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Mensaje del P. Jesús Fernández a los peregrinos identes de la Ruta Jacobea Idente, en su 30º aniversario

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El Presidente de las misioneras y de los misioneros identes, P. Jesús Fernández Hernández, ha enviado este bello mensaje a los peregrinos de la Ruta Jacobea Idente. Esta se celebra cada año por deseo expreso del Fundador de los misioneros identes, Fernando Rielo, y tiene lugar del 12 al 25 de julio desde Astorga (León) hasta Santiago de Compostela. En esta ocasión ha tenido un bello cariz ecuménico por la participación de un grupo de peregrinos alemanes de la iglesia protestante de Hoyerswerda.

Queridos misioneros y misioneras, amigos y amigas:

Ante todo, mi afecto y mi oración por cada uno de los peregrinos. Este año estamos celebrando los 30 años de la Ruta Jacobea. Una peregrinación recorrida por creyentes y no creyentes, y por auténticos arrepentidos. ¿De qué cosa? De no haber descubierto que lo más valioso y fecundo de la vida personal es saberse hijo de un Padre Celeste que nos ama con verdadera locura. Este Padre es llamado Dios, concepto primordial y absoluto, que pasa a palabra en las diferentes lenguas de todas las naciones y culturas del mundo. Su contenido es una realidad que ha sido infundida a todo ser humano: el místico patrimonio genético que nos hace a todos verdaderos hijos de Dios.

La vida del ser humano, con este valiosísimo patrimonio que cada uno tiene, es tránsito, éxodo, peregrinación hacia nuestro verdadero hogar: el cielo, representado en el Pórtico de la Gloria. Las dificultades de la peregrinación han simbolizado el camino de cruz por el que atraviesa la vida de cada ser humano, como atestigua el fundador de los misioneros y misioneras identes, Fernando Rielo: «Un camino de cruz -estas son sus palabras- que puede transformarse en itinerario lleno de esperanza, donde se presta servicio a los demás, se comparte generosamente la amistad y la vida, se apuesta por el respeto y la escucha en el diálogo; un camino de cruz que puede convertirse en recorrido de admiración, donde se contemplan bellos paisajes, donde se sabe apreciar el arte y la cultura de las pasadas generaciones, donde se admira la amabilidad y hospitalidad de las gentes; un camino de cruz que nos compromete con los más altos valores, donde se ayuda a los demás, donde sólo se mira el bien, la paz, la felicidad del otro, donde se desea sinceramente encontrar la forma mejor de concebir y vivir el destino; un camino de cruz que puede ser trayecto accidentado, donde aparecen el cansancio y la fatiga, el tedio y la desazón, la soledad y la incomprensión, pero, al mismo tiempo, se tiene la capacidad de respuesta, de superación, de esfuerzo, de tesón: en una palabra, de ejercer la potestad de hijos e hijas de un celeste Padre común; un camino de cruz que llega a Santiago de Compostela, ciudad de talladas cruces con su Pórtico de la Gloria, símbolo de un ser humano que, adquiriendo, por vocación inapelable, el compromiso de ser santo, lleva en su corazón el desposorio de la cruz y de la gloria, del sufrimiento y de la alegría, de la muerte y de la vida»[1].

Este es el camino verdadero, que es el mismo Cristo, que hay que seguir, unidos a Él, en el regreso a vuestras casas. Solo así podréis encontrar la paz, la libertad interior y la dicha. El camino de la cruz lleva dirección al cielo. Afirma Fernando Rielo que «Quien en esta vida tiene verdadera visión del cielo sabe lo que tiene que hacer: lleva el instinto del esfuerzo, de la cruz. Quien no toma la cruz no podrá alcanzar esta visión. Puede decirse que quien tiene visión de las cosas celestes es inasequible a cualquier desaliento, y permanece inalterable frente a todos los episodios que le acontecen, y en el aspecto que sea»[2].

Cristo da una definición clara del cielo o vida eterna: “Que te conozcan a Ti, único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo” (Jn 17,3). Vivir en el cielo es “estar con Cristo”, “vivir en Cristo”, “caminar con Cristo”. Por su muerte y resurrección, Él nos ha abierto el cielo. No perdamos este gran y único regalo.

Queridos peregrinos, la verdad es que cada una de nuestras dimensiones constituye un vasto horizonte por descubrir. La vida espiritual, la vida mística, es un universo por sí mismo, un mundo inmenso, una aventura apasionante como ha sido vuestro peregrinar siguiendo la ruta de los grandes peregrinos y penitentes de varios siglos. Vuestro caminar hacia la ciudad del Apóstol Santiago ha conllevado ciertos riesgos y ha exigido cierta audacia. No os ha faltado valentía.

Posiblemente habéis explorado las bases de una vida interior rica con los elementos de la oración continua, la lectura del Evangelio y el estado de agradecimiento que nos deja la Eucaristía.

