brevísimo párrafo, tenemos la clave de cómo el Voto Apostólico y el de cátedra van de la mano:

Estén siempre preparados para responder a todo el que pida razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con gentileza y respeto, manteniendo la conciencia limpia, para que los que hablan mal de la buena conducta de ustedes en Cristo se avergüencen de sus calumnias. Si es la voluntad de Dios, es preferible sufrir por hacer el bien que por hacer el mal.

Por otro lado, la Segunda Lectura habla de los frutos del apostolado en los primeros tiempos. Alguien puede pensar que hoy no es siempre así y que no hay tantos prodigios visibles. Sin embargo, tengamos en cuenta que estos signos se cumplen hoy en sentido real, pero no necesariamente espectacular. Se cumplen en la vida de los auténticos apóstoles, en la misión cotidiana, en la transformación interior y en la caridad que vence al mal.

Los verdaderos misioneros, enviados de Cristo “expulsan demonios” porque: liberan del mal que esclaviza. Un apóstol auténtico expulsa demonios cuando ayuda a alguien a romper con un pecado que lo domina, cuando acompaña a una persona atrapada en adicciones, violencia o desesperación, anuncia la verdad que desenmascara mentiras.

Los verdaderos misioneros, enviados de Cristo “hablan lenguas nuevas”, porque la gracia les permite hablar al corazón de personas muy distintas, encontrando palabras que abren caminos donde todo parecía cerrado; pueden anunciar el Evangelio en el “idioma” de cada cultura y generación, y comunican esperanza donde todos ven fracaso. La “lengua nueva” es el lenguaje de Cristo: misericordia, verdad, paciencia, claridad, mansedumbre.

Los verdaderos misioneros, enviados de Cristo “toman serpientes con las manos”, porque afrontan el mal sin ser paralizados por él. La serpiente es símbolo bíblico del mal astuto, del engaño, de la tentación. Un apóstol auténtico “toma serpientes” cuando: enfrenta situaciones moralmente peligrosas sin dejarse contaminar, entra en ambientes hostiles sin perder la paz, acompaña a personas heridas por el pecado sin escandalizarse, y es capaz de discernir manipulaciones, ideologías o engaños espirituales, siempre por medio de la gracia recibida para ello.

Los verdaderos misioneros, enviados de Cristo, “si beben algo venenoso, no les hará daño”. El veneno es la maldad que se recibe desde fuera: calumnias, traiciones, injusticias, ingratitudes, cualquier tipo de ataque, crítica o persecución. Es el signo de la inmunidad espiritual que da el Espíritu Santo.

Finalmente, los verdaderos misioneros, enviados de Cristo “imponen las manos sobre los enfermos y se curan”.

Con la ayuda de Dios, sanan heridas del cuerpo, del alma y de la vida La Iglesia siempre ha entendido este signo en dos niveles: la sanación física, cuando Dios lo concede, y la sanación espiritual y moral, que es constante, universal y más importante.

El apóstol auténtico sana a su prójimo cuando consuela a quien sufre, reconcilia a quien está roto por dentro, ayuda a quien le cuesta perdonar y ora por los enfermos con fe y compasión.

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En los Sagrados Corazones de Jesús, María y José,

Luis CASASUS

Presidente