Misión apostólica

Las misioneras y misioneros identes, en su seguimiento de Cristo, imitan su confesión del Padre: “el mundo ha de saber que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado” (Jn 14, 31). Esto les lleva a propagar la conciencia filial con centro en el Padre Celeste –a ejemplo de Cristo y con la gracia del Espíritu Santo– a todas las personas y en todos los ámbitos, obedeciendo al mandato evangélico: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a todas las gentes” (Mc 16, 15).

Siguiendo a Cristo bajo la acción del Espíritu Santo, las misioneras y misioneros identes se disponen a vivir y transmitir el Evangelio, con el sacrificio de su vida y de su fama, fieles al mayor testimonio de amor, morir por Él. Esta actitud les hace apóstoles incansables, abiertos al mundo y libres de todo apego a lugar, sintiendo con urgencia la conversión de las almas.

Los dos campos apostólicos específicos son: diálogo apologético con los intelectuales para defensa de la verdad revelada, y encuentro con la juventud. Dentro de ella, su campo predilecto son los jóvenes que se sienten en crisis de fe, perdieron su fe católica o no la alcanzaron nunca.

Desde este espíritu, el Instituto Id hace suyas las necesidades espirituales y sociales de la humanidad y crea toda clase de fundaciones en beneficio de ella y, especialmente, de la Iglesia.

Voto apostólico