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Mística, psiquiatría y salud integral: curso de la Fundación Fernando Rielo y UIMP-Valencia

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“La esencia de la mística es el amor, que potencia al ser humano y le inmuniza contra lo seudorreligioso y las patologías sicológicas y espirituales”, fueron palabras de apertura del curso Mística y Psiquiatría de Jesús Fernández Hernández, Presidente de la Fundación Fernando Rielo. Un curso coorganizado del 18 al 20 de septiembre con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo-Valencia. Fernando de Saavedra, Jefe del gabinete del Rector de la UIMP, agradeció en la clausura la labor de la FFR, y Vicente Botella, Decano de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer expresó su deseo de seguir colaborando y apoyando la iniciativa.

En suma, el seminario ha ahondado en cómo la experiencia mística potencia a la persona humana en todos sus ámbitos: dimensión trascendente, relacional, en la educación, en la cultura, en el arte, en las relaciones sociales, en su compromiso social y ecológico. Además, se ha demostrado que la mística promueve la salud integral y no tiene nada que ver con trastornos síquicos o enfermedades psiquiátricas, como a veces se ha afirmado.

La Directora del Aula de Pensamiento de la FFR, Juana Sánchez-Gey, abrió el curso presentando la sicoética de Fernando Rielo como nueva ciencia que aúna las dimensiones psicológicas y morales de la persona, totalmente imbricadas. La sicoética se fundamenta en la apertura del hombre al Absoluto, que le constituye, y sostiene que la plenitud humana se basa en vivir esta relación, clave para la comunicación con los demás y con la naturaleza.

El mindfulness y su confusión con la oración contemplativa fue el tema tratado por la psiquiatra Mar Álvarez, profesora de la U. Abat Oliba CEU. Habló de la agnosia de la vida interior y que vivimos en la era del narcisismo, donde el hombre es un desconocido para sí mismo.

Por su parte, Jesús Fernández, presidente de la FFR, intervino con un seminario sobre lectura y análisis de textos y expresó que “la negación de la religiosidad o de la mística como constitutividad de la persona humana lleva directamente a la actitud idolátrica”. Se refirió también a trastornos o enfermedades espirituales como la egolatría y la egofrenia, que hacen de la persona humana una máscara o caricatura de su propio yo en cuanto yo.

Martín F. Echavarría, Director del Dpto. de Psicología de la U. Abat Oliba CEU, expuso la relación entre “Acidia, melancolía, San Juan de la Cruz y psicopatología”, y afirmó que la vida mística es el desarrollo de la vida cristiana en profundidad, y que progresar en el amor produce el crecimiento de la relación espiritual.

En la mesa redonda sobre “Terapias del espíritu” se trató de la mística como el arte de vivir con plenitud, en palabras de la psicopedagoga Marián Alegre, así como de la necesidad de contemplación frente a la dimensión centrífuga que impulsa la sociedad actual, por parte de Alfredo Esteve, profesor de la Universidad Católica de Valencia (UCV).

Vicente Botella Cubells, por su parte, se centró en la libertad humana para el encuentro con Dios y cómo se ha ‘entrenado’ culturalmente al hombre para percibir unas cosas y otras no, como las solicitaciones divinas.

José María López, presidente de la Escuela Idente, cerró el curso con su conferencia “Consciencia y neurosis” en la que, desarrollando el pensamiento de Rielo, explicó el carácter místico de la consciencia en virtud de la divina presencia constitutiva del Absoluto en el espíritu humano, definiéndole como persona o ser de máxima dignidad, a imagen y semejanza de Dios. Afirmó que la mística es experiencia de amor, un amor finito abierto al infinito, y que no se puede reducir la mística a solo fenómenos extraordinarios. Lo místico es todo lo positivo que, de espiritual y humano, sucede en la persona; es, en definitiva, cerrar los ojos o el corazón al egoísmo para abrirlos al amor. Además, por el carácter integral de la persona, hay que distinguir entre terapias físicas, sicológicas y espirituales, con sus objetos y objetivos propios. Habló asimismo de los síndromes, síntomas y signos de la neurosis, tal como la entiende Rielo, y de los traumas que aquella presenta en el espíritu y su proyección en lo sicosomático. Finalizó afirmando que la “terapia de la consciencia” o syneidoterapia, lejos del reduccionismo, es la que proporciona unidad, dirección y sentido a todas las demás terapias.

