Vive y transmite el Evangelio

La vocación de un farero | Evangelio del 25 de enero

Publicado por 21 enero, 2026No Comments

Evangelio según San Mateo 4,12-23
Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea. Y dejando Nazaret, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí; para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: «¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles! El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido». Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado».
Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores, y les dice: «Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres». Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó. Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron. Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

La vocación de un farero

Luis CASASUS Presidente de las Misioneras y los Misioneros Identes

Roma, 25 de Enero, 2026 | III Domingo del Tiempo Ordinario

Is 8: 23b–9,3; 1Cor 1: 10-13.17; Mt 4: 12-23

En muchas ocasiones el Papa Francisco ha contado la historia de su propia vocación, cuando sintió que Dios lo llamaba a servirle como sacerdote.

El 21 de septiembre de 1953, un joven de 16 años llamado Jorge Bergoglio planeaba salir a celebrar con sus amigos una fiesta nacional argentina llamada Día del Estudiante. Jorge decidió comenzar la festividad yendo a rezar a su iglesia parroquial, dedicada a San José.

Cuando llegó a la iglesia, vio a un sacerdote que no reconocía, pero que parecía irradiar bondad. Decidió acercarse a él y le pidió que le confesara. No sabemos qué le dijo Jorge al sacerdote, ni qué le respondió este. Pero sí sabemos que esa confesión cambió totalmente no solo los planes del adolescente para ese día, sino para toda su vida. Durante el Año Jubilar de la Misericordia, el papa Francisco dijo:

Para mí, esta fue una experiencia de encuentro: descubrí que Alguien me estaba esperando. Sin embargo, no sé qué sucedió. No lo recuerdo. No sé por qué estaba allí ese sacerdote en particular, a quien no conocía, ni por qué sentí ese deseo de confesarme. Pero la verdad es que Alguien me estaba esperando. Llevaba tiempo esperándome. Después de confesarme, sentí que algo había cambiado. Yo ya no era el mismo. Había oído algo parecido a una voz o una llamada. Estaba convencido de que debía hacerme sacerdote.

Es una bella experiencia. Aunque cada vocación es distinta, sin embargo hay rasgos comunes a todas, incluidas las vocaciones a una profesión o a una actividad artística. Toda vocación es respuesta a una llamada, y no solo a una inclinación interior, a la autorrealización, o a un proyecto propio.

Uno de las formas más bellas como esto se realiza en el alma de la persona joven es cuando siente el impulso a “ser como esa profesora de geografía”, o “como ese músico” o “igual que ese médico que cuidó a mi padre”. Por supuesto, la vocación invade todo nuestro ser cuando sentimos el impulso de ser “como Cristo”, tal vez por medio del testimonio de alguien que nos recuerda a Jesús. Es una llamada que se realiza frecuentemente sin palabras; diríamos que se trata de algo magnético, por lo que nos dejamos atrapar gustosamente.

Ese fue el caso de nuestro inolvidable hermano chileno Rodolfo Valdez Phillips, que falleció a los 95 años en 2016, en el día de San Juan Pablo II. Era una persona culta y educada , que vivió como un luchador de la justicia social, amante de su país, colaborador de San Alberto Hurtado, de dónde le viene su talante de buscar siempre la ayuda a los más desvalidos. Cuando conoció el carisma idente, no dudó en perseverar hasta el final y hoy su vida es fuente de inspiración para nuestra comunidad chilena y para todos nosotros.

Incluso aunque se siga una vocación con matices egoístas o de una forma narcisista (todos conocemos el caso de ciertos artistas), se trata de una llamada, en ese caso del propio yo. Es el caso de quien “ayuda” mientras necesita ser visto ayudando; quien responde al dolor del otro, pero solo mientras ese dolor confirme su importancia. Puede haber entrega: horas de esfuerzo, incluso duro sacrificio. Pero, interiormente, la llamada no es la del necesitado, sino la del propio reflejo: ser imprescindible, ser admirado, ser reconocido como bueno. Este “servidor” no escucha del todo al otro, porque en el fondo se escucha a sí mismo. No se alegra de que el hermano crezca y ya no lo necesite, sino que teme volverse innecesario.

Se trata de unes una vocación que podría llamarse “desplazada”: no responde al “sígueme”, sino al “mírame”. Eso explica por qué Cristo advierte: Cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, no para ocultar el bien, sino para purificar el corazón del que sirve. Esto es así porque el verdadero servicio libera al otro, y también libera al servidor de sí mismo.

Podría decirse que una vocación nace donde se cruza lo que soy capaz de hacer, lo que da sentido a mi vida y lo que otros necesitan. Esto sucede así incluso cuando la vocación llega en momentos de dificultad y agobio. Eso nos explica por qué el Maestro nos dice: Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados; yo les daré descanso (Mt 11: 28). Pero se trata de una invitación a una inesperada vida activa, por eso añade: Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas.

No todas las vocaciones profesionales tienen un componente explícito de auxilio y ayuda a quien lo necesita de inmediato (como la medicina o la docencia), pero incluso trabajos técnicos, de limpieza o mantenimiento, artísticos o científicos: mejoran la vida de otros, sostienen la sociedad, crean bienes, belleza, conocimiento o estructuras útiles. Quien vive su actividad vocacional con esta consciencia de servicio y respuesta a una necesidad, lo hace de forma entusiasta, con un ánimo que contagia.

