Perdón y Genética

By 15 febrero, 2017febrero 17th, 2017Evangelio

Por el P. Luis Casasús, Superior General de los misioneros identes.
Comentario al Evangelio del 19-2-2017 (VII Domingo del Tiempo Ordinario) (Levítico 19,1-2.17-18; 1 Corintios 3:16-23; San Mateo 5:38-48)

 Todos amamos a alguien, alguna vez, de alguna manera. Pero es fácil hablar demasiado del amor. De igual modo, todos estamos de acuerdo en que perdonar es saludable, noble y todo eso… hasta el momento que tenemos que perdonar a alguien.

En la vida real, muchas personas se niegan a perdonar, sobre todo cuando quienes nos han hecho daño no se arrepienten o no están dispuestos a reconocer el mal causado. La dura realidad es que incluso aquellos que dicen perdonar (¿quizás tú, o yo?) en verdad perdonan menos de lo que dicen.

En muchos casos, quien ofende no se disculpa ni pide perdón y a menudo no está ni física ni emocionalmente disponible para hacer ninguna clase de reparación. Puede que sea narcisista, no arrepentido, incapaz de sentir o escuchar nuestro dolor, sin sentir ninguna consideración por nosotros.

En el Evangelio de hoy, Cristo dice algo muy notable: el amor es siempre posible y la única vía de salida posible.

Pero Él pone unas normas: Haz el bien, especialmente a tus enemigos, sin esperar nada a cambio y sé misericordioso, igual que lo es tu Padre celestial.

Es fácil encontrar justificaciones para no perdonar a nuestros enemigos, pero ese amor les hará conscientes de su pecado, ira, apatía, frialdad, odio,…y ANTES O DESPUÉS hará que vean su lejanía de Dios y sean llevados al arrepentimiento. En los Proverbios 19:21 leemos: Muchos son los planes en el corazón del hombre, pero la voluntad del Señor prevalecerá.

El amor no es un sentimiento sobre los demás, sino que es hacer bien a los demás. Debemos entender la diferencia entre sentirnos bien con alguien y hacer bien a alguien.

Nuestro enemigo puede ser cualquiera, conocido o desconocido. Cada uno de nosotros sabemos cuándo otra persona provoca una respuesta negativa dentro de nosotros y, en cierto modo, en este momento es nuestro enemigo.

Francis Collins es un célebre médico y científico especializado en genética. Fue director del proyecto del Genoma Humano, que registró, por vez primera, los tres mil millones de letras del código genético humano. Este trabajo es la base de una Medicina innovadora, que ha salvado y salvará vidas en lo sucesivo. Es también un cristiano abierto y activo. Fue educado como ateo, pero se convirtió tras contemplar el amor desprendido e incondicional de Cristo y de algunos cristianos hacia los demás, incluidos sus enemigos. Estas son sus palabras:

¿Cómo puede ser que nosotros y todos los miembros de nuestra especie, única en el reino animal, sabemos lo que está bien y lo que está mal? En cualquier cultura que miremos, ese conocimiento está presente ¿de dónde viene? Rechazo la idea de que sea una consecuencia de la Evolución, porque la ley moral algunas veces nos dice que lo que tenemos que hacer es algo muy auto-destructivo Si voy caminando por la orilla del río y veo que un hombre se está ahogando, incluso si no sé nadar muy bien, siento este impulso de que lo correcto es intentar salvar a esa persona. La Evolución me dice exactamente lo contrario: Protege tu ADN ¿A quién le importa el que se está ahogando? Es uno de los débiles, deja que desaparezca. El que tiene que sobrevivir es tu ADN. Y sin embargo, eso no es lo que está escrito dentro de mí.

No sólo eso. Más tarde, dio un testimonio contundente:

Christopher Hitchens, junto con Richard Dawkins, ha sido el portavoz más activo del ateísmo hasta su muerte por cáncer en 2011. Hitchens se burlaba habitualmente de la fe cristiana. Francis Collins tendió la mano a Hitchens y a su familia durante los últimos años de vida de éste. Los medios no airearon lo que Hitchens dijo de Collins poco antes de morir. De hecho, Hitchens se refirió a Collins como uno de los americanos más grandes del presente. Nuestro médico cristiano más generoso. Conozco a Francis de los debates públicos y privados, pero también de las visitas que me hizo, dedicando tiempo a buscar durante horas posibles tratamientos para mi cáncer.

Una nota doctrinal. Miedo y perdón son conceptos tan importantes y complejos que no pueden ser explicados sólo en términos de los modelos cognitivos o emocionales. Desde un punto de vista sicológico, la Facultad Unitiva, tal como la entiende nuestro Padre Fundador, será una guía para una comprensión completa de ambas nociones. Por favor, no pierdan de vista este punto.

¿Qué tenemos que perdonar? Algunas cosas son más fáciles de perdonar que otras. Veamos dos ejemplos difíciles:

* Podemos perdonar a quienes nos hacen daño, pero a veces no podemos hacerlo con quienes hacen daño a las personas que amamos.