Inicia con éxito el curso Mística y Psiquiatría de la Fundación Fernando Rielo y la UIMP Valencia

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Del 18 al 20 de septiembre se está desarrollando el curso “Mística y Psiquiatría” organizado por la Fundación Fernando Rielo y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo sede Valencia, cuarta ocasión que la FFR organiza un seminario en esta sede.

El presente curso aborda los distintos aspectos que involucra la relación entre la mística y la psiquiatría, esto es, el aporte de la psicoética de Fernando Rielo, el mindfulness, el binomio espiritualidad-psicología, la relación entre San Juan de la Cruz y su influencia en la psicopatología, las terapias del espíritu, el hecho religioso, y la relación entre neurosis y consciencia desde la perspectiva de Fernando Rielo.

Todo ello abordado por expertos como el presidente de la Fundación Fernando Rielo, Jesús Fernández Hernández; la directora del Aula de Pensamiento de la FFR y profesora de la UAM, Juana Sánchez-Gey; la psiquiatra y profesora del U. Abat Oliba CEU, Mar Álvarez Segura; el oncólogo y presidente de la Fundación V. Frankl, José Luis Guinot; el psicólogo y profesor de la U. Abat Oliba CEU, Martín F. Echavarría; el Decano de la Facultad de Telogía San Vicente Ferrer, Vicente Botella y el presidente de la Escuela Idente, José María López Sevillano, entre otros.

En la inauguración, Jesús Fernández Hernández ha afirmado que “hay que hablar de enfermedades físicas, síquicas y espirituales, pero con una “mirada desde lo alto”; esto es, desde un modelo absoluto, bien formado, presente constitutivamente en el espíritu”. Es por ello que hay que superar el reduccionismo organicista y materialista del sicoanálisis freudiano, pues –continuó diciendo- “Freud no cae en la cuenta de que toda frustración del ser humano procede, en opinión de Fernando Rielo, de la tendencia egótica del espíritu, que solo puede curarse con el patrimonio genético que lo define”.

Por su parte, Juana Sánchez-Gey habló de la psicoética como potenciadora de una salud integradora de la persona y Mar Álvarez de la confusión que se da hoy en día entre mindfulness y oración contemplativa, en un mundo de sobre estimulación y de narcisismo en el que el individuo es un desconocido para sí. La primera jornada finalizó con la mesa redonda “Espiritualidad y Psicología” en la que varias jóvenes investigadoras de la Universitat Abat Oliba-CEU abordaron el tema aplicándolo a la violencia doméstica, a la inmigración y a la privación de libertad, desde la contribución, entre otros, de los padres del desierto, la hospitalidad cristiana y la logoterapia de Víktor Frankl.

La Misión Idente Ecuador envía a 130 jóvenes a evangelizar y a ayudar a comunidades necesitadas

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Del 8 al 16 de septiembre está teniendo lugar la Misión Idente Ecuador, que organiza cada año el Departamento de Misiones Universitarias de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) y el Instituto Id de Cristo Redentor de Misioneras y Misioneros Identes. En esta ocasión, movidos por una profunda fe e ilusión, 130 jóvenes partieron el pasado 8 de septiembre desde la ciudad de Loja hacia comunidades rurales de las regiones sierra, costa y oriente, pertenecientes a distintas diócesis, llamados a difundir la fe y el servicio a la comunidad bajo el mandato: “¡Id por todo el mundo y predicad el Evangelio!” (Mc. 16, 15).

El viernes, 8 de septiembre, se celebró la misa de envío en la Catedral de Loja, presidida por Mons. Alfredo Espinosa, obispo de la Diócesis, que dirigió palabras de ánimo y fuerza a los jóvenes en su inminente salida a las comunidades de misión (esa misma noche). En la misa, se entregó una cruz y la pañoleta de líder a los jóvenes misioneros. Antes, se había celebrado en el campus de la UTPL un acto de entrega de banderas a dichos líderes, quienes el día anterior recibieron también el Evangelio, como principal equipaje para esta aventura que iban a emprender.

Las actividades de los misioneros comprenden la integración en la vida de las comunidades a las que llegan y la estrecha relación con las familias, lo que les permite palpar de cerca su realidad y, a la vez, compartir con ellos la palabra de Dios, que en algunos casos, no conocen o sobre la que tienen muchas confusiones. En varios lugares se detecta un escaso desarrollo social y económico, a lo cual se suma la agudización de problemas sociales como el alcoholismo, el desempleo, la drogadicción, la desestructuración familiar y otros que requieren de una atención profesional específica.