Me acuerdo de la historia de un modesto empleado, encargado de un faro marino. Cada tarde, al caer el sol, subía la empinada colina y encendía el faro. El trabajo era siempre el mismo, pesado, solitario y monótono.

Algunos faroleros antes que él, habían hecho la misma tarea, pero de mala gana. Subían contando los escalones, encendían la luz y bajaban esperando el final del día.

Pero este farolero, antes de encender el faro, miraba el horizonte. Pensaba en los barcos que no veía, en los marineros que confiaban en una luz lejana, en las vidas que no conocería nunca. Y entonces su paso se volvía ligero, porque recordaba para qué servía.

Una noche alguien le preguntó: ¿No te cansas de hacer siempre lo mismo?

El farolero respondió: Me cansaría si encendiera una lámpara. Pero enciendo un camino.

—ooOoo—

Pero no podemos ser ingenuos. Todos hemos visto vocaciones hermosas que en un cierto momento se destruyen. Es útil comprender que esto puede ocurrir no sólo por el cansancio o la aridez, sino debido a una nueva “llamada”, más fuerte que un capricho momentáneo, la cual bien puede ser calificada de tentación, que nos invita a cambiar de rumbo.

En un pasaje de La Odisea, el famoso poema épico de Homero, se relata cómo Ulises, durante su regreso a Ítaca, debe pasar junto a la isla de las Sirenas, unas criaturas que poseían una voz de inmensa dulzura y musicalidad. Gracias a su don, atraían a los barcos de marineros; éstos quedaban tan embelesados con tan bella música que saltaban del barco para poder escuchar mejor, pereciendo ahogados en las aguas.

La hechicera Circe advirtió a Ulises sobre el poder de las sirenas, y le sugirió una estrategia: Ulises ordenó a sus compañeros taparse los oídos con cera para no oír la melodía. Y para poder escuchar el canto sin peligro, él mismo se hizo atar firmemente al mástil del barco. Pidió a sus hombres que, si él les rogaba que lo soltaran, lo amarraran aún más fuerte y no hicieran caso a sus súplicas. De este modo, las sirenas cantaron, Ulises sintió el deseo de liberarse, pero sus hombres cumplieron su orden, y la nave pasó sin incidentes, dejando atrás la isla de las Sirenas.

Este episodio es un famoso ejemplo de inspirada e inteligente abnegación, que Ulises utilizó preventivamente para protegerse de una tentación futura, sobre todo cuando su propia voluntad flaqueaba.

En la práctica, es evidente que la mayor dificultad para llevar adelante una vocación religiosa es el desacuerdo, la división. Hoy, la Segunda Lectura, San Pablo nos habla de su preocupación para las divisiones que observaba en la iglesia de Corinto, propias de quienes no reconocen que Dios… “también” llama al prójimo, a pesar de que nosotros veamos, sobre todo, sus defectos y carencias.

Por eso los santos, como la beata María Ana Mogas Fontcuberta (1827 – 1886), fundadora de las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor, nos dan consejos para la convivencia, a menudo llenos de sabiduría y buen humor. Dejó escrito a sus hijas: Sufríos como yo os he sufrido. En el lado positivo de la convivencia, y sin duda pensando en ese testimonio fraterno, nuestro Fundador, Fernando Rielo, dice a los misioneros y misioneras identes: No hagan por separado lo que puedan hacer juntos. No es la evidente llamada a ser más fuertes y eficaces por estar unidos, sino a preparar un terreno,  donde el Espíritu Santo pueda sembrar.

No se trata sólo de evitar conflictos, sino de permitir que nuestra convivencia se transforme en un testimonio que no se puede dar de forma individual.

—ooOoo—

Una de las vocaciones más urgentes en el mundo de hoy, para cualquier adulto y especialmente para las personas consagradas, está orientada a ayudar a los jóvenes a crecer en su capacidades emocionales, afectivas, intelectuales, sociales y espirituales.

Pescar hombres, es formar a las personas para que se conviertan en lo que están llamadas a ser en el plan de Dios. Seguramente, hoy día es más difícil que antes, lo cual no es una impresión personal, sino un síntoma que se puede comprobar en las dificultades que experimentan los colegios, las universidades, las asociaciones juveniles… incapaces de asimilar todos los cambios de las sociedades y las culturas, acelerados por la globalización y la hiperconexión.

Esto es, en realidad, expresión nueva de algo antiguo, como ya se manifestó en Adán y Eva con su deseo de ser independientes, de tomar decisiones sin consultar a nadie. Por eso es tan importante crecer en la conciencia filial, en contemplar todo lo que hemos recibido como herencia y lo que se nos ha confiado como tarea. Los primeros discípulos, en medio de severas dificultades, prejuicios y envidias, fueron capaces de mantener la mirada en su Maestro y esto fue suficiente para entregarlo todo.

Por eso, Cristo hace un esfuerzo continuo por manifestar su presencia. Como concluye el texto evangélico hoy:

Jesús recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

En la Eucaristía, en el hambre y sed de verdad de tantas personas, en la soledad que espera, en el testimonio de los “santos de la puerta de al lado” (expresión del Papa Francisco), en el dolor escondido de nuestro prójimo, en los sueños más puros de los más jóvenes… Cristo nos sigue acompañando y llamado.

_____________________________

En los Sagrados Corazones de Jesús, María y José,

Luis CASASUS

Presidente