Se dice que somos personas con roturas en nuestro corazón. Seguramente habéis comenzado la ruta con una cierta soledad con sentido de aislamiento, con miedos y con alguna sensación de inseguridad o cierta confusión sobre la orientación de vuestras vidas. Cuando las personas se reúnen para recorrer no solo un camino sagrado exterior, sino para realizar una peregrinación por su alma, se descubren esas roturas interiores. Esta es la razón por la cual una peregrinación exterior corre paralela con una peregrinación interior.

Estoy convencido de que todo ser humano sufre de una forma distinta a la de otro ser humano, aunque sean familia de la misma sangre. Y esto puede verse en el sufrimiento de unas relaciones rotas entre esposos, entre hermanos, entre padres e hijos. Pero lo más hermoso es que, a pesar de nuestras debilidades, hemos sido elegidos y bendecidos por nuestro Padre Celeste.

Seguramente habéis tenido alguna experiencia espiritual o mística durante la peregrinación que os haya introducido un poco más en el conocimiento experiencial del misterio de la Santísima Trinidad, que es un conocimiento de amor. Delante de Dios hay una cierta oscuridad, producida por su luz infinita que, para nosotros, es demasiado fuerte, y nos quedamos profundamente asombrados, en silencio. En realidad, toda relación con Dios en el silencio de nuestro corazón, abiertos al amor divino, es verdadera oración.

¡Jóvenes peregrinos! Sed entusiastas, que es más que ser optimistas. El entusiasmo es, según la etimología griega, soplo, fuego, arrebatamiento interior por lo divino. El entusiasmo, cuando es auténtico, produce paz, equilibrio y serenidad. El entusiasmo empuja, arrastra, es fascinante, es sumamente atractivo. Tener entusiasmo es tener juventud, ganas de luchar por un futuro mejor, tener vitalidad, soñar, salir de la mediocridad y de la rutina, es sacar lo mejor que hay dentro de nosotros mismos. Sabed que Cristo es el único que puede verdaderamente humanizar una sociedad que, sin Él, se encuentra a la deriva. Es el gran líder que transmite entusiasmo y creación ante las dificultades que no faltan nunca.

No os desaniméis nunca, queridos jóvenes. Sois los nuevos héroes del siglo XXI. No penséis tanto en vuestros éxitos o fracasos. Esto no es lo más importante. Lo más importante es intimar con vuestro hermano y amigo Cristo. Cuanto más profundas sean nuestras raíces en Cristo, más lejos llegarán las ramas. Solo así, en Cristo, podremos hablar de amistad con los hombres y poder ayudar, eficazmente, a nuestro prójimo. Las personas que oran, que aman en el silencio de todo aquello que los separe del amor al Padre hacen mucho bien a la humanidad. Los pequeños arroyos hacen los grandes ríos caudalosos.

Quien quiere hacer algo bueno siempre encontrará medios para hacerlo. Así cada acto de oración es como una estrella que se enciende en algún corazón llegando hasta el último rincón del universo.

Esperando encontrarme alguna vez con vosotros en la ruta de la vida, os abrazo y os bendigo, bajo la mística sombra de Santiago Apóstol y de nuestro padre Fundador, y ante la presencia de los Sagrados Corazones de Jesús, María y José.

Jesús Fernández Hernández
Presidente de las misioneras y misioneros identes

[1] Fernando Rielo, Mensaje a los peregrinos de la Ruta Jacobea, Nueva York, a 11 de julio de 2001.

[2] Cristo y su sentido de empresa, FFR, Madrid, 2017, p. 102

Hondas reflexiones en la IV Escuela de Humanidades, Metafísica y Mística Fernando Rielo de la UIMP y Fundación Fernando Rielo

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Con el tema “Retos para un nuevo humanismo. Pensamiento, arte y educación” se ha clausurado la IV Escuela de Humanidades, Metafísica y Mística Fernando Rielo de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) y la Fundación Fernando Rielo. Se ha celebrado del 18 al 21 de julio y ha tenido lugar en las magníficas instalaciones de la UIMP, en el Palacio de la Magdalena (Santander, España).

Al igual que en las anteriores ediciones, el nivel de las ponencias y de las mesas redondas de este curso ha sido muy alto pues se han generado profundos e interdisciplinares debates en torno a los desafíos que tiene hoy la sociedad para desarrollar un auténtico humanismo que potencie y eleve a la persona humana y a la sociedad.

La fundamentación metafísica, la teología, la antropología, la perspectiva estética y la educación han sido los ejes sobre los que han pivotado las exposiciones, tesis y debates, en diálogo con otras dimensiones humanas como el derecho, la economía, las artes, la sociología, la política y la tecnología, y los múltiples desafíos que plantean.

En la sesión de evaluación, muchos de los participantes coincidieron en el original y necesario aporte de los planteamientos antropológicos de Fernando Rielo y su aporte para un nuevo humanismo en la sociedad de hoy. Sugirieron lo importante de hacer estudios comparados entre Rielo y otros autores y de seguir desarrollando su pensamiento.