La Misión Idente Ecuador nace en el 2004 como una iniciativa del Instituto de misioneras y misioneros identes y la Universidad Técnica Particular de Loja, dirigida por dicha comunidad, con el objetivo de evangelizar y servir a las comunidades del Ecuador, especialmente las que sufren una gran precariedad humana, moral y espiritual. Inició con la participación de 700 jóvenes universitarios tanto de Ecuador como de Perú, Chile, y Colombia, unidos para llevar la Buena Nueva del Evangelio por todos los rincones de la geografía ecuatoriana.

Desde entonces esta actividad evangelizadora se ha ido enriqueciendo con la participación de unos cuatro mil jóvenes universitarios a lo largo de todas sus ediciones, experiencia que ha marcado sus vidas y la de muchas personas porque a través de ella han reconocido la grandeza de su dignidad de hijos de Dios. Además, pese a las dificultades logísticas y geográficas que supone cumplir con este gran sueño, se han logrado plasmar proyectos de servicio a las comunidades rurales del Ecuador gracias al conocimiento de los jóvenes en campos como mediación de conflictos, huertos familiares, abonos orgánicos, injertos, reciclaje de basura, conservación de alimentos, sistema de letrinización, y control de signos vitales, desparasitación, higiene y nutrición.

Paralelamente, se ha ido sumando el aporte voluntario de médicos y estudiantes de medicina que han hecho posible la realización del proyecto Misión Médica, que cumple con el objetivo de brindar atención médica gratuita a las personas de aquellas comunidades misionadas que más lo necesitan. En muchos casos, es la primera vez que las personas atendidas reciben asistencia médica, lo cual les permite seguir un tratamiento adecuado para las diferentes enfermedades, usando medicamentos que han sido donados por farmacias y laboratorios que son clasificados por los mismos estudiantes voluntarios. Tal es el caso de Esmeraldas Chiquito (Las Malvinas), al sur de Guayaquil, donde los misioneros brindaron unas 500 atenciones médicas gratuitas. Se realizaron consultas en medicina general, los pacientes fueron mujeres, adultos mayores y especialmente niños. A estos últimos se les aplicó vacunas contra el tétanos.

Durante los días de misión, los jóvenes se encargan de realizar talleres y charlas con el objetivo de compartir con las personas catequesis sacramental y temas sobre valores, convivencia familiar, relaciones humanas, etc. Asimismo, las charlas pretenden ayudar a las comunidades a mejorar sus condiciones de vida, especialmente en lugares donde hay un déficit en los servicios básicos como: agua potable, alcantarillado y luz eléctrica; allí los misioneros emprenden la ardua tarea de educar a estas poblaciones en temas como: la utilización correcta del agua y normas básicas de higiene, e incluso les enseñan cómo construir baterías sanitarias.

Como muestra de la hermosa labor que realiza esta iniciativa apostólica, mencionemos algunas cifras, sabiendo que detrás de cada una hay personas concretas con las que los misioneros han compartido su vida. En el 2016, la Misión Idente Ecuador atendió a 816 familias, de 22 comunidades, con 978 niños, 350 jóvenes y 930 adultos.

De esta manera, la Misión Idente Ecuador favorece la conciencia social en los estudiantes universitarios y profesionales latinoamericanos al convocarlos a llevar el mensaje de Cristo. Para muchos jóvenes la Misión Idente ha significado un encuentro personal con Cristo, a quien han descubierto en la sencillez y generosidad de todas las personas que los acogen en los sitios de misión.

Curso internacional de formación para las misioneras y los misioneros identes

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Del 17 al 28 de agosto se está desarrollando en el centro idente de San Benno, en Bad Lauterberg (Alemania), un curso de formación para misioneras y misioneros identes de todo el mundo. Son más de ochenta miembros del Instituto Id que proceden de las distintas misiones y países (19) donde está presente el mismo.

Se están viviendo jornadas de estudio y formación muy intensas, cuyos temas son, entre otros, los ejes fundamentales del carisma idente, la formación de los miembros tanto célibes como casados así como de los sacerdotes, los desafíos del apostolado en el mundo actual, y la educación en la afectividad. La metodología combina las charlas magistrales con grupos de trabajo para profundizar y analizar conjuntamente los temas, viendo su aplicación en cada realidad.

Además de las sesiones de estudio, el curso contempla diversos momentos de oración personal y comunitaria así como la celebración de la Eucaristía, todo ello en un clima entrañable y espíritu de familia, como exhortaba siempre su fundador, Fernando Rielo, y enriquecido con la riqueza lingüística y cultural de tantos países representados.

Durante el retiro también se ha realizado una visita turística a la ciudad medieval de Göttingen, famosa por su universidad y por los Institutos Max Planck de Medicina, Química, Historia e  Investigación de Corrientes.

