Evangelio a mano

Cristo y el delfín | Evangelio del 11 de enero

Publicado por 7 enero, 2026febrero 7th, 2026No Comments

Evangelio según San Mateo 3,13-17
En aquel tiempo, Jesús vino de Galilea al Jordán donde estaba Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?». Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre Él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Cristo y el delfín

Luis CASASUS Presidente de las Misioneras y los Misioneros Identes

Roma, 11 de Enero, 2026 | Bautismo del Señor

Is 42: 1-4.6-7; Hch 10: 34-38; Mt 3: 13-17

Katrina Simpkins, era una niña que nació con PFFD (deficiencia focal femoral proximal), un defecto congénito poco frecuente que afecta a la pelvis y al hueso de la cadera. El defecto puede afectar a un lado o a ambos, provocando la deformación de la cadera y el acortamiento de la pierna. En el caso de Katrina, una de sus piernas estaba deformada, por lo que tenía que caminar con una pierna artificial. Al tener esa discapacidad física, como lamentablemente suele ocurrir, algunos compañeros se burlaban de ella en la escuela, lo que la llevó a aislarse de todos.

Todo eso cambió cuando conoció a un delfín llamado Winter durante una visita a un acuario de Florida. Winter era un delfín especial. Cuando era cría, perdió la cola al ser rescatado de una trampa de pesca. El acuario lo utilizó como ejemplo para concienciar sobre el daño que los humanos pueden causar a la fauna silvestre.

Entonces, el Dr. Dan, en su clínica de prótesis, decidió diseñar una cola artificial para Winter, algo que nunca se había hecho antes. Fue esa cola protésica la que impactó a Katrina. Ella y Winter comenzaron a crear un vínculo y Katrina empezó a creer que tenía un lugar en este mundo. Pasó de ser una niña introvertida a una alegre defensora de Winter. Llegó a decir: Me sentí bien al ver que un delfín era como yo.

Y en 2008, el mismo Dr. Dan también diseñó una nueva pierna protésica para Katrina. Una historia increíble sobre cómo un delfín discapacitado ayudó a una niña discapacitada a encontrar su lugar en este mundo.

Hoy, al celebrar el Bautismo de Jesús, es habitual preguntarse por qué tuvo que hacerlo, siendo ajeno a todo pecado. Desde luego, quiso bautizarse para nuestro bien, para demostrar que hemos de utilizar todos los medios posibles para acercarnos más y más al Padre y el Bautismo era una práctica habitual, por ejemplo como purificación ritual antes de entrar al Templo, como limpieza tras ciertas situaciones consideradas legalmente impuras (por ejemplo, tocar a un leproso) o en el momento de la conversión de gentiles al judaísmo.

Si en la historia de esa niña discapacitada, el ejemplo de un delfín cambió su vida, el testimonio que hoy nos da Cristo ¿no tendría que ser más poderoso para despertar nuestro entusiasmo por la oración y los sacramentos? ¿no será esta humildad lo que mueva el corazón del Padre a llevarnos más adelante?

Para mayor demostración, nada más salir de las aguas, se abrieron los cielos y Cristo vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y posarse sobre él. Y una voz dijo desde el cielo: Este es mi Hijo, el Amado, en quien tengo complacencia. No hay una declaración divina más clara respecto a su satisfacción, su gozo ante lo que hace el Hijo, aunque aún no había predicado, ni sanado a nadie, ni obrado ningún prodigio. Simplemente, había realizado la misma acción que tantas personas que llegaban a Juan para ser bautizados. Así manifestó su deseo de vivir la perfección en común, de acompañarnos en el camino a una vida nueva y a compartir la fe con todo ser humano.

De hecho, como nos dice la Segunda Lectura, Jesús comenzó a partir de entonces su tarea apostólica, “en toda Judea, comenzando por Galilea”, porque Dios estaba con él.

Poco importa si fuimos bautizados al nacer, siendo muy jóvenes o como adultos. En todo caso, por nuestra parte o a través de los padres y padrinos, el Bautismo significa aceptar nuestro compromiso con Dios. No es algo individual, estrictamente privado. Es un acto que se hace en comunión, por eso existen las madrinas y los padrinos; por eso se celebra familiarmente, aunque a veces no se recuerde su significado profundo. Y esto tiene efectos permanentes, de manera imprevisible y variada. Se sigue cumpliendo lo establecido por Cristo: Si dos de ustedes se ponen de acuerdo aquí en la tierra para pedir algo en oración, mi Padre que está en el cielo se lo dará (Mt 18: 19).

En realidad, el paso siguiente nos lo dice claramente San Juan Bautista: Yo les bautizo en agua, pero quien viene detrás de mí los bautizará con Espíritu Santo y fuego.

Si me permiten hablar de mi caso personal, mi padrino de Bautismo tenía sólo 14 años (fue necesario un permiso especial, pues la edad mínima son 16 años), pero siempre me sentí tan agradecido por su deseo de tomar esa responsabilidad, que su recuerdo me acompañó toda la vida y hace unos años tuve la gracia de agradecer su gesto adolescente cuando le visité en su lecho de muerte.