La directora de este curso y del Aula de Pensamiento de la Fundación Fernando Rielo, Juana Sánchez-Gey Venegas, manifestó en la sesión de conclusiones las interesantes vías que ha abierto este curso: seguir difundiendo el pensamiento de Fernando Rielo; promover la realización de tesis doctorales sobre el mismo; la importancia del seminario que hace la Fundación Fernando Rielo en Madrid sobre la filosofía de Fernando Rielo y la pertinencia del congreso mundial de metafísica que realizará la Fundación Idente de Estudios e Investigación en 2018.

P. Jesús Fernández: “Nuestro padre Fundador nos enseñó a lanzarnos y arriesgarnos por amor a Cristo y a la Iglesia”

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Publicamos una selección de la lección espiritual impartida por el P. Jesús Fernández, Presidente del Instituto Id de Cristo Redentor misioneras y misioneros identes, en Roma con ocasión del 58 Aniversario de Fundación.

Aquella mañana soleada del 29 de junio de 1959, doce hombres jóvenes se presentaron, con nuestro Fundador, también joven, al obispo de Tenerife, D. Domingo Pérez Cáceres. ¿Quién era el más joven de todos ellos? Se llamaba D. Fernando Rielo Pardal, funcionario de correos, y reconocido por todos como su fundador. Esta persona, conducida por una fe inquebrantable, se ofrecía al obispo, para cualquier misión que se le encomendara, especialmente con dedicación a la juventud alejada o alérgica a la Iglesia.

Nuestro padre Fundador fue hijo de su tiempo. Su amor a las Personas Divinas y a la Iglesia se alimentaba del Evangelio, de la oración continua y de la Eucaristía. Apasionado por crecer en la fidelidad a Cristo, su oración unitiva volaba a la Santísima Trinidad. Por eso, nos decía: «Os importa mucho adquirir aquel estado de súplica beatífica que, suprema expresión de la unitiva oración mística, forme vuestra conciencia filial, desposada con el Padre, concelebrado por el Hijo y el Espíritu Santo, en tal grado que, marcada ya en esta vida con la gloria eterna, contempléis la tierra desde el cielo más que el cielo desde la tierra»[1].

Los primeros misioneros que acompañaron a nuestro padre Fundador en aquella festividad de san Pedro y san Pablo, eran casados, y la mayoría funcionarios de empresas privadas. Él atendía a sus cosas materiales y espirituales. La dulzura y la firmeza, la afabilidad y el rigor, formaban parte de la formación de estos primeros misioneros. Con su palabra, con su ejemplo y su autoridad moral los sostenía, exhortaba y corregía con exquisito amor.

Enseñó de forma sencilla a los primeros misioneros a no asustarse por la palabra santidad y la palabra conversión. Para ser santos no tenemos que hacer grandes cosas, ni tampoco tener la gracia de los fenómenos extraordinarios. Conversión no es otra cosa que dejar de mirarse a uno mismo y mirar a Dios. Veremos de este modo que la mirada de Cristo es mirada de amor, de cariño, de afecto, de ternura. Así lo hizo con todos y, en especial, con el joven rico. La palabra conversión está contenida en la palabra sígueme. A la llamada de Cristo, debo responderle sin vacilación: “Sí, te sigo”. Y a su pregunta: ¿Me amas?, le tengo que contestar sin dudar: “Sí, te amo; Tú lo sabes todo”. Con este sí se abre nuestra inteligencia a una nueva visión, a un nuevo horizonte. La conversión es salir de una existencia egocéntrica, a otra llena de generosidad; de querer ponerse en el centro y por encima de todos, a poner a Cristo en el centro de todo y de todos, de tal modo que yo tenga que aparecer el último. La conversión nos conduce a amar a nuestros enemigos, y a tratar bien a los que nos odian y persiguen (Lc, 27, 29). Algunos dirán que es muy difícil. Pero tengo que decir que no se trata de hacer grandes esfuerzos, sino dejar hacer en nuestro corazón al Espíritu Santo que, con su fuerza, cambiará nuestros pensamientos y deseos y nos dará la auténtica motivación para realizar la voluntad de Dios aunque esta sea muy difícil.

También se caracterizó, en los inicios de su llegada a Tenerife, por su apostolado personal como nos narra en sus Leyendas de Amor: «Mi apostolado personal se extendió con rapidez inusitada. Este hecho exigió lugares más amplios en los que se congregaban multitudes de gentes que, sedientas de fe, imprimieron, ante mi confesión cristiana, nuevos rumbos a su vida; en ocasiones, las palabras fueron confirmadas por milagros emocionantes. El interés del obispo de la diócesis por este movimiento dio lugar a que formara, bajo su autoridad, un equipo de misiones populares que recorrió pueblo a pueblo la Isla de Tenerife. Del equipo de misiones, nació el día 29 de junio de 1959 el Instituto de Misioneros Identes. ¡Cuántas confesiones! ¡Cuántas conversiones! Llenábanse los templos de personas para, de una forma duradera, recibir la Eucaristía durante la celebración del divino sacrificio. Mi dedicación a la capital fue extenuante por causa de las necesidades religiosas: las conferencias a obreros y estudiantes producían, en términos de multitud, inmediata manifestación de la gracia. Uní en torno mío, para fin de dos movimientos, social y estudiantil, un número aproximado de 2.000 almas que, llenas de entusiasmo por la santidad intrínseca de la Iglesia, recibían, convencidas de su estado de gracia, la Santísima Eucaristía. Sería imposible la narración acerca de los problemas que tantas almas me planteaban. Solo puedo decir que había días y días que no tocaba la cama para poder reparar un poco el sueño que me abrasaba. Contemplaba, así, el amanecer marino con almas que junto a mí lloraban de amor a Cristo por ver que los nuevos horizontes, que divinos yo les presentaba, hacían de su existencia una vita nuova marcada por la fe, la esperanza y el gozo de unos bienes celestiales»[2].