En la misa de inauguración del curso el P. Jesús Fernández, Presidente del Instituto Id, manifestó que formación significa conversión y que el curso debía ser una oportunidad para ello. Exhortó a entender la conversión como no mirarse a uno mismo sino al Padre celeste y a vivir intensamente tres pilares de la vida espiritual: la oración continua, la Eucaristía y el Evangelio.

Mensaje del P. Jesús Fernández a los peregrinos identes de la Ruta Jacobea Idente, en su 30º aniversario

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El Presidente de las misioneras y de los misioneros identes, P. Jesús Fernández Hernández, ha enviado este bello mensaje a los peregrinos de la Ruta Jacobea Idente. Esta se celebra cada año por deseo expreso del Fundador de los misioneros identes, Fernando Rielo, y tiene lugar del 12 al 25 de julio desde Astorga (León) hasta Santiago de Compostela. En esta ocasión ha tenido un bello cariz ecuménico por la participación de un grupo de peregrinos alemanes de la iglesia protestante de Hoyerswerda.

Queridos misioneros y misioneras, amigos y amigas:

Ante todo, mi afecto y mi oración por cada uno de los peregrinos. Este año estamos celebrando los 30 años de la Ruta Jacobea. Una peregrinación recorrida por creyentes y no creyentes, y por auténticos arrepentidos. ¿De qué cosa? De no haber descubierto que lo más valioso y fecundo de la vida personal es saberse hijo de un Padre Celeste que nos ama con verdadera locura. Este Padre es llamado Dios, concepto primordial y absoluto, que pasa a palabra en las diferentes lenguas de todas las naciones y culturas del mundo. Su contenido es una realidad que ha sido infundida a todo ser humano: el místico patrimonio genético que nos hace a todos verdaderos hijos de Dios.

La vida del ser humano, con este valiosísimo patrimonio que cada uno tiene, es tránsito, éxodo, peregrinación hacia nuestro verdadero hogar: el cielo, representado en el Pórtico de la Gloria. Las dificultades de la peregrinación han simbolizado el camino de cruz por el que atraviesa la vida de cada ser humano, como atestigua el fundador de los misioneros y misioneras identes, Fernando Rielo: «Un camino de cruz -estas son sus palabras- que puede transformarse en itinerario lleno de esperanza, donde se presta servicio a los demás, se comparte generosamente la amistad y la vida, se apuesta por el respeto y la escucha en el diálogo; un camino de cruz que puede convertirse en recorrido de admiración, donde se contemplan bellos paisajes, donde se sabe apreciar el arte y la cultura de las pasadas generaciones, donde se admira la amabilidad y hospitalidad de las gentes; un camino de cruz que nos compromete con los más altos valores, donde se ayuda a los demás, donde sólo se mira el bien, la paz, la felicidad del otro, donde se desea sinceramente encontrar la forma mejor de concebir y vivir el destino; un camino de cruz que puede ser trayecto accidentado, donde aparecen el cansancio y la fatiga, el tedio y la desazón, la soledad y la incomprensión, pero, al mismo tiempo, se tiene la capacidad de respuesta, de superación, de esfuerzo, de tesón: en una palabra, de ejercer la potestad de hijos e hijas de un celeste Padre común; un camino de cruz que llega a Santiago de Compostela, ciudad de talladas cruces con su Pórtico de la Gloria, símbolo de un ser humano que, adquiriendo, por vocación inapelable, el compromiso de ser santo, lleva en su corazón el desposorio de la cruz y de la gloria, del sufrimiento y de la alegría, de la muerte y de la vida»[1].

Este es el camino verdadero, que es el mismo Cristo, que hay que seguir, unidos a Él, en el regreso a vuestras casas. Solo así podréis encontrar la paz, la libertad interior y la dicha. El camino de la cruz lleva dirección al cielo. Afirma Fernando Rielo que «Quien en esta vida tiene verdadera visión del cielo sabe lo que tiene que hacer: lleva el instinto del esfuerzo, de la cruz. Quien no toma la cruz no podrá alcanzar esta visión. Puede decirse que quien tiene visión de las cosas celestes es inasequible a cualquier desaliento, y permanece inalterable frente a todos los episodios que le acontecen, y en el aspecto que sea»[2].

Cristo da una definición clara del cielo o vida eterna: “Que te conozcan a Ti, único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo” (Jn 17,3). Vivir en el cielo es “estar con Cristo”, “vivir en Cristo”, “caminar con Cristo”. Por su muerte y resurrección, Él nos ha abierto el cielo. No perdamos este gran y único regalo.

