Entregarle lo mejor de nuestra vida

“Decir ‘Padre’ no es, simplemente, pronunciarlo, sino entregarle lo mejor de nuestra vida”. Estas palabras de nuestro amado padre Fundador las hemos tenido muy presentes al celebrar la profesión de votos de nuestras queridas hermanas Kyla Gonzalez y Valerie Agte y los votos perpetuos de nuestra querida hermana Fátima Aguayo, en una espléndida ceremonia realizada en Manila el pasado 16 de noviembre de 2019, en la Iglesia Parroquial de Saint Michael the Archangel.
Nuestra Superiora Provincial, Rosa Calabretta, en nombre de nuestro Presidente y nuestra Superiora General  recibió los votos de nuestras tres hermanas. Se unieron a esta importante celebración alrededor de ciento ochenta personas, entre ellos familiares, miembros de la Familia Idente, Juventud Idente, compañeros de trabajo y alumnos de nuestras hermanas.
La Santa Misa estuvo presidida por nuestro amigo el padre Tomy Mundankunnel, sacerdote claretiano, nativo de Kannur (India).
El P. Tomy destacó en su homilía que Cristo debe ser el centro de nuestra vida y dejarle a Él que se encargue de ella. Dijo que en la búsqueda de sentido y dirección a nuestra vida, ellas han encontrado -como nuestro padre Fundador- el camino significativo de santidad en total dedicación y comunión con Dios. Subrayó también que esta es nuestra vocación y nuestra misión porque es esto lo que nos da la verdadera identidad como misioneras identes.
A continuación compartimos varios fragmentos de los testimonios de nuestras tres hermanas:
Fragmento del testimonio de nuestra hermana Kyla González
“¿Qué ha pasado? ¿Por qué estoy de pie enfrente de ustedes? La respuesta es muy sencilla: por AMOR, verdadero amor. He aprendido que la felicidad no está en hacer lo que queremos hacer, sino en hacer la voluntad de nuestro Padre Celestial que conoce qué es lo mejor para nosotros y lo que nos hace verdaderamente felices.
Ahora, me doy cuenta de lo egoísta que era cuando antes no quería dar mi vida a Cristo porque tenía un montón de apegos. Me gustaban muchas cosas. Antes de entrar en la vida en común, sentía como si estuviera sudando sangre por el miedo y la ansiedad. Me preguntaba: ¿Está bien lo que voy a hacer? ¿Es ésta realmente la voluntad de nuestro Padre Celestial? ¿Y mi familia? Tengo un solo consuelo: Dios es Alguien en quien podemos confiar. Yo puedo confiar en ÉL. Y esto es verdad… porque Dios no se deja ganar en generosidad. Yo solo le he dado mi pequeña vida a EL y Él me ha bendecido con mucho más. Verdaderamente, “todo el que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos o tierras por Mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna’”.
Fragmento del testimonio de nuestra hermana Valerie Agte
“Lo primero que quiero compartir es el significado de nuestro SÍ, a Cristo. El mismo SÍ de nuestra Madre María hace dos mil años y el mismo SÍ de nuestros padres al optar por la vida. Por eso estamos aquí todos. Estamos aquí por el SÍ, un sí que es para siempre.
Lo segundo es la libertad, yo pensaba que la libertad es hacer lo que yo quiero. Podría decir que es una filosofía equivocada porque si solo haces las cosas que quieres, terminas siendo un esclavo. Más perseguía la “felicidad” y más me engañaba a mí misma. Pero cuando conocí a Cristo (el único que puede darnos la libertad) aprendí que la verdadera libertad es elegir lo mejor para los demás. Nuestra habilidad de realizar acciones con excelencia está conectada con la santidad. ¡Esto fue un descubrimiento para mí! ¡Sí!, ¡Podemos ser santos! Miren a Cristo, a nuestra bendita Madre María, San José y todos los santos. La santidad no es aburrida, es un continuo viaje para ser Más. Esta es la tercera parte, ser Más. Nosotros, los jóvenes, anhelamos la verdad. La realidad es que solo Cristo es la Verdad porque Él nunca cambia. Siempre hay Más cuando permanecemos en Cristo. Por eso me atrevo a decir a la gente joven que está aquí que contemplen la Eucaristía, perciban el silencio de Cristo y encontrarán la respuesta a sus preguntas”.
Fragmento del testimonio de nuestra hermana Fátima Aguayo
“Cristo nos habla en el silencio de nuestro corazón y esto cambia nuestra vida. Hace muchos años, mi madre me enseñó que cuando nuestro Padre Celestial nos creó, tuvo un sueño y una misión para cada uno de nosotros y que nosotros deberíamos preguntarle ¿Padre, cuál es tu sueño para mí? Así lo hice y Él me contestó a través de Cristo. Cristo habla en el silencio, Cristo habla en la Eucaristía, especialmente cuando lo recibimos con amor. En una misa, después de recibir la Comunión, sentí que Cristo me decía “Fátima, ven y sígueme” “No me sigas de cualquier manera” “Sígueme y sé santa”. Y yo le respondí con un sí. Es un Sí, que a lo largo de los años ha sido moldeado para ser más puro y completo.
El Espíritu Santo me ha guiado a esta Institución Religiosa. Es una verdadera escuela de santidad que me enseña cómo unirme cada vez más a la Santísima Trinidad.
Esta ceremonia no es un evento social, es un momento de intimidad divina y ustedes han sido elegidos para ser testigos de esta realidad eterna de amor, de que pertenecemos al Padre”.
En verdad, la entrega generosa de nuestras tres hermanas es una gracia especial que se hizo visible en esta ceremonia a través de la inocencia y la alegría no solo de las profesas sino de todos los presentes. La ofrenda de su vida  nos confirma que nuestra misión es la santidad a través del amor a Cristo. Un amor verdadero que nos ayuda a ser uno con el Padre. Así nos recuerda nuestro amado padre Fundador: “Padre, yo te he conocido; que sean ellos contigo una misma cosa.”

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