Le caracterizó asimismo fomentar las vocaciones en sus diferentes estados, y ayudar a jóvenes y mayores a seguir el camino que Cristo les indicaba. No sabemos cuántas lágrimas le costó suplicar al Padre por nuestra vocación a la santidad. Nos enseñó con su vida el valor de la gracia, la oración suplicante y la llamada del Padre a ser regidos, más que a regir; a ser obedientes, más que a mandar; a pensar en los demás, más que en uno mismo; a ponernos de los últimos, y nunca de los primeros. Nuestro Fundador nos daba ejemplo de todo ello porque estaba desbordante del amor al Padre y con una paz serena que le duró, en medio de tormentas y mares agitados, hasta el último momento en que Cristo y María le vinieron a buscar para ascender con Ellos: «Toda mi vida –aseguraba él mismo– ha sido de un mendigo filial ante la puerta de la Celeste Jerusalén»[3]. Lo único que le importaba eran las almas en virtud de su inmenso amor a la Santísima Trinidad; de aquí, su vivir y transmitir el Evangelio a todos, hombres y mujeres, y en todo lugar y tiempo, para que fueran santos. Nos hacía ver que el Evangelio no era un canto a la tristeza o a la nostalgia, sino a la alegría expresada en las bienaventuranzas.

Nuestro Fundador, por otra parte, nos enseñó a razonar, reflexionar y argumentar sobre las Sagradas Escrituras, y nos exhortaba a que, después de orar en silencio ante el Tabernáculo, nos lanzáramos y nos arriesgáramos en la vida apostólica por amor a Cristo y a su Iglesia. Para ello, debíamos salir de nuestros miedos y angustias, intentando resolver los conflictos y dificultades, acudiendo al Evangelio, única fuente que nos podía dar luz y claridad, y trasmitirnos aquella paz que Cristo dice no la puede dar este mundo (Jn 14,27).

Los misioneros y misioneras identes podemos decir que hemos conocido en nuestro Fundador a un hombre inocente como un niño, con alma sacerdotal. Salió del convento de los Padres Redentoristas con la llamada a renunciar a todo, y a seguir al Padre con mística conciencia filial. Doce hombres de virtud probada, de diferentes órdenes religiosas, le confirmaron que fundara nuestra institución para vivir la santidad por medio del examen ascético y místico. No fue fácil la fundación. Encontró muchos obstáculos internos y externos. Nos decía, con toda sinceridad, que él no poseía las cualidades, no solo espirituales o místicas, sino ni siquiera humanas, para fundar y acometer la fundación. Se sentía muy débil, y solo la fuerza de Dios lo mantenía vivo. Le suplicaba al Padre una gracia para que los que se acercaran a él tuvieran confianza. Observaba que había tantos jóvenes y hombres de cultura muy lejos de creer y amar al Padre, que necesitaban de nuestro carisma para su conversión y santificación.

La lógica de la santidad no sigue la lógica humana. Subía y bajaba por la escalera casi simultáneamente. Parecía que subía un escalón y a continuación bajaba dos. Sabía que no podía dar marcha atrás una vez puesta la mano en el arado de la fundación. Surcos de sangre y lágrimas hicieron fértil la tierra que iba a fundar, y, como los grandes profetas del Antiguo Testamento, nunca vio del todo la Tierra Prometida en esta vida.

Sabía que el Padre le ofrecía siempre una solución conforme a su voluntad y no la suya. La cruz era para él signo de amor y de victoria según las palabras de Cristo: “Yo he vencido al mundo” (Jn 16,33).

En septiembre del 2004 lo vi por última vez. Estaba cansado, muy cansado y con los ojos brillantes, no de fiebre, sino de lágrimas de felicidad al saber que su institución salía de un pozo oscuro: la Santa Sede había dado el reconocimiento del instituto a nivel diocesano como nueva forma de vida consagrada, y los sacerdotes identes estarían incardinados en nuestra mártir institución. Le dije: “Padre, regreso a Roma. ¿Quieres algo para tus hijas e hijos?” Me respondió: “Que sean santos y amen a la Iglesia fundada por Cristo”. Le dije: “Padre, me cuesta separarme de ti”. Me contestó: “A mí también. Sé dócil al Espíritu Santo”. Me miró con mucha ternura. Le di entonces el beso de un hijo a su padre espiritual. Por último, me dijo: “Cuida la caridad. No te olvides nunca de que un día sin cruz es un día vacío del amor del Padre. No te quedes con nada. Ofrécelo todo”. Vi en su última mirada la fecundidad de estar en Cristo. Su cuerpo, lleno de fatiga y con respiración difícil, albergaba unos ojos dulcemente penetrantes, con la transparencia e inocencia de un niño.