Queridos peregrinos, la verdad es que cada una de nuestras dimensiones constituye un vasto horizonte por descubrir. La vida espiritual, la vida mística, es un universo por sí mismo, un mundo inmenso, una aventura apasionante como ha sido vuestro peregrinar siguiendo la ruta de los grandes peregrinos y penitentes de varios siglos. Vuestro caminar hacia la ciudad del Apóstol Santiago ha conllevado ciertos riesgos y ha exigido cierta audacia. No os ha faltado valentía.

Posiblemente habéis explorado las bases de una vida interior rica con los elementos de la oración continua, la lectura del Evangelio y el estado de agradecimiento que nos deja la Eucaristía.

Se dice que somos personas con roturas en nuestro corazón. Seguramente habéis comenzado la ruta con una cierta soledad con sentido de aislamiento, con miedos y con alguna sensación de inseguridad o cierta confusión sobre la orientación de vuestras vidas. Cuando las personas se reúnen para recorrer no solo un camino sagrado exterior, sino para realizar una peregrinación por su alma, se descubren esas roturas interiores. Esta es la razón por la cual una peregrinación exterior corre paralela con una peregrinación interior.

Estoy convencido de que todo ser humano sufre de una forma distinta a la de otro ser humano, aunque sean familia de la misma sangre. Y esto puede verse en el sufrimiento de unas relaciones rotas entre esposos, entre hermanos, entre padres e hijos. Pero lo más hermoso es que, a pesar de nuestras debilidades, hemos sido elegidos y bendecidos por nuestro Padre Celeste.

Seguramente habéis tenido alguna experiencia espiritual o mística durante la peregrinación que os haya introducido un poco más en el conocimiento experiencial del misterio de la Santísima Trinidad, que es un conocimiento de amor. Delante de Dios hay una cierta oscuridad, producida por su luz infinita que, para nosotros, es demasiado fuerte, y nos quedamos profundamente asombrados, en silencio. En realidad, toda relación con Dios en el silencio de nuestro corazón, abiertos al amor divino, es verdadera oración.

¡Jóvenes peregrinos! Sed entusiastas, que es más que ser optimistas. El entusiasmo es, según la etimología griega, soplo, fuego, arrebatamiento interior por lo divino. El entusiasmo, cuando es auténtico, produce paz, equilibrio y serenidad. El entusiasmo empuja, arrastra, es fascinante, es sumamente atractivo. Tener entusiasmo es tener juventud, ganas de luchar por un futuro mejor, tener vitalidad, soñar, salir de la mediocridad y de la rutina, es sacar lo mejor que hay dentro de nosotros mismos. Sabed que Cristo es el único que puede verdaderamente humanizar una sociedad que, sin Él, se encuentra a la deriva. Es el gran líder que transmite entusiasmo y creación ante las dificultades que no faltan nunca.

No os desaniméis nunca, queridos jóvenes. Sois los nuevos héroes del siglo XXI. No penséis tanto en vuestros éxitos o fracasos. Esto no es lo más importante. Lo más importante es intimar con vuestro hermano y amigo Cristo. Cuanto más profundas sean nuestras raíces en Cristo, más lejos llegarán las ramas. Solo así, en Cristo, podremos hablar de amistad con los hombres y poder ayudar, eficazmente, a nuestro prójimo. Las personas que oran, que aman en el silencio de todo aquello que los separe del amor al Padre hacen mucho bien a la humanidad. Los pequeños arroyos hacen los grandes ríos caudalosos.

Quien quiere hacer algo bueno siempre encontrará medios para hacerlo. Así cada acto de oración es como una estrella que se enciende en algún corazón llegando hasta el último rincón del universo.

Esperando encontrarme alguna vez con vosotros en la ruta de la vida, os abrazo y os bendigo, bajo la mística sombra de Santiago Apóstol y de nuestro padre Fundador, y ante la presencia de los Sagrados Corazones de Jesús, María y José.

Jesús Fernández Hernández
Presidente de las misioneras y misioneros identes

[1] Fernando Rielo, Mensaje a los peregrinos de la Ruta Jacobea, Nueva York, a 11 de julio de 2001.

[2] Cristo y su sentido de empresa, FFR, Madrid, 2017, p. 102

Hondas reflexiones en la IV Escuela de Humanidades, Metafísica y Mística Fernando Rielo de la UIMP y Fundación Fernando Rielo

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Con el tema “Retos para un nuevo humanismo. Pensamiento, arte y educación” se ha clausurado la IV Escuela de Humanidades, Metafísica y Mística Fernando Rielo de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) y la Fundación Fernando Rielo. Se ha celebrado del 18 al 21 de julio y ha tenido lugar en las magníficas instalaciones de la UIMP, en el Palacio de la Magdalena (Santander, España).

