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Entre Ritos Funerarios y Danzas: Reviviendo la Semana Santa en Camerún 

Published by 14 April, 2026No Comments

Hay momentos en los que la fe deja de ser solo palabra y se vuelve experiencia viva, capaz de tocar el corazón y permanecer en la memoria. Así se ha vivido la Pascua en la Parroquia de la Sagrada Familia de Elig-Assiga, en África: no como un recuerdo lejano, sino como un acontecimiento presente que transforma la vida.

En la Vigilia Pascual, los catecúmenos recibieron los sacramentos, signo de una Iglesia viva que no deja de renacer. Cada uno de ellos es testimonio de que Cristo sigue llamando y haciendo nuevas todas las cosas.

El Viernes Santo, los jóvenes de la parroquia representaron la Pasión. Antes de comenzar, se reunieron en oración, y el joven que representaba a Jesús recorrió solo el viacrucis en la parroquia, en preparación a la representación. No fue solo una actuación, sino una vivencia interior que se transmitió con fuerza y sencillez.

Una sencilla anécdota muestra el realismo con que lo vivieron. Mientras estaban azotando a Jesús, una madre decía: ¡Más suave, con cuidado!
Para tranquilizarla le dijeron: “No te preocupes, tiene una protección debajo.” “¡No importa,” insistió, “tened cuidado!” De hecho, se llevó algún  latigazo. Ese diálogo sencillo revela cómo la Pasión dejó de ser lejana para volverse cercana, casi propia.

En los atrios de la iglesia los diferentes grupos de la parroquia realizaron también otra ceremonia: el Essani, un rito funerario tradicional camerunés. Esta danza rítmica, a medianoche, glorifica al difunto y anuncia su llegada a los ancestros. Es practicado por el pueblo Béti (Ekang), normalmente para celebrar a los patriarcas, matriarcas u otras personas notables. El viernes santo, se realiza en honor a Cristo: danzan, preguntan y se lamentan de su muerte, presentándose como un personaje del Evangelio.  

Al final, más allá de las palabras, queda una certeza: Cristo está vivo y sigue tocando los corazones. En la oración, en la entrega de los jóvenes, en la emoción de una madre, en el latido de los tambores… la Pascua se hace vida. Una fe que no solo se celebra, sino que se reconoce en lo sencillo y se encarna, silenciosamente, en el corazón de la comunidad.