Nuestra oración tiene que ser sencilla. Motus Christi

Tú, que te acercas a este ventana, ¿sabes que Cristo ha intentado varias veces conectarse contigo para hacerte una oferta de amor, de humildad, de libertad…?

¿Sabes que hay algo de ti que vence a Dios? ¡¡¡Tu fragilidad!!!

¿Has pensado en qué momentos desperdicias tu vida? Cuando vives como si fueras tú el dios de los demás.

Los días 20 y 21 de febrero han tenido lugar los Motus Christi internacionales para jóvenes y adultos en lengua española dirigidos por el P. Jesús Fernández, presidente de los misioneros identes.

En su lección abordó el tercero de los doce puntos o propiedades del código oracional del fundador Fernando Rielo: “El estado de sencillez. Pureza de corazón”. He aquí fragmentos de esta lección:

• Hay que orar sobre todo por los enemigos, no para los amigos; ha de ser de conversión y santidad. Y toda la oración es filial.

• Tengo que vivir la oración con todas las fuerzas, aunque sean débiles. El resto lo pondrá Cristo.

• Hablar de Reino de Dios es hablar de Dios mismo. Y Dios que son las personas divinas es estado de oración absoluto, amor absoluto. Nosotros a imagen y semejanza suya.

• Podemos pasar dificultades pero la oración, el amor no se interrumpe.• Cristo promete la visión divina a los limpios de corazón. • Para ser manso hay que ser valiente.

• El diablo te quiere llevar al desierto de tus preocupaciones, al de abandonar una vocación religiosa, a los pensamientos sobre ti mismo, querer vivir tu vida y que nadie se meta en ella, que eres débil físicamente, psicológicamente, espiritualmente. Si e dejas llevar, Satanás se sonríe y piensa “a esta persona ya la tengo enganchada”. El Papa dice que no se nos ocurra dialogar con él. Todos tenemos flaquezas y dificultades. Tenemos que dejarnos hacer, purificar por el Espíritu Santo. No le ofrezcas resistencia. Cristo te quiere llevar al desierto de la conversión. Cambiar la mente, los miedos, los agobios… Y dice: “Si vienes a Mí, te voy a ayudar”. Cristo me quiere llevar al desierto de la fidelidad, del esfuerzo, del gozo, de la alegría. El corazón tiene dos formas de comunicación: a) el bien, significado por la gracia; b) el mal, significado por el pecado.

• La gracia es comunicación de amor; el pecado, en cambio, es degradación de toda comunicación.

• La pureza del corazón, este renacer de nuevo para ver el Reino de Dios, es lo que pertenece a esa infancia evangélica. No es infantilismo. Lo que importa es la conversión del corazón, dejar de mirarnos a nosotros mismos que es puro egoísmo. Mirar a Cristo es el mundo del amor, esa es la conversión. En el Evangelio se ve cómo curaba, como cuidaba a sus discípulos, como hacía los milagros, sobre todo el de la conversión, del perdón.

• El reino de los cielos es de los pobres y humildes. No es de los que presumen de sabios.

• La persona que ora se olvida de sí misma por medio de la virtud de la humildad.

• La vanidad o vanagloria es un engaño de la persona a sí misma. Los vanidosos, de tanto engañarse a sí mismos, se convierten en personas “vanas”, vacías, superficiales. Son seres humanos que se “adoran” a sí mismos. No adoran a Dios. Se han puesto en el lugar suyo.

• Vivir en la gloria es vivir compenetrados de amor con las Personas Divinas. Y esto es oración. Debemos ser gloria unos para otros.

• El orgullo envenena nuestros pensamientos y deseos. El orgulloso se escucha a sí mismo. Hace cometer errores a los demás. Puede poner fin a un camino de santidad, si no vive la humildad o pureza de corazón (ser como niños).

• Cristo nos da una herramienta: la virtud de la humildad. Reconocer nuestras propias limitaciones, debilidades, fracasos, necesidades asumiéndolas y buscar ayuda para superarlas.

A continuación y tras un minuto colegial de silencio, se dieron dos testimonios de vocación misionera. Uno de Rosa Mera joven misionera consagrada de la comunidad ecuatoriana que ha compartido cómo fue superando sus miedos y temores con la gracia de Cristo que la llamó siendo una adolescente. Y el misionero casado de la comunidad de Chile, Christian Puebla, ha mostrado un camino de vocación en el que en medio de luces y sombras, siempre estaba Cristo tendiéndole la mano, asistiéndole en momentos difíciles de su vida personal y familiar.

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