Os doy a todos mi entrañable felicitación en este 58º Aniversario de la Fundación del Instituto, festividad de dos grandes de la santidad, Pedro y Pablo, cuyo alimento era hacer la voluntad de quien les había enviado, Cristo (Jn 4,34). Ellos acometieron la voluntad divina que, a veces, nos resulta demasiado dura y llena de cruz, pues los planes de Dios no coinciden con los nuestros. Nuestra vida debe ser, a imagen de la de Cristo, “buscar y cumplir la voluntad del Padre”. Así fue la vida de nuestro padre Fundador.

[1] Codex orationis, Nueva York, 1996, inédito.

[2] Leyendas, Tercera Parte, Capítulo 2, LV, “Estela de un lucero”.

[3] Leyendas de amor.

Juana Sánchez-Gey habla del acompañamiento espiritual en el Monasterio de Leyre

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Publicamos a continuación el video con la intervención de Juana Sánchez-Gey Venegas, Procuradora General de las misioneras identes, en las Jornadas sobre El acompañamiento espiritual organizado por el Arzobispado de Pamplona. Su intervención fue sobre el acompañamiento espiritual en la Universidad y se desarrolló el 21 de junio en el Monasterio de Leyre (Navarra, España).

La persona y la obra de Fernando Rielo en la entrevista de TVE a Luis Casasús

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En homenaje a Fernando Rielo, Fundador de las misioneras y de los misioneros identes, por su onomástica (30 de mayo, San Fernando) publicamos la entrevista que TVE-2 le hiciera a Luis Casasús, superior general de los misioneros identes. En ella, hace un sintético y sustancioso recorrido por las características fundamentales de la personalidad espiritual de Fernando Rielo y de la obra fundada por él.

La bellezza di una visita

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“Ogni essere umano è a immagine e somiglianza dell’eucarestia. E come l’eucarestia fa parte della nostra vita, così voi. La nostra missione è quella di rimanere con voi”.

Con queste parole caldissime e appassionate rivolte ai tanti amici di Atessa presenti alla celebrazione eucaristica al convento di S. Pasquale, venerdì 12 maggio, p. Jesús Fernández Hernández, presidente dei missionari e missionarie identes, ha concluso le due settimane di visite a varie città italiane, dal sud al nord della penisola: da Torino a Genova, Milano, Busseto; da Arpino ad Atessa.

«È stato per noi un momento davvero importante. – raccontano anche le missionarie di Torino – Ci ha molto commosse la paternità che ha mostrato p. Jesús, Presidente dell’Istituto, nei nostri confronti facendoci visita il 4 maggio e siamo state incoraggiate nell’apostolato e nella perseveranza e fedeltà alla nostra missione. Lo ringraziamo il Padre per averci concesso uno spazio di cielo». In occasione della visita apostolica, p. Jesús ha anche avuto modo di salutare e ringraziare il parroco di Santa Monica dove risiedono le missionarie da settembre di quest’anno.

Le visite alle diverse comunità, alla famiglia idente, agli amici che aiutano e condividono un cammino insieme ai missionari, sono state segnate dal grande messaggio della santità che è vivere e trasmettere il vangelo, come dice sempre p. Jesús. “È vero, non si può amare senza soffrire. La croce fa parte dell’amore. Ogni crisi può essere una trappola o un trampolino. La grazia trasforma ogni trappola in un trampolino, opera un salto nella nostra vita. A noi spetta non abbracciare la croce, ma stenderci su di essa in questo cammino che compiamo insieme”.

 

Chiesa del Convento di S. pasquale e momenti della celebrazione eucaristica con p. Jesús

Vigilia para jóvenes con el Cardenal Osoro (Madrid)

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Como cada primer viernes de mes, un grupo de misioneros y misioneras identes de Madrid acude a la Vigilia de adoración que el Cardenal de la Archidiócesis de Madrid, D. Carlos Osoro, convoca dirigida a la juventud.

En la que se celebró el 5 de mayo, tras la lectura del evangelio del Buen Pastor, correspondiente al IV domingo de Pascua, el Cardenal recordó cómo Cristo es efectivamente la puerta por la que debemos pasar para tener vida abundante y cómo nos invita a hacerlo continuamente, a los asistentes a la vigilia y a todos los jóvenes de Madrid. También invitó a visitar la capilla del Seminario con motivo de la Jornada de Oración Mundial por las Vocaciones, que estaría abierta todo el fin de semana.