Al igual que en las anteriores ediciones, el nivel de las ponencias y de las mesas redondas de este curso ha sido muy alto pues se han generado profundos e interdisciplinares debates en torno a los desafíos que tiene hoy la sociedad para desarrollar un auténtico humanismo que potencie y eleve a la persona humana y a la sociedad.

La fundamentación metafísica, la teología, la antropología, la perspectiva estética y la educación han sido los ejes sobre los que han pivotado las exposiciones, tesis y debates, en diálogo con otras dimensiones humanas como el derecho, la economía, las artes, la sociología, la política y la tecnología, y los múltiples desafíos que plantean.

En la sesión de evaluación, muchos de los participantes coincidieron en el original y necesario aporte de los planteamientos antropológicos de Fernando Rielo y su aporte para un nuevo humanismo en la sociedad de hoy. Sugirieron lo importante de hacer estudios comparados entre Rielo y otros autores y de seguir desarrollando su pensamiento.

La directora de este curso y del Aula de Pensamiento de la Fundación Fernando Rielo, Juana Sánchez-Gey Venegas, manifestó en la sesión de conclusiones las interesantes vías que ha abierto este curso: seguir difundiendo el pensamiento de Fernando Rielo; promover la realización de tesis doctorales sobre el mismo; la importancia del seminario que hace la Fundación Fernando Rielo en Madrid sobre la filosofía de Fernando Rielo y la pertinencia del congreso mundial de metafísica que realizará la Fundación Idente de Estudios e Investigación en 2018.

P. Jesús Fernández: “Nuestro padre Fundador nos enseñó a lanzarnos y arriesgarnos por amor a Cristo y a la Iglesia”

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Publicamos una selección de la lección espiritual impartida por el P. Jesús Fernández, Presidente del Instituto Id de Cristo Redentor misioneras y misioneros identes, en Roma con ocasión del 58 Aniversario de Fundación.

Aquella mañana soleada del 29 de junio de 1959, doce hombres jóvenes se presentaron, con nuestro Fundador, también joven, al obispo de Tenerife, D. Domingo Pérez Cáceres. ¿Quién era el más joven de todos ellos? Se llamaba D. Fernando Rielo Pardal, funcionario de correos, y reconocido por todos como su fundador. Esta persona, conducida por una fe inquebrantable, se ofrecía al obispo, para cualquier misión que se le encomendara, especialmente con dedicación a la juventud alejada o alérgica a la Iglesia.

Nuestro padre Fundador fue hijo de su tiempo. Su amor a las Personas Divinas y a la Iglesia se alimentaba del Evangelio, de la oración continua y de la Eucaristía. Apasionado por crecer en la fidelidad a Cristo, su oración unitiva volaba a la Santísima Trinidad. Por eso, nos decía: «Os importa mucho adquirir aquel estado de súplica beatífica que, suprema expresión de la unitiva oración mística, forme vuestra conciencia filial, desposada con el Padre, concelebrado por el Hijo y el Espíritu Santo, en tal grado que, marcada ya en esta vida con la gloria eterna, contempléis la tierra desde el cielo más que el cielo desde la tierra»[1].

Los primeros misioneros que acompañaron a nuestro padre Fundador en aquella festividad de san Pedro y san Pablo, eran casados, y la mayoría funcionarios de empresas privadas. Él atendía a sus cosas materiales y espirituales. La dulzura y la firmeza, la afabilidad y el rigor, formaban parte de la formación de estos primeros misioneros. Con su palabra, con su ejemplo y su autoridad moral los sostenía, exhortaba y corregía con exquisito amor.

