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El deseo de ser nuevos: Motus Christi Internacional en Praga

Published by 20 January, 2026No Comments

“Quisiera aprender el lenguaje del amor”, decía una joven boliviana, con lágrimas en los ojos, al comenzar el Motus Christi en Praga, en la República Checa. Afuera caían gruesos copos de nieve; dentro, en la casa parroquial, se fue creando muy pronto una atmósfera cálida y familiar entre participantes de doce nacionalidades distintas. Durante cinco días de convivencia y reflexión, se practicó de verdad esa lengua universal: cada uno atento a la necesidad del otro, escuchando, compartiendo, caminando juntos.

El fruto se hizo visible enseguida. Una joven lo expresó así: “me he sentido como en casa. Podía hablar siendo yo misma, sin miedo ni timidez, como en casa”. Otro participante añadía: “reflexionar sobre la actualidad de las palabras del Evangelio, después de dos mil años, es realmente fascinante”, y subrayaba algo que valoró especialmente: “aquí tuvimos la tranquilidad necesaria para estudiar de verdad”.

En ese ritmo común, el silencio ocupó un lugar central. Lejos de ser algo vacío o pesado, se convirtió en una experiencia viva. “Callar, estar en silencio, puede parecer aburrido”, compartía uno de los jóvenes, “pero no lo fue. Vivirlo cada día, esos quince minutos, me resultó muy enriquecedor”.

Silencio y reflexión se combinaron de forma natural con momentos de celebración, creatividad y juego. Las más jóvenes del grupo, dos gemelas germano-brasileñas, se encargaron de animar estos espacios. Su experiencia fue muy clara: “en cada persona veía ese esfuerzo por vivir con el otro, con inocencia y sensibilidad. Eso es también lo que yo quiero vivir mejor”. Confesaban incluso sus dudas iniciales: “pensábamos que quizá ya éramos demasiado mayores para ciertos juegos, que podrían parecer infantiles o aburridos. Pero ocurrió lo contrario: nos convencimos de que no importa la edad, siempre se puede conservar ese ser niño, ese sentido de diversión y de alegría en la vida”.

Una vez más se hizo palpable la promesa de Cristo: “donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). No solo está en medio, sino que actúa. Así lo expresó una joven en la conclusión: “Le doy gracias a Dios por este momento de verdadera gracia y conversión. Yo intentaba seguir a Jesucristo, pero lo hacía en solitario. Es la primera vez que recorro este camino en común, y solo deseo que esto continúe”.

Cada uno regresó luego a su tierra, como los Reyes Magos, después de haber visto algo más de ese Niño que nace de manera siempre nueva y sorprendente en medio de nosotros, cada vez que nos reunimos en su nombre. Alberto, misionero idente que vive en Praga desde hace muchos años, despidió a los jóvenes con una exhortación directa y llena de confianza: “Sois apóstoles; Dios cuenta con vosotros, Cristo cuenta con vosotros, y haréis cosas grandes, incluso mayores”. Y lo resumió con un proverbio de Fernando Rielo: “El mundo es vuestro en la medida en que sois de Cristo”.

 

Como cierre, compartimos algunos de los poemas escritos durante el encuentro, nacidos de la experiencia vivida.

Has venido

Has venido.
Yo he llegado.
El miedo y tu protección.
Cuando trabajamos, aparece el amor.
Descanso y doy gracias.
Por la música y el silencio.
El aire frío cuando tengo frío.
El chocolate caliente,
Dios mío, porque tú me amas.
Mis amigos contra la soledad del mundo.
La ciudad antigua llena de colores.
Edificios nuevos y noches oscuras.
Luego las dificultades y tu respuesta.
Has venido.
Yo he llegado.
(Zofia, Polonia)

En el silencio

Caminar en el silencio.
Estas palabras sonaron inesperadas.
¿Encajan en el ruido de la capital?

Como los monjes,
pero quizá también nosotros necesitamos el silencio.
Nos rodea suficiente caos.

La voz de Cristo es distinta.
En el mundo escuchamos muchas voces.
¿Cuál de ellas es digna de confianza?
No todo espíritu del mundo es el Espíritu Santo.

La voz de Cristo es llamada.
La ciudad ruidosa ya no nos distrae.
En silencio buscamos nuestro camino.
En la quietud está vuestra fuerza.
(cf. Is 30,15).
(Roland, Polonia)

Siempre fuiste Tú

Cuando me sentí perdida
y la soledad pesaba en mi alma,
ahí estabas Tú.
En lo más profundo de mí,
Tú esperabas paciente por mí.

Yo me alejé,
pero tu amor nunca me abandonó.
Cuando te busqué,
no preguntaste por qué tardé.
Abriste tus brazos
y en ti encontré descanso.

Tomaste mi corazón cansado,
lo limpiaste con tu misericordia,
sanaste las marcas
que el mundo dejó en mí.

¿Cómo no amarte,
si ante Ti puedo ser frágil,
sin máscaras,
sin miedo?
Tú me amas tal como soy.

(Isabel, Ecuador)