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Algunos se preguntarán cómo es posible que si el Bautismo aporta una gracia tan especial, para fortalecernos en la tentación y para participar activamente en el reino de los cielos ¿por qué tantas personas dejan a un lado la fe? ¿por qué no se convierten en agentes de paz, en servidores activos del prójimo?

Recordemos cómo Jesús, después de su bautismo, fue tentado por el diablo en el desierto y que nosotros también estamos sujetos a muchas tentaciones. Pero hay distracciones (no siempre hacen falta tentaciones) capaces de hacernos perder el rumbo, es decir, ser moralmente perversos y permanecer enfocados en las tareas que nos agobian, en el inevitable sufrimiento o en los ídolos que nos absorben y esclavizan. Esto lo enseña con claridad la parábola del sembrador; la semilla recibida en el Bautismo necesita cuidados y si el terreno queda sin cuidar, la persona se hace indiferente o agnóstica o atea.

֍ Muchas personas que se identifican como ateas no lo hacen por falta de reflexión, sino precisamente porque han mirado hacia dentro y hacia fuera , y no han encontrado razones convincentes para creer en algo trascendente; normalmente, esto ocurre porque nadie las ha acompañado en esa mirada.

֍ En otros casos, el rechazo a la espiritualidad puede ser fruto de heridas, decepciones o experiencias negativas con instituciones o personas concretas.

֍ También hay quienes, por comodidad, evitan hacerse preguntas profundas sobre el sentido de la vida, la muerte o la trascendencia. Esta actitud no es exclusiva de los que se dicen “no creyentes”, también se da en creyentes que viven su fe de manera superficial. Es frecuente caer en la evasión, sin preguntarse por el misterio que se manifiesta en nuestras vidas. En ese sentido, hay una “pereza espiritual” como una condición humana que atraviesa todas las creencias.

La verdad es que la gracia puede ser bloqueada de muchas maneras: las tentaciones, las distracciones o algún ídolo interior o exterior. San Pablo nos da esta advertencia en 1 Corintios 10:12: El que cree estar seguro debe tener cuidado de no caer. Podemos ilustrarlo con un episodio histórico:

Recordemos la batalla de Troya, un ejemplo clásico en el arte de la guerra. Los griegos sitiaron la ciudad de Troya. Pero no pudieron vencer a los defensores de la ciudad porque los troyanos estaban unidos en su compromiso con su ciudad, de modo que los griegos decidieron utilizar el engaño.

Fingieron retirarse y zarpar, pero dejaron atrás una gran estructura con forma de caballo, que ahora llamamos “el caballo de Troya”.

El pueblo de Troya, sin sospechar nada, introdujo el caballo de Troya en la ciudad como trofeo de guerra y comenzó a regocijarse y a celebrar la victoria… demasiado pronto.

Cuando todos estaban ebrios de alegría y con la guardia totalmente baja, los soldados griegos que se escondían dentro del caballo de Troya salieron y abrieron las puertas de la ciudad al ejército griego que había regresado y esperaba fuera de la ciudad.

Así fue como cayó Troya, todo porque perdieron la concentración en su seguridad, se dejaron engañar por la novedad y cedieron a su curiosidad. Fue un ejemplo clásico de engaño y tentación en el arte de la guerra. Pero también nos debe servir para recordar cómo es la intervención diabólica en nuestra vida, basada esencialmente en el engaño.

Hablando recientemente con una persona que había ofendido seriamente a alguien que confiaba en él, me volví a acordar del poder del engaño, de la mentira, pues no es sólo un instrumento para confundir a los demás, sino que se convierte en un tirano que me hace creer una versión de los hechos que instintiva y mecánicamente he elaborado para intentar aliviar mi culpa… una pretensión sin ninguna posibilidad de éxito.

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No perdamos de vista que la Primera Lectura, al anunciar la futura llegada del Mesías, lo caracteriza como “siervo”. Y al afirmar que no quebrará la caña agrietada, ni apagará la mecha vacilante, nos da la clave de cómo lleva a cabo su misión de servicio.

Acabamos de mencionar de cuántas formas nuestra debilidad puede impedir que la gracia recibida dé el doble fruto esperado, de perseverancia y de testimonio para todos.

Una cosa es recibir un regalo maravilloso y otra utilizarlo de forma adecuada. En el caso de la gracia del Bautismo, somos capacitados para no dejarnos engañar por los caballos de Troya que esperan a nuestras puertas y para brillar como una luz modesta y necesaria en un mundo oscurecido. No podemos avivar la mecha vacilante ni restaurar la caña quebrada, pero sí mostrar dónde mora el Maestro que sabe hacerlo.

Por eso, no tenemos motivos para dejarnos deslumbrar por el mundo; como hermanos de Jesús, Él nos dice: También ustedes son amados por mi Padre, Él también se complace en ustedes.

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En los Sagrados Corazones de Jesús, María y José,

Luis CASASUS

Presidente