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Ver amanecer cuando anochece. Palabras de p. Luis Casasús a una madre, en la fiesta de la Virgen de Guadalupe

Publicado por 12 diciembre, 2025enero 13th, 2026No Comments

La diferencia entre una persona verdaderamente agradecida y quien siempre busca un “pero” es clara: la queja no es casual, se convierte en una excusa para no responder y para no asumir la propia parte.

¿Cuándo fue la última vez que nos detuvimos a agradecer sin buscar un “pero”, sin excusas, sin desplazar la responsabilidad?

Este viernes 12 de diciembre de 2025, en la celebración eucarística de la festividad de la Virgen de Guadalupe —memoria viva de una presencia materna que irrumpe en la historia—, la comunidad se reunió también para dar gracias por el cumpleaños de María Isabel Gil Carballo, misionera idente y esposa de Ramón Chacón. En ese contexto concreto y cotidiano, la homilía de p. Luis Casasús se convirtió en una llamada clara y directa a recuperar algo que con facilidad se nos escapa: el sentido del agradecimiento.

Pronunciada a braccio, la homilía fue tan sencilla como incisiva. A continuación, compartimos el texto y el audio de la homilía de p. Luis Casasús.


P. Luis Casasús – Damos gracias a Dios Padre por tu vida, Isabel, y por la vida de tus hijos. Porque sin ti, ¿dónde estarían ellos? Sencillamente, no estarían. Por eso hoy damos gracias.

Durante muchos años he visto algo muy concreto: nuestro querido hermano, tu esposo Ramón, daba siempre gracias a Dios. Y tú también. En esto, de manera muy especial, queremos miraros y dejarnos invitar por vuestro ejemplo.

Con frecuencia, muchos de nosotros no damos gracias. Nos ocurre como en el Evangelio: tocan la flauta para que bailemos, y decimos que no nos gusta, que está desafinada o que la canción es demasiado larga. Nos quejamos de todo. Cuando algo sale mal, buscamos inmediatamente a alguien a quien echarle la culpa.

Si la ducha solo tiene agua fría, buscamos a un responsable. Si la fotocopiadora no funciona, enseguida pensamos que alguien tiene la culpa. Esto nos pasa igual que en el Evangelio. Nos pasa como a Adán y Eva: Adán culpa a Eva, Eva a la serpiente, y ahí se acaba todo.

Esta es la diferencia entre las personas verdaderamente agradecidas y aquellas que siempre están buscando un pero, una dificultad, algo que señalar en los demás. Las personas que se quejan lo hacen para no responder, para no asumir su parte. No es casualidad. La queja se convierte en una excusa: “esto es imposible”, “es demasiado para mí”, “no me dejan hacer nada”, “no me comprenden”. Hay muchas formas de quejarse.

De ti, Isabel, hemos aprendido algo muy distinto: nunca te quejas. Al contrario, siempre das gracias. Como has hecho hoy con esos pequeños regalos, con esa torta que hemos recibido y compartido. En gestos sencillos se transparenta un corazón agradecido.

Hoy pedimos una gracia: no solo que tú sigas siendo agradecida, porque ya lo eres, sino que todos aprendamos de verdad a dar gracias. Con palabras, sí, pero sobre todo con el corazón. Sin excusas, sin desviar la responsabilidad. Simplemente: gracias.

Si somos agradecidos entre nosotros, también lo seremos con Dios Padre. Esa es la gracia que hoy pedimos para todos, porque muchas veces nos falta.


Seguidamente, publicamos también la carta que p. Luis dirigió a María Isabel con motivo de su cumpleaños.

Roma, a 12 de diciembre de 2025

A nuestra querida hermana María Isabel Gil Carballo

 

Querida hermana:
Comienzo con el deseo de que tu vida, que hoy celebramos de modo especial, se llene cada día más de la intimidad que he intentado recoger en unos pocos versos:

Encuentros

Fuiste tú quien me enseñó
a ver amanecer cuando anochece
a mirar siempre lejos
con ojos de un mendigo que tuviese
el sueño arrebatado
de un hogar donde nadie se halle ausente

Fuiste tú, una y otra madrugada,
quien volvía a traer a mis oídos
esas simples palabras
que transformaban todos mis vacíos
en ecos de esperanza,
pronunciando mi nombre,
devolviéndome el alma.

Y eres tú de nuevo, en esta hora,
aunque no lo merezco
después de tanto tiempo
quien viene a confiarme tus secretos.

Hace ya muchos años, nuestro padre Fundador comenzó a enseñarnos cómo la Iglesia tiene su fundamento, su razón de ser y su fortaleza en el quehacer continuo del Espíritu Santo. Pero esto también es cierto para nuestro Instituto, y para cada uno de nosotros.

Por eso quisiera unirme a los Superiores Generales, a todos tus hermanos y hermanas en el mundo, en la súplica de que este nuevo año sea siempre más visible en tu vida esa presencia de las Personas Divinas, esa visita que nos hacen en forma de un íntimo encuentro del cual no siempre somos conscientes. Pero Cristo mismo nos asegura: Sin mí, nada pueden hacer (Jn 15: 5).

En el paso de un año a otro, damos gracias a Dios por lo vivido y por la nueva oportunidad que significa el tiempo que pone ante nosotros. Pero, sobre todo, agradecemos la perseverancia en la vocación como una auténtica gracia: Tengo la firme confianza de que Aquel que en ustedes comenzó la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús (Flp 1: 6).

Con esa confianza, con alegría y fe, rogamos hoy por tu vida, por tus padres, que en la tierra o en el cielo te seguirán cuidando y por el prójimo que la Providencia te confiará y que serás capaz de cuidar al vivir “con tutelado y severo ascetismo”, como dice la fórmula de profesión de Votos.

En los Sagrados Corazones de Jesús, María y José, recibe, con un abrazo lleno de gozo, el afecto de tu hermano.
Luis, Presidente de las misioneras y misioneros identes