Enseñó de forma sencilla a los primeros misioneros a no asustarse por la palabra santidad y la palabra conversión. Para ser santos no tenemos que hacer grandes cosas, ni tampoco tener la gracia de los fenómenos extraordinarios. Conversión no es otra cosa que dejar de mirarse a uno mismo y mirar a Dios. Veremos de este modo que la mirada de Cristo es mirada de amor, de cariño, de afecto, de ternura. Así lo hizo con todos y, en especial, con el joven rico. La palabra conversión está contenida en la palabra sígueme. A la llamada de Cristo, debo responderle sin vacilación: “Sí, te sigo”. Y a su pregunta: ¿Me amas?, le tengo que contestar sin dudar: “Sí, te amo; Tú lo sabes todo”. Con este sí se abre nuestra inteligencia a una nueva visión, a un nuevo horizonte. La conversión es salir de una existencia egocéntrica, a otra llena de generosidad; de querer ponerse en el centro y por encima de todos, a poner a Cristo en el centro de todo y de todos, de tal modo que yo tenga que aparecer el último. La conversión nos conduce a amar a nuestros enemigos, y a tratar bien a los que nos odian y persiguen (Lc, 27, 29). Algunos dirán que es muy difícil. Pero tengo que decir que no se trata de hacer grandes esfuerzos, sino dejar hacer en nuestro corazón al Espíritu Santo que, con su fuerza, cambiará nuestros pensamientos y deseos y nos dará la auténtica motivación para realizar la voluntad de Dios aunque esta sea muy difícil.

También se caracterizó, en los inicios de su llegada a Tenerife, por su apostolado personal como nos narra en sus Leyendas de Amor: «Mi apostolado personal se extendió con rapidez inusitada. Este hecho exigió lugares más amplios en los que se congregaban multitudes de gentes que, sedientas de fe, imprimieron, ante mi confesión cristiana, nuevos rumbos a su vida; en ocasiones, las palabras fueron confirmadas por milagros emocionantes. El interés del obispo de la diócesis por este movimiento dio lugar a que formara, bajo su autoridad, un equipo de misiones populares que recorrió pueblo a pueblo la Isla de Tenerife. Del equipo de misiones, nació el día 29 de junio de 1959 el Instituto de Misioneros Identes. ¡Cuántas confesiones! ¡Cuántas conversiones! Llenábanse los templos de personas para, de una forma duradera, recibir la Eucaristía durante la celebración del divino sacrificio. Mi dedicación a la capital fue extenuante por causa de las necesidades religiosas: las conferencias a obreros y estudiantes producían, en términos de multitud, inmediata manifestación de la gracia. Uní en torno mío, para fin de dos movimientos, social y estudiantil, un número aproximado de 2.000 almas que, llenas de entusiasmo por la santidad intrínseca de la Iglesia, recibían, convencidas de su estado de gracia, la Santísima Eucaristía. Sería imposible la narración acerca de los problemas que tantas almas me planteaban. Solo puedo decir que había días y días que no tocaba la cama para poder reparar un poco el sueño que me abrasaba. Contemplaba, así, el amanecer marino con almas que junto a mí lloraban de amor a Cristo por ver que los nuevos horizontes, que divinos yo les presentaba, hacían de su existencia una vita nuova marcada por la fe, la esperanza y el gozo de unos bienes celestiales»[2].

Le caracterizó asimismo fomentar las vocaciones en sus diferentes estados, y ayudar a jóvenes y mayores a seguir el camino que Cristo les indicaba. No sabemos cuántas lágrimas le costó suplicar al Padre por nuestra vocación a la santidad. Nos enseñó con su vida el valor de la gracia, la oración suplicante y la llamada del Padre a ser regidos, más que a regir; a ser obedientes, más que a mandar; a pensar en los demás, más que en uno mismo; a ponernos de los últimos, y nunca de los primeros. Nuestro Fundador nos daba ejemplo de todo ello porque estaba desbordante del amor al Padre y con una paz serena que le duró, en medio de tormentas y mares agitados, hasta el último momento en que Cristo y María le vinieron a buscar para ascender con Ellos: «Toda mi vida –aseguraba él mismo– ha sido de un mendigo filial ante la puerta de la Celeste Jerusalén»[3]. Lo único que le importaba eran las almas en virtud de su inmenso amor a la Santísima Trinidad; de aquí, su vivir y transmitir el Evangelio a todos, hombres y mujeres, y en todo lugar y tiempo, para que fueran santos. Nos hacía ver que el Evangelio no era un canto a la tristeza o a la nostalgia, sino a la alegría expresada en las bienaventuranzas.

Nuestro Fundador, por otra parte, nos enseñó a razonar, reflexionar y argumentar sobre las Sagradas Escrituras, y nos exhortaba a que, después de orar en silencio ante el Tabernáculo, nos lanzáramos y nos arriesgáramos en la vida apostólica por amor a Cristo y a su Iglesia. Para ello, debíamos salir de nuestros miedos y angustias, intentando resolver los conflictos y dificultades, acudiendo al Evangelio, única fuente que nos podía dar luz y claridad, y trasmitirnos aquella paz que Cristo dice no la puede dar este mundo (Jn 14,27).

