
En Yaoundé, la fiesta de los Reyes Magos comenzó en los ojos de los niños, mucho antes de que alguien anunciara su llegada. Se percibía en su impaciencia serena, en las miradas que buscaban la puerta una y otra vez, y en ese silencio inquieto que suele preceder a lo importante. No esperaban solo regalos; esperaban un encuentro.
Cuando Sus Majestades llegaron a visitar a todos los niños y niñas de la Juventud Idente de Yaoundé, acompañados de sus pajes y paquetes, la espera se transformó en alegría compartida. Gracias al apoyo de la Embajada de España y de amigos españoles generosos, la celebración fue posible.
Los Reyes se acercaban a cada niño con tiempo y atención, hablándoles con sencillez. Les transmitieron un mensaje del Niño Jesús: no tengan miedo, estudien, confíen. Palabras breves, dichas despacio, que parecían quedarse más allá del momento.
Los jóvenes profesores ofrecieron un espectáculo lleno de ilusión. Después, llegó la entrega de los regalos. Una niña lo dijo en voz alta, sin rodeos: “¡Qué bonitos son!”. Y en esa frase cabía toda la alegría de la tarde.
También los adultos se dejaron tocar por lo que sucedía. Algunos participaban por primera vez en una celebración así y repetían: “Vale la pena por su mirada”.
Tal vez la Epifanía sigue ocurriendo de este modo: cuando alguien se detiene, mira de verdad y descubre que Dios se deja encontrar en la alegría sencilla de los niños. Y tú, ¿en qué lugares inesperados estás dejando pasar hoy a los Reyes Magos?