Nuestro Cardenal tiene una gran preocupación por los jóvenes que demuestra cada viernes, sin faltar nunca a su cita. Todo un ejemplo de perseverancia y de ardor apostólico. Los asistentes a la vigilia, que realmente llenábamos la catedral, salimos reconfortados y dando gracias a Cristo por el amor que D. Carlos tiene sobre cada uno de nosotros.

Aniversario de la Universidad Técnica Particular de Loja (Ecuador)

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Este 3 de mayo la Universidad Técnica Particular de Loja cumplió sus 46 años, y 20 desde que fue encomendada al Instituto Id de Cristo Redentor, misioneras y misioneros identes. Aquí publicamos el artículo que consta en su web oficial.

Fue fundada con la idea de brindar una opción de formación superior integral, donde se brinda una alta especialización en la formación humanística, ética y de valores hacia sus alumnos. A lo largo de este tiempo la UTPL ha cumplido con esta misión, uniendo la fe y la razón y reforzando su identidad como universidad católica. Fundada y dirigida hasta 1997 por la comunidad marista ecuatoriana y desde ese año por las misioneras y los misioneros identes.

La UTPL tiene como líneas estratégicas de acción la academia, la investigación, la innovación, el fortalecimiento al emprendimiento y la vinculación con la sociedad. Ofrece 23 carreras en su Modalidad Presencial,17 en su Modalidad Abierta y a Distancia y 5 postgrados vigentes, aportando así al país con más de 65 000 profesionales.

En 1976 marcó un hito en Latinoamérica al poner en marcha por primera vez la modalidad de estudios a distancia con la carrera de Ciencias de la Educación, haciendo posible el acceso a personas de todo el país que antes no podían cumplir sus sueños de obtener su título de tercer nivel debido a su situación geográfica.

Los cambios sociales y el desarrollo tecnológico en los últimos tiempos, han motivado que la oferta académica de la institución constantemente se ajuste a dichos requerimientos. Es así que surgieron los cursos de Educación Continua  para responder con mayor efectividad y eficiencia a los retos futuros, en las áreas administrativa, sociohumanística, técnica y biológica.

La universidad también cuenta con EDES Business School, una escuela de negocios que nació con la premisa de “creer en el poder de las personas emprendedoras para transformar positivamente sociedades y realidades”. Contempla tres elementos como clave para impulsar el potencial de cambio de un emprendedor: conocimiento, red de contactos (networking) y experiencia, de manera que fundamenta su misión en entregar estos elementos en todos sus programas.

Visión principal del campus de la UTPL en Loja (Ecuador)

La  visión institucional de la UTPL mantiene como máximo propósito el servicio a la sociedad desde el humanismo de Cristo, incorporando desde el 2004 la Misión Idente Ecuador que tiene como objetivo llegar a las comunidades más vulnerables del país para evangelizar y servir. El año anterior, la Misión Idente tuvo la participación de 171 voluntarios que visitaron 41 de las comunidades más vulnerables del país y asistieron a 909 familias.

Considerando la importancia que el rol docente posee en la educación superior, la UTPL apuesta por su capacitación y formación permanente, teniendo actualmente una planta docente de 1070 profesores, de los cuales 132 son doctores Ph.D, 692 magíster y 246 se encuentran en proceso de obtener su título de cuarto nivel en diferentes campos del conocimiento.

El aporte investigativo y académico que realizan los docentes UTPL a la sociedad, tanto a nivel local como nacional e internacional, se refleja en los proyectos de investigación, innovación, emprendimiento y vinculación que proyectan en los artículos científicos y divulgativos que generan y que cada año permiten que la universidad destaque entre los primeros lugares de la producción científica del Ecuador, fruto de sus publicaciones que son indexadas en bases internacionales como Scopus, logrando desde el 2003 hasta la actualidad, 670 publicaciones.

En 2016, se convirtió en la primera institución de educación superior en Ecuador en contar con un Centro de Apoyo a la Tecnología e Innovación (CATI) logrado mediante convenio con el Instituto Ecuatoriano de la Propiedad Intelectual (IEPI). Este Centro permitirá fortalecer aspectos de investigación, innovación, propiedad intelectual, patentes, derechos de autor y afines.

Alineados a esta filosofía de innovación y emprendimiento, la UTPL le dio vida al Centro de Emprendimiento “prendho”, una impulsadora y aceleradora de empresas que en 2016 fue reconocida por segunda ocasión, como mejor incubadora  del Ecuador, luego de aprobar  con éxito el proceso de “Acreditación de Espacios de Innovación” que lideró la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación- Senescyt, evaluando la experiencia, infraestructura, servicio, talento humano y networking de 40 incubadoras vinculadas a universidades y empresas públicas o privadas.

El aspecto investigativo ha sido siempre un fuerte en la UTPL, por ello viene trabajando en la constitución de su campus en Loja como “Parque Científico y Tecnológico”, buscando potenciar la innovación y la creatividad en la actividad científica dentro de un ecosistema dinámico que inspire nuevas investigaciones y así origine oportunidades de aprendizaje para sus estudiantes y permita atender necesidades de la comunidad ecuatoriana.

