Advocación Nuestra Señora de la Vida Mística

Nuestra Señora de la Vida Mística, o de la vida espiritual, es una nueva advocación propuesta para veneración de la Santísima Virgen por el Fundador de las misioneras y los misioneros identes. A través de ella se le reconoce como Madre y Maestra de la vida espiritual. Por su intercesión, el consagrado idente pide la gracia de ser confesor singular de la fe recibida en el bautismo, así como la gracia de la fidelidad a sus votos, como lo dice Fernando Rielo: “El esfuerzo del amor es condición indispensable para que recibáis el místico fruto que os guiará, de gracia en gracia, a las más altas cimas de la santidad. Esto sólo es posible si hacéis con María lo que hizo María: observar la tierra desde el cielo más que el cielo desde la tierra”. A esta advocación el Instituto tiene dedicada una capilla en la Catedral de la Almudena, de Madrid (España).

Por otra parte, es también significativa la devoción a San José a la que exhortaba siempre Fernando Rielo: “Tened mucha devoción a San José, cualquier problema, cualquier cosa os la concederá. San José tiene, unido a María, la omnipotencia suplicante que Cristo otorgó a la pureza de su fe. Pedidle la conversión de la Humanidad, suplicadle la santidad de la Iglesia, rogadle la comunión de todos los cristianos”.

Capilla Idente Catedral Almudena

Imagen de Nuestra Señora de la Vida Mística, flanqueada por dos ángeles, en la capilla dedicada a ella en la catedral de La Almudena, de Madrid

Trisagio

Fernando Rielo, Fundador de las misioneras y los misioneros identes, afirma en uno de sus escritos que el “rosario idente” tiene forma de trisagio. La palabra trisagio procede del griego y quiere decir “tres veces santo”; tiene, por tanto, el significado de himno dedicado a la Santísima Trinidad: al recitarlo en tres tiempos consecutivos, confesamos, a su vez, tres verdades fundamentales.

Trisagio de María

En el Trisagio de María, las invocaciones hacen referencia a tres verdades fundamentales que adornan a María: Hija del Padre, Madre del Verbo, Esposa del Espíritu Santo:

  • En el primer tiempo, con el primer Padrenuestro, sus tres Avemarías y Gloria, glorificamos en María, Hija predilecta del Padre, la santidad del Padre, pidiendo al Padre por la santidad de la humanidad.
  • En el segundo tiempo, con el segundo Padrenuestro, sus tres Avemarías y Gloria, glorificamos en María, Madre de Cristo, la santidad del Hijo, pidiendo a Cristo por la santidad de la Iglesia.
  • En el tercer tiempo, con el tercer Padrenuestro, sus tres Avemarías y Gloria, glorificamos en María, Mística Esposa del Espíritu Santo, la santidad del Espíritu Santo, pidiendo al Espíritu Santo por nuestra propia santidad.

El Trisagio es, por tanto, himno de alabanza elevado a la Santísima Trinidad por medio de la omnipotencia suplicante de nuestra Madre celeste. Es místico himno que nos hace clamar, con palabra de eternidad, que Santo es el Padre, Santo es el Hijo y Santo es el Espíritu Santo.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia,
el Señor es contigo
bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María,
Madre de Dios
ruega por nosotros, pecadores,
para que seamos santos.

Trisagio de José

El Trisagio de José consiste en recitar en tres tiempos consecutivos un Padre nuestro, triple Ave José y un Gloria:

  • En el primer tiempo, con el primer Padre nuestro, triple Ave José y Gloria, glorificamos en José, Hijo místico del Padre, la santidad del Padre, pidiendo al Padre por la santidad de la humanidad.
  • En el segundo tiempo, con el segundo Padre nuestro, triple Ave José y Gloria, glorificamos en José, Padre místico de Cristo, la santidad del Hijo, pidiendo a Cristo por la santidad de la Iglesia.
  • En el tercer tiempo, con el tercer Padre nuestro, triple Ave José y Gloria, glorificamos en José, Amigo del Espíritu Santo, la santidad del Espíritu Santo, pidiendo al Espíritu Santo por nuestra propia santidad.

Ave José

Dios te salve, José, Esposo de María,
de la que nació Jesús, llamado Cristo,
bendito tú, el Justo que creíste,
y bendito el Mesías al que como a Hijo guardaste.
Santísimo José,
Padre místico de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
para que seamos santos.