Los misioneros y misioneras identes podemos decir que hemos conocido en nuestro Fundador a un hombre inocente como un niño, con alma sacerdotal. Salió del convento de los Padres Redentoristas con la llamada a renunciar a todo, y a seguir al Padre con mística conciencia filial. Doce hombres de virtud probada, de diferentes órdenes religiosas, le confirmaron que fundara nuestra institución para vivir la santidad por medio del examen ascético y místico. No fue fácil la fundación. Encontró muchos obstáculos internos y externos. Nos decía, con toda sinceridad, que él no poseía las cualidades, no solo espirituales o místicas, sino ni siquiera humanas, para fundar y acometer la fundación. Se sentía muy débil, y solo la fuerza de Dios lo mantenía vivo. Le suplicaba al Padre una gracia para que los que se acercaran a él tuvieran confianza. Observaba que había tantos jóvenes y hombres de cultura muy lejos de creer y amar al Padre, que necesitaban de nuestro carisma para su conversión y santificación.

La lógica de la santidad no sigue la lógica humana. Subía y bajaba por la escalera casi simultáneamente. Parecía que subía un escalón y a continuación bajaba dos. Sabía que no podía dar marcha atrás una vez puesta la mano en el arado de la fundación. Surcos de sangre y lágrimas hicieron fértil la tierra que iba a fundar, y, como los grandes profetas del Antiguo Testamento, nunca vio del todo la Tierra Prometida en esta vida.

Sabía que el Padre le ofrecía siempre una solución conforme a su voluntad y no la suya. La cruz era para él signo de amor y de victoria según las palabras de Cristo: “Yo he vencido al mundo” (Jn 16,33).

En septiembre del 2004 lo vi por última vez. Estaba cansado, muy cansado y con los ojos brillantes, no de fiebre, sino de lágrimas de felicidad al saber que su institución salía de un pozo oscuro: la Santa Sede había dado el reconocimiento del instituto a nivel diocesano como nueva forma de vida consagrada, y los sacerdotes identes estarían incardinados en nuestra mártir institución. Le dije: “Padre, regreso a Roma. ¿Quieres algo para tus hijas e hijos?” Me respondió: “Que sean santos y amen a la Iglesia fundada por Cristo”. Le dije: “Padre, me cuesta separarme de ti”. Me contestó: “A mí también. Sé dócil al Espíritu Santo”. Me miró con mucha ternura. Le di entonces el beso de un hijo a su padre espiritual. Por último, me dijo: “Cuida la caridad. No te olvides nunca de que un día sin cruz es un día vacío del amor del Padre. No te quedes con nada. Ofrécelo todo”. Vi en su última mirada la fecundidad de estar en Cristo. Su cuerpo, lleno de fatiga y con respiración difícil, albergaba unos ojos dulcemente penetrantes, con la transparencia e inocencia de un niño.

Os doy a todos mi entrañable felicitación en este 58º Aniversario de la Fundación del Instituto, festividad de dos grandes de la santidad, Pedro y Pablo, cuyo alimento era hacer la voluntad de quien les había enviado, Cristo (Jn 4,34). Ellos acometieron la voluntad divina que, a veces, nos resulta demasiado dura y llena de cruz, pues los planes de Dios no coinciden con los nuestros. Nuestra vida debe ser, a imagen de la de Cristo, “buscar y cumplir la voluntad del Padre”. Así fue la vida de nuestro padre Fundador.

[1] Codex orationis, Nueva York, 1996, inédito.

[2] Leyendas, Tercera Parte, Capítulo 2, LV, “Estela de un lucero”.

[3] Leyendas de amor.

Juana Sánchez-Gey habla del acompañamiento espiritual en el Monasterio de Leyre

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Publicamos a continuación el video con la intervención de Juana Sánchez-Gey Venegas, Procuradora General de las misioneras identes, en las Jornadas sobre El acompañamiento espiritual organizado por el Arzobispado de Pamplona. Su intervención fue sobre el acompañamiento espiritual en la Universidad y se desarrolló el 21 de junio en el Monasterio de Leyre (Navarra, España).

La persona y la obra de Fernando Rielo en la entrevista de TVE a Luis Casasús

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En homenaje a Fernando Rielo, Fundador de las misioneras y de los misioneros identes, por su onomástica (30 de mayo, San Fernando) publicamos la entrevista que TVE-2 le hiciera a Luis Casasús, superior general de los misioneros identes. En ella, hace un sintético y sustancioso recorrido por las características fundamentales de la personalidad espiritual de Fernando Rielo y de la obra fundada por él.