
La Ciudad Monástica San Miguelito continúa siendo un faro de esperanza en la Chiquitania boliviana, donde la fe, la tradición y la educación se entrelazan para transformar vidas. Recientemente, el proyecto ha dado pasos firmes en dos direcciones clave: la recuperación de la medicina ancestral y el acompañamiento a jóvenes rurales que buscan abrirse camino hacia estudios superiores. Todo ello, mientras se abren puertas inesperadas más allá de las fronteras.
Medicina ancestral y formación que perdura
El Primer Ciclo de Formación en Medicina Tradicional Chiquitana culminó con éxito el sábado 15 de noviembre (del año pasado), marcando un hito importante para el naciente Instituto de Formación Permanente de la Ciudad Monástica. Impartido por expertos como Francisco Mamatá y Doña Carmen Mamatá —presidenta del Consejo Departamental de Medicina Tradicional Boliviana—, el curso profundizó en prácticas naturales para el cuidado del sistema respiratorio, hígado, riñones y reproductivo. El ciclo no fue un evento aislado: representa el compromiso continuo de San Miguelito por rescatar y valorar saberes tradicionales chiquitanos como herramienta viva contra males modernos.
Paralelamente, un grupo de jóvenes de bachillerato de las comunidades de la Parroquia San Francisco Javier —administrada por los misioneros y misioneras Identes— avanza en un programa de reforzamiento escolar. Su meta: prepararse para el examen de ingreso y optar a becas en el Técnico Universitario Superior en Emprendimiento de la Universidad Católica Boliviana (UCB). Para muchos de estos chicos y chicas de áreas aisladas, esta es una oportunidad histórica de acceder a la educación superior. La visita de profesores de la UCB y representantes de la Fundación Banco Mercantil Santa Cruz les brindó orientación clave sobre la prueba y las habilidades necesarias, avivando su motivación mientras siguen entrenando en matemáticas, lenguaje y razonamiento.
Puentes hacia Brasil: la misión que se expande
La Ciudad Monástica San Miguelito está tejiendo puentes inesperados que cruzan fronteras y abren horizontes de esperanza. Lo que empezó como una invitación modesta a jóvenes para un campamento en Bolivia se transformó, entre julio y diciembre del año pasado, en una cadena de providencias asombrosas en la provincia de Mato Grosso, Brasil.
Tres visitas realizadas por los misioneros y misioneras Identes de San Ignacio de Velasco y San Miguelito demostraron que, cuando la entrega es sincera, Dios adelanta los pasos: puertas que se abrieron sin buscarlas, contactos que superaron toda expectativa y alianzas que nacieron casi por sorpresa.
Las misiones llevaron a Vila Bela da Santíssima Trindade y Cáceres, donde se vivieron encuentros profundos con sacerdotes, jóvenes y autoridades de la Universidad del Estado de Mato Grosso (UNEMAT). Momentos inolvidables marcaron el camino: el concierto binacional de los niños de la Escuela de Música de San Miguelito en plena frontera boliviano-brasileña, que unió corazones con notas de barroco chiquitano; celebraciones de la Eucaristía en parroquias locales presididas por los misioneros Identes; y espacios vibrantes de difusión del carisma en colegios y medios de comunicación.
El fruto más impactante llegó con la visita recíproca: profesores investigadores de la UNEMAT llegaron a la Ciudad Monástica San Miguelito y quedaron profundamente impresionados por su labor educativa, espiritual y comunitaria. De ese encuentro surgieron convenios académicos concretos, que prometen becas, intercambios formativos y oportunidades reales para los jóvenes de la parroquia, fortaleciendo lazos entre Bolivia y Brasil.
Además, la generosidad espontánea de la comunidad brasileña brilló con fuerza —como en el caso de la Sra. Vanda Vilasboas, quien se sintió tan identificada con la misión que se declaró públicamente «misionera idente» y ofreció su hogar, su apoyo y sus contactos—. Estos gestos evidenciaron una providencia que sostuvo cada paso.
Estos puentes son apenas el comienzo. La misión en Mato Grosso ha revelado, paso a paso, que cuando se actúa con fe genuina, Dios abre caminos imposibles y coloca en el sendero a las personas justas.