Todos estos esfuerzos le han permitido a la UTPL reforzar la investigación, innovar, generar y transferir conocimiento, mejorando la formación académica y ratificando su compromiso con la educación superior de calidad para transformar la sociedad.

Autora: Ana Valarezo. Fuente: http://noticias.utpl.edu.ec/utpl-46-anos-de-un-modelo-academico-con-innovacion-investigacion-y-emprendimiento

P. Jesús Fernández: La conciencia filial es modelo de vida para los misioneros identes

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Por el P. Jesús Fernández, Presidente del Instituto Id de Cristo Redentor misioneras y misioneros identes.
Lección espiritual impartida por el P. Jesús Fernández dedicada a Nuestro Padre Celestial.

Nuestro Fundador, Fernando Rielo, no quería que nada se le atribuyera; en su corazón estaba solo el Padre, concelebrado por el Hijo y el Espíritu Santo. Era en el Corazón del Padre donde tenía que apoyarse la Institución, y no en él. Murió como vivió: silenciosamente, bajo el asombro del Padre, y su deseo de amar, servir e identificarse con su Hermano Primogénito Jesucristo, como él nos decía con frecuencia. Se pasó la vida “mirando al cielo”, su verdadero y entrañable Hogar. Permanecía en actitud reverente, y muchas veces con lágrimas en los ojos. Era una actitud adorante y de dulzura silenciosa. Sus lágrimas, lágrimas de serenidad y de ternura, eran de súplica a Cristo y a María para que lo llevaran a la Casa de su Padre.

Creo que la unión mística de nuestro amado padre Fundador era continua, de día y de noche, conformándose con las Personas Divinas. Se unía al Creador en todas las cosas, y con exquisita caridad. Toda su vida era un crecer en la perfección del amor al Padre, no sin el Hijo y el Espíritu Santo. Toda su existencia era glorificar al Padre en Cristo con la gracia del Espíritu Santo. De este modo, se hizo servidor de todos a imagen y semejanza de Jesucristo. Nuestro amado Fundador, un fundador que llora por servir más y mejor a la Iglesia fundada por Jesucristo, en la persona del Santo Padre, pasa su mayor tiempo en el Monasterio de Santa Cruz en Tenerife, y sus 16 últimos años en nuestra casa de Queens en Nueva York.

Siempre nos decía: “Ayudad al máximo número de personas para que vivan, en relación con el Padre, una verdadera conciencia filial como Cristo la vivió”. Nos pedía tener la máxima intimidad y familiaridad con las Personas Divinas. Su deseo era que amásemos y que orásemos continuamente. Este estado de oración es el que nos podía llevar a un verdadero espíritu de servicio. Pedía constantemente al Padre lo que debía hacer, y no hacía nada que no tuviera esta paterna percepción espiritual. El grito de Cristo al Padre, ante la llamada urgente a la unidad, fue su vida, su deber y su amor.

De este modo, la obra maestra que el Padre quiere para nosotros lo vemos en las palabras de Cristo ante la inminencia de su pasión: “Padre, que sean uno como tú y yo somos uno” (Jn 17,21). En otro momento, nos dice: “Cuando oréis, decid: ‘Padre…’” (Lc 11, 12). En la primera carta de san Juan vemos: “Ved qué amor nos ha mostrado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios y lo seamos”. (1Jn 3, 1). Es impresionante que, como dice el Nuevo Testamento, Dios quiera ser nuestro Padre y que, de verdad, nosotros seamos sus hijos. Nos dio la potestad de hacernos hijos de Dios, como nos revela el prólogo del Evangelio de san Juan (Jn 1,12). Es una auténtica realidad: la filiación mística por gracia. Somos verdaderamente hijos del Padre y hermanos de Cristo por gracia. De este modo, somos hijos en el Hijo por medio del Espíritu Santo. Por eso, podemos llamar a Dios: ¡Abba, Padre! (Rom 8,15).

Sabernos hijos profundamente amados desde toda la eternidad nos da una confianza sin límites. El Padre sale a nuestro encuentro porque nos ama, porque nos quiere enriquecer con su plenitud. ¿Qué tenemos que hacer? Dejarle espacio en nuestro corazón. Si renunciamos a nuestras pretensiones, a nuestra manera de pensar, de querer y de sentir las cosas, de modo que “tengamos los unos para con los otros los mismos sentimientos de Cristo” (Rom 15,5), nos enriqueceremos de la paternidad del Padre, de la fraternidad del Hijo y de la fuerza del Espíritu Santo. Tratemos a nuestro Padre Celestial con cariño y con ternura. Parece inaudito, inconcebible. La oración que Cristo nos enseñó fue el Padrenuestro, que es la oración, en Cristo y en el Espíritu Santo, de un hijo a su Padre.