Recuerdo el caso de una profesora, menuda, elegante y educada, que trabajaba conmigo en la universidad. Su hijo, de 18 años, jugaba al baloncesto y ella solía ir a ver los partidos, acompañándole discretamente. Un día lunes, llegó a la universidad e hizo una confesión:

Estoy afligida y avergonzada por lo que hice ayer.

¿Qué fue? Pregunté.

Pues que mi hijo chocó con uno de los jugadores del otro equipo y se cayó. Entonces me lancé a la cancha, aunque mi marido intentó sujetarme y salté sobre ese jugador [que medía 2.08 metros y es ahora un profesional] diciéndole palabrotas horribles y golpeándole con toda mi fuerza, mientras el árbitro, mi hijo y el joven gigante me miraban incrédulos…y ahora mi hijo me ha prohibido ir a los partidos con él.

Es una historia simpática y entrañable, pero la experiencia nos dice que cuando presenciamos una acción en contra de las personas que amamos, tenemos una reacción de rechazo, de distancia y separación. Esto explica en algunas personas el origen de pensamientos negativos sobre el sexo opuesto, sobre las autoridades políticas o religiosas, la xenofobia, la incapacidad de tratar a personas de diferente clase social o de diferentes creencias religiosas, etc.

* Cuando hablamos de perdonar, pensamos en insultos graves o en ofensas serias que no ocurren todos los días. Pero perdonar las continuas provocaciones de la vida diaria es ya bastante complicado: perdonar a un cónyuge dominante, un muchacho perezoso, un hermano o hermana que carece de empatía,…Tenemos que recordar que esas situaciones han de ser ofrecidas explícitamente a Dios: cuando decimos Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos han ofendido, no estamos haciendo un trato, no estamos “negociando con Dios”, sino que estamos haciendo una oblación, una ofrenda de nuestro acto de perdón, un gozoso sacrificio presentado a nuestro Padre Celestial.

Un experimento.

  1. Cierra los ojos.
  2. Recuerda a una persona que te haya hecho auténtico daño.
  3. Ahora piensa cuál será su situación después de morir:

—Primero, tiene que cumplir sus obligaciones de Purgatorio, probablemente un doloroso sentimiento de vergüenza cuando sienta el abrazo de nuestro Padre celestial, bastante parecido a lo que ocurre en la parábola del Hijo Pródigo. La única diferencia es que TODOS los que estén allí acogerán felices a tu agresor (esto añadirá algunas lágrimas más a las que derrame por su rebeldía).

—Después, nuestro Padre dará a tu agresor una tarea eterna: alabar al Señor con gozo.

  1. Si estás leyendo estas líneas, quiere decir que sin duda Dios te ha perdonado ya, al menos no apagando la llama de tu fe, sino más bien alimentándola con el deseo del arrepentimiento. Antes de abrir los ojos, por favor intenta visualizar la parábola del Siervo Despiadado (Mt 18: 23-35).

Después de eso ¿Vas a seguir aferrado a tu resentimiento? ¿Hasta cuándo? ¿Contra lo que dices en el Credo, Creo en el perdón de los pecados?

Una de las dificultades del perdonar es que significa cosas muy distintas para cada persona. En el caso de Cristo, al menos dos rasgos están siempre presentes:

* Cristo siempre da a quienes le han ofendido una nueva oportunidad; decide cuidadosamente qué clase de relación con el ofensor es posible y viable, una nueva forma de caminar con él: después de la negación de San Pedro; después de la traición de Judas Iscariote, a quien luego llamó amigo; la promesa al buen ladrón en el Calvario, a quien le aseguró su compromiso de estar con él,….El perdón es como el amor. Podemos amar a alguien unilateralmente: Independientemente de cómo me trates, te seguiré queriendo. Si el ofensor rechaza o es incapaz de cambiar, por lo menos tiene que estar seguro de mi oración. Necesitamos saber que Dios nos ha perdonado y que nuestro prójimo también.

Pero, aparte de esos casos extremos, Su oración le lleva a encontrar cómo encender la generosidad escondida en el mendigo, en la persona poseída, o en cualquiera que esté enfermo.

* Siempre reformula la ofensa en términos de los conflictos personales del propio agresor: ¿Qué le sucedió para que me tratara así? ¿Cuáles son sus heridas de la infancia? ¿Qué cosas le producen tensión? ¿Qué fue lo que no entendió para que reaccionara tan mal? ¿Cuál ha sido el papel del diablo? Cuando alguien peca contra ti, has de saber que en su corazón está ocurriendo una tragedia: Por medio de sus acciones, está pidiendo ayuda. Un pecador es siempre un esclavo, como un alcohólico que no es consciente de cuánto está abusando de su cónyuge y de sus hijos. No hay mejor manera de decir todo esto que: Padre, por favor perdónanos porque no sabemos lo que hacemos.

Es notable cómo termina Jesús su exposición. Está hablando del perdón….y súbitamente comienza a hablar de nuestro Padre Celestial: Por tanto, sean perfectos como su Padre Celestial es perfecto. Según eso, la perfección consiste, en resumen, en confiar en la misericordia y amor de nuestro Padre, de tal modo que nosotros podamos amar con el mismo amor y misericordia recibidos, en especial a nuestros enemigos y a quienes necesiten nuestra comprensión.

 

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