Evangelio del 1 de enero

By 31 diciembre, 2021Evangelio del día

Evangelio según San Lucas 2,16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.

 


SOS Evangelio: claves de lectura

Para leer más:

En la primera página del calendario del nuevo año que el Señor nos ha regalado, la Iglesia ha colocado la solemnidad litúrgica de María, Santísima Madre de Dios, como una hermosa miniatura. En este primer día del año civil, fijemos nuestra mirada en ella, para que, bajo su protección maternal, podamos emprender de nuevo los caminos del tiempo. María nos enseña a acoger el acontecimiento de la Navidad El Evangelio de hoy (cf. Lc 2,16-21) nos traslada al establo de Belén. Los pastores llegan a toda prisa y encuentran a María, a José y al niño; les informan del anuncio que les han hecho los ángeles, de que el recién nacido es el Salvador. Todos se asombran, mientras que “María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (v. 19). La Virgen nos muestra cómo ha de acogerse el acontecimiento de la Navidad: no superficialmente, sino en el corazón. Ella nos muestra el verdadero camino para recibir el don de Dios: guardarlo en el corazón y meditarlo. Es una invitación dirigida a cada uno de nosotros a rezar contemplando y saboreando este don que es Jesús mismo.

“María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2,19). Así describe Lucas la actitud de María ante todo lo que estaban viviendo en aquellos días. Lejos de querer comprender o dominar la situación, María es la mujer que sabe conservar, es decir, proteger, guardar en su corazón el paso de Dios en la vida de su pueblo. Desde su vientre, aprendió a escuchar los latidos del corazón de su Hijo y esto le enseñó, a lo largo de su vida, a descubrir los latidos de Dios en la historia. Aprendió a ser madre y, en ese aprendizaje, dio a Jesús la hermosa experiencia de saber que era su Hijo. En María, el Verbo eterno no sólo se hizo carne, sino que aprendió a reconocer la ternura maternal de Dios. Con María, el Niño Dios aprendió a escuchar los anhelos, las angustias, las alegrías y las esperanzas del pueblo de la promesa. Con ella se descubrió a sí mismo como Hijo del santo pueblo fiel de Dios.

Jorge Bergoglio (Papa Francisco). Lucas. El Evangelio del Padre misericordioso (Edición en italiano) . Ediciones San Pablo. Edición Kindle.

[Acerca del texto publicado en este espacio, quedamos a disposición para su eliminación inmediata, si su presencia no fuese apreciada por quien tiene los derechos].

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