La conciencia filial es modelo de vida para el misionero y la misionera identes. Tenemos que saber que el hombre se define por su conciencia de ser hijo. Somos seres únicos, irrepetibles y preciosos a los ojos de nuestro Padre Celeste.

El sentido de la vida es servir, como nos ha enseñado Cristo. El no servir va contra la vida misma. No servir al otro es querer ser servido, es replegarme sobre mí mismo. Eso es el egoísmo. Santo Tomás dice que el egoísmo es el desordenado amor a uno mismo y es la causa de todo pecado”. Cristo nos dice que “el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (Mt 20,28). El egocéntrico sitúa el ego en el centro de la propia vida y constituye la raíz de todo desequilibrio sicológico. Es prácticamente difícil que el amor y el egoísmo habiten juntos: o bien el amor vence al egoísmo, o tristemente el egoísmo ahoga el amor.

La pérdida del amor al Padre conlleva la pérdida de muchas cosas. En primer lugar, la paz desaparece, pues el egoísta no conoce el descanso. Siempre quiere más poder y más dominio. Sospecha de las personas que le rodean, se compara con ellas y vive en casi permanente envidia y ansiedad. No se fía de nadie, ni de sí mismo. La venganza y la ambición forman parte de su horizonte. Hay que romper las cadenas del egoísmo con la oración, la Eucaristía y viviendo y transmitiendo el Evangelio. El egoísmo, hemos afirmado, se puede corregir, amando a Cristo, poniendo el yo al servicio de la comprensión, entendimiento, respeto y ayuda mutua.

Ningún egoísta sabe amar porque solo se ama a sí mismo, desconoce la paciencia, no sabe esperar, quiere todo ahora mismo, no es generoso ni misericordioso, es narcisista e incapaz de ser sencillo y de llevar con paciencia las posibles ofensas de los demás.

Contra el egoísmo que juzga siempre al prójimo, y se deja llevar de la ira fría y desordenada, se dice que no hay nada en este mundo que cueste menos y valga tanto como una palabra amable. Las palabras y los pensamientos amables tienen un poder que nacen del amor que el Padre nos tiene. Causan tanto bien a quien los dice como a quienes los escuchan. La palabra amable, en el ejercicio de la fe, esperanza y caridad, tiene como fruto la serenidad, el equilibrio y la fortaleza, llevando a nuestro corazón la paz, la alegría y la libertad interiores.

He aquí mi oración que, con vosotros, comparto en este día.

¡Padre! Te llamé, pero Tú me llamaste antes.
Vuela mi corazón al tuyo dejando invisible rastro de alegría.
No con cadenas, sino con hilo de estrellas quiere seguir atado al tuyo.
Dormido me dejaste en la cubierta de tu nave
con canciones de otros mares.
Un rumor de flores y de amores humedeció mi frente.
Mis ojos apenas alcanzaban a ver el color de tu bandera.
Las hojas plateadas sonaron fuertes, bajo el viento de abril,
avisando el toque del alba.
Un porvenir noble, inocente como juventud que grita libertad y justicia,
nace de la filial espera.
Pero el día va deprisa y la noche despacio.
Tu gracia y tu sonrisa me acompañan, Padre.
Poderosa es tu voz, para no conocerte,
y tu imagen hermosa sabe de historias vivas y de olvidos inconfesables.
Tú sigues dormido en el Hijo y en el silencio de la barca.
Eres, Padre, memoria de mi vida sepultada en tus caricias.
Se dice que la amistad es celeste, y tu color azul transparente.
Mi vida en tu vida es ausencia, pero no olvido.
Dame, Padre, un poco de tu misterio,
y déjame adivinar tu certeza de largos pasadizos.
Quiero salir oculto entre las zarzas
y buscar el grano que llevo dentro.
Quisiera decir: aquí ya no hay murallas del miedo y de la soledad,
solo torres para impedir el saqueo de las cosas del cielo.
Abandonado estoy a tu belleza, campo dormido en noches de estrellas.
Gracias, Padre, porque estás todavía en mis pobres palabras.
Te miro y guardo silencio.
Tu perfil aparece ante mi memoria y avanzo a tientas entre nieblas.
De muy lejos vengo descubriendo luces como un sueño.
Y Tú, como árbol plantado en la mar,
me enseñaste cómo nacen las raíces del mal,
también el hambre y la tristeza.
El peso de los vientos inciertos
se deslizan por las ondas de un mar
regado de espumas que se desangran en el tiempo.
El silencio de corazones conmovidos y sorprendidos
por la belleza de tu amor y en el grito de libertad por ser hijos de la luz.
Padre, soy viejo tronco que se desgaja poco a poco,
y en voz baja contempla a sus hermanos
que tiemblan de amor como mariposas blancas
ante el dolor sufriente de seres indefensos e inocentes.
Tu memoria, Padre, me rodea como llama de amor dulce en la vida,
dulce en la muerte silenciosa que espera.
Pero tus ojos deslumbran en llanto conmovido,
instante de luz para nuestro espíritu desamparado.
Gracias, Padre,
porque en fugaz segundo,
has conmovido al mundo.