Lecciones de amor y servicio en los Andes

Karline, de Berlín, comparte su experiencia de dos meses de voluntariado con las Misioneras Identes en Abancay

Recién graduada del colegio, Karline decidió dedicar sus vacaciones a algo distinto: vivir una experiencia de servicio en los Andes peruanos. De regreso en Berlín, comparte con nosotros su testimonio:

“Durante los meses de agosto y septiembre de 2025 tuve la oportunidad de vivir una experiencia inolvidable en Abancay, una ciudad enclavada en los Andes peruanos, con cerca de 63.000 habitantes y sede episcopal. Allí realicé mi voluntariado en un hogar para niñas dirigido por los Misioneros Identes. Las niñas, de entre 9 y 14 años, encuentran en este lugar un verdadero hogar, un espacio donde se sienten queridas y acompañadas. También acuden otros niños que viven con sus familias, pero vienen al hogar para recibir apoyo escolar y orientación en sus estudios.

Al inicio, mi principal tarea fue ayudarlas con los deberes, especialmente en inglés y matemáticas, aunque también en historia y biología. Más adelante colaboré en la biblioteca del hogar, que lleva el nombre de “Fernando Rielo”, fundador de los Misioneros Identes. Aunque en Abancay las niñas no ejercen como monaguillas, cada semana les impartía formación litúrgica, como hago también en mi comunidad en Berlín.

Los días comenzaban temprano: a las 5:30 preparábamos la comida para la escuela junto con una de las hermanas. En la casa viven cuatro hermanas que, junto a una cocinera, una encargada del hogar y un conserje, sostienen con dedicación la vida cotidiana del hogar. A las 6:30 rezábamos con las niñas el Rosario Idente en la capilla, y luego participábamos en la misa en la iglesia del barrio. Después del desayuno ayudaba a las niñas con sus tareas o en la biblioteca. Al mediodía recogía a las que salían del colegio, y después del almuerzo revisábamos juntas las habitaciones, fomentando la responsabilidad y el orden. Por la tarde, entre meriendas, libros y cuadernos, volvíamos a compartir el estudio o las lecturas. Dos veces por semana teníamos catequesis, y al final del día nos reuníamos en la capilla para dar gracias antes de dormir.

El fin de semana tenía un ritmo distinto. Los sábados eran día de lavado: cada niña se ocupaba de su ropa, aprendiendo a ser autónoma. Por la tarde nos reuníamos con el grupo juvenil para diferentes actividades: recoger basura, ver una película, bailar, conversar o hacer una pequeña excursión. Los domingos íbamos a misa en la catedral, muchas veces presidida por el obispo, y luego las niñas disfrutaban de un tiempo libre para jugar o descansar.

También tuve la oportunidad de descubrir la belleza de la región: los caminos de montaña, los paisajes verdes, la alegría que se vive en las calles con música, danzas y ferias llenas de color. Me impresionó la calidez de la gente, siempre dispuesta a compartir. Y sí, el último día tuve una sorpresa: el tradicional cuy, plato típico del Perú, preparado con mucho cariño por las hermanas.

Más allá de las tareas, este tiempo en Perú fue para mí una experiencia profundamente humana y espiritual. Las hermanas me acogieron con una ternura inmensa, siempre dispuestas a acompañar, a escuchar, a enseñar con su ejemplo.

Guardo en el corazón la gratitud hacia la hermana Miriam, la hermana Mary Lou, la hermana Sonia y la hermana Julia, por su cercanía y testimonio. Fue un tiempo lleno de aprendizaje, servicio y alegría compartida.

Recomiendo a todos los jóvenes que se animen a vivir un voluntariado con los Misioneros Identes: es una experiencia que transforma, que ensancha el corazón y deja huellas que acompañan toda la vida.”

Para conocer más sobre el Hogar del Niño Jesús en Abancay, o saber cómo colaborar: https://www.idente.org/hogar-del-nino-jesus-